25
Chris Boone

LA COMUNIDAD

LA COMUNIDAD

Al final siempre aparece un salvador que cambia la historia aunque no siempre se sabe valorarlo. El solar de la comunidad, el que está  entre la 43 y Belgrano, estaba maldito, por eso sobrevivió vacío a las calenturas inmobiliarias siendo, como es, una esquina confortablemente próxima a casi todo. Ya solo quedaban muros abandonados y agujeros  oscuros recordando lo  que un día fueron luminosas ventanas. Dicen mis fuentes que   el edificio era si no lustroso, cuanto menos aseado. Su vida, como  otras tantas, transitaba en la rutina de reyertas y derramas… Hasta que llegaron los nuevos inquilinos del principal derecha y todo cambió. En un principio tampoco a ellos  les diferenciaba  nada del resto. Quizá precisamente ese era su poder. Eran grises paquetes de discreción casi imperceptibles a distancia. El era alto, bien formado aunque sin estridencias. A decir de la señora principal izquierda y la primero derecha  destilaba una masculinidad de las que se espolvorea sin  necesidad de fumigarla con aspavientos o reciedumbre. Tenía en  la mirada la seducción de los hombres que escuchan, ese magnetismo que produce la certeza  que un hombre que sabe  escuchar  siempre acaba sabiendo encontrar. Ella, cada vez  que salía del portal con la sutileza firme en sus formas y su menudismo dinámico que siempre acompañaba de  sonrisas personalizadas, dejaba en shock babeante  con una  estúpida mirada perdida sonriente a  primero izquierda y segundo derecha,

Como el común de los mortales ,la pareja era rutinaria en sus quehaceres  y dispersa  en sus ocios ,excepto en uno al que se aplicaban con  fervorosa devoción y  calvinista entrega .Era ésa precisamente una holganza placentera   en cuya práctica  la comunidad  ,bien por anquilosamiento ,desidia, o desgaste era bastante laxa y  casi agnóstica en sus expectativas.  Cada día a las 22,30, con un arco de desfase temporal de más menos 5 minutos, empezaron  a filtrarse por aquellos muros, más hijos de la precipitación que de la solidez, suspiros, movimientos  y la mayor parte de los días, que no todos, orgasmos .Si bien no disimulaban, tampoco  exageraban. Era el suyo un sexo irregular, conyugal y cotidiano que destilaba  el irresistible atractivo de la comida casera, sin sorpresas pero hecha a base de buenos ingredientes y mano experta. Eso era lo que espoleaba al señor primero izquierda a bajar el volumen de la tele a eso de las  22,35  y acercarse a su mujer con ternura casi suplicante que ella recibía con la gratitud de un recuerdo confortable. La señora primero derecha  espoleada por los primeros ruidos  se acercaba a dejar la revista en la mesilla al otro lado de la cama ofreciendo   a su compañero de lecho el  escote sedoso que su compañero  agradecía con entrega desentumecida. A eso de las 22,40 sus jadeos ascendían a oídos del señor  segundo derecha  al que le costaba,( bueno, no mucho), imaginar a la señora primero izquierda soltando su prieto moño  y cabalgando con su melena suelta y desatada ,su pareja notaba en su espalda la amenaza fantasma de su imaginativo compañero  y decidía tomar el toro por el cuerno y empezaba a dejarse voltear, imaginándose  invadida por la pericia amatoria en su atractiva madurez  del señor  segundo izquierda ,que en ese mismo momento hacía jadear a su mujer con una intensidad que para una asmática tenía  que ser hasta peligroso. Este dinamismo  vecinal invitaba a tercero derecha a aliviar su soledad aburrida y elevar su amor propio con  placenteras repeticiones  amanuenses  que a su vez  desataban  a la señora  cuarto izquierda que fantaseaba desde hace tiempo con la soledad del chico al que había visto crecer y al que aún podía enseñar mucho de su experiencia acumulada  que su prematura viudedad había dejado desaprovechada, así que iniciaba su ritual de auto caricias y zumbidos de vibración multivelocidad  que  aunque casi imperceptibles se filtraban, o eso  imaginaba él, a cuarto izquierda que comenzaba a susurrar obscenidades a su mujer a la que imaginaba proponiendo a la vecina ampliar el campo de las relaciones de buena vecindad mientras su señora pensaba  lo mismo pero del  chico de abajo, el  pobrecito, tan joven,  tan solo y tan insaciable. A diferencia de la de su marido, su fantasía tenía reservado el derecho de admisión y el marido, quedaba fuera por soso. Quienes lo oyeron  dicen que el edificio  era  una melodía de acordes disonantes, un desacompasado orfeón multiorgásmico. Por las mañanas todas eran miradas pudorosamente pícaras y sonrisas lúbricamente  cómplices. Todos eran felices con esta suerte de fantasía sexual de proximidad, con este festival del  erotismo low cost. Durante un tiempo aquella fue una verdadera comunidad ansiosa de ampliar espacios comunes y donde la única ley era la de la   propiedad horizontal.

Como todo en la vida acaba, los principal derecha acabaron comprando  piso en las afueras y eso desubicó al vecindario. Se volvieron indecisos y titubeantes. Nunca encontraban el momento de encontrarse, la tensión fue en aumento, se fueron distanciando, algunos se fueron separando y el resto abandonó el inmueble ante el inminente riesgo de ruina conyugal. El edificio se fue abandonando. La historia de la comunidad corrió de boca en boca por la ciudad. Nadie osó comprar ante la posible maldición de no practicar sexo nunca más. Quedó el solar y un muro de silencio en el que solo los científicos de cuarto milenio fueron capaces de oír  psicofonías sexuales inasequibles para el resto de los mortales. Ni siquiera los toxicómanos se acercaban, temerosos de añadir el celibato a sus ya suficientemente miserables existencias. Parecía destinado a la ruina…Pero apareció un salvador. Lo compró un fondo de inversión visionario  que supo ver lo que nadie vio, que con paciencia esperó y buscó hasta que halló un comprador y acabó vendiéndolo  a los legionarios de Cristo. La congregación ha decidido  erigir un convento sobre esos muros en la esperanza de que la maldición funcione y  consiga aplacar de una vez por todo el insaciable apetito de sus seminaristas. Ahora el solar  cumplirá una función social en la  reeducación de estos disolutos jóvenes. Para que luego digan que estos fondos, injustamente llamados buitres, no cumplen una labor social.

PD: ESTE RELATO HA SIDO REALIZADO GRACIAS A LA INFATIGABLE LABOR DE PATROCINIO CULTURAL DE INVERSIONES CARROÑERAS S.L.

Publicado la semana 25. 21/06/2020
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
25
Ranking
0 22 0