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Chris Boone

Recuerda Noriega

RECUERDA NORIEGA

                                   Recuerda, y no se cansa de recordar Noriega, que como todas las mañanas milagrosas, la de aquel día,  amaneció sin novedad, con el clásico  sol exultante de debilidad del solsticio de invierno tratando de parar un creciente pelotón de acechantes nubes negras 

 Asegura Noriega que, como cada  22 de Diciembre,  la cuadrilla de peones conversaba  sueños apurando un café.  El Ingeniero Palomo aún no había llegado. Certifica Noriega que era el ingeniero uno de esos tipos templados que siempre le dejan a uno frío. A pesar de su  diplomacia equidistante, su discapacidad social hacía que, aún siendo  conciliador, no consiguiera nuca resultar agradable. Supone Noriega, aunque no con certeza,  que en algún momento, el ingeniero  vivió intensamente, pero eso debió ser bastante antes de suspender la asignatura de la vida por no presentado. Por más que trataba el hombrecillo de disimular su fastidio, por todo el grupo era sabido, o cuanto menos sospechado, que al Ingeniero Palomo no le agradaba en absoluto abandonar la oficina para hacer mediciones. De alguna manera, le abrumaba el contacto con el mundo exterior, tan lleno de  vida, y de gente, sobre todo de gente.

Mantiene  Noriega que irrumpió en el grupo y en la conversación torpemente, como un  pingüino  fuera del agua, diciéndoles que perdían el tiempo, que las probabilidades matemáticas de ganar el gordo de la lotería eran las mismas que las de que les cayera un rayo sobre la cabeza y que, por eso mismo, él no jugaba.

Perjura  Noriega que su gesto fue instintivo. Cogió una de sus participaciones, con el logo de Prospecciones y Mediciones S.L.  y  el   28428 pulcramente serigrafiado ,y la puso en la mano del ingeniero. Enojadamente, le aseguró que no era por generosidad sino porque, si tocaba, era algo que Noriega recordaría toda su vida,  y no quería que su recuerdo apareciese siempre enturbiado  por un maniático de la estadística que se quedó sin premio. Además, no se juega por ganar, le dijo, jugamos por soñar, por ilusionarse, por imaginar, como lo hace cualquier niño. Al menos así era  hasta que llegó usted para jodernos con su cantinela.

Menciona  Noriega que  empezaron a destajar en silencio con un sabor amargo en la boca que no venía del café  y apuraron con presteza la tarea, en previsión de que el sol acabara de ceder en su desigual batalla. Cumplida aseadamente la misión se acercaron hasta el camión. El ingeniero, en gesto conciliador extrajo de la cabina un viejo aparato de radio y comenzó a sintonizarlo. La radio  empezó a mal reproducir la cantinela  del gordo. Su rostro se iba desencajando de euforia mientras los niños aullaban VEINTIOCHOMIL CUATROCIENTOS VEINTI…

Nunca olvida  Noriega que en ese instante, en ese preciso y único instante  vio al cielo  enrojecer de ira  y consumar su venganza , fraguada durante siglos , contra  todos los charlatanes de lo obvio , los contadores de reyes magos que son padres , los subprofetas anunciantes   de que los ricos siempre serán ricos y los pobres, pobres, los   inhibidores de esperanzas y toda suerte de cabrones escépticos  pinchadores de globos de esperanza en fiestas de soñadores…

En aquel instante, en aquel preciso instante el firmamento desató toda su furia  en forma de  rayo dirigido  directamente a la antena de la radio  que dejó al ingeniero Morales convertido en un puñado de ceniza tan escaso , diminuto e inexistente como lo había sido su propia vida.

Evoca Noriega y no se cansa de evocar  que un 22 de diciembre conoció la venganza del cielo contra todos los renunciantes de sueños. Desde entonces, reniega Noriega de todos aquellos que le llaman azar cuando quieren decir destino.

Imagina Noriega  que si se quedó  a un solo número de la ganar la lotería y a un solo metro de morir fulminado por un rayo fue porque  su destino era seguir jugando, y ejerciendo con disciplina  el único derecho irrenunciable de los pobres, el sagrado derecho de soñar.

Publicado la semana 28. 12/07/2020
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