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Chris Boone

Escena final

ESCENA I

Cualquier piso en cualquier ciudad. Un salón semioscuro con cierto aire de abandono. Apenas Un sillón de cuero agrietado,  una mesilla, una silla y un viejo televisor .En la silla, de espaldas se adivina la sombra de una silueta femenina.

Entra decidido Mauro , un anciano con trazas de  galán trasnochado ,maquillado de  forma grotescamente excesiva en un estéril intento de  disimular el tiempo en su cara, viste con una elegancia que ,como él ,vivió mejores tiempos; Blazer de botones dorados , pañuelo en el cuello ,mocasines sin calcetines… Indumentaria fuera de lugar, casi absurda  en aquel escenario. Mira hacia la silueta, levanta la cabeza casi triunfal, saboreando  el  momento Es su momento, su monólogo definitivo.

MAURO-¡Duerme, Merceditas, duerme! ¡Duerme y vuelve a soñar! ¡Vuelve a soñar que actúo para ti, porque esta vez el sueño se va a cumplir! .Estoy aquí por ti únicamente por ti y  para ti.

¿Sabes? Para mí, éste es el trabajo más importante de mi vida. Ya, ya sé que los actores siempre, y sobre todo a cierta edad, decimos que el último trabajo es el más importante precisamente por eso, porque puede ser el último. No, tampoco es porque se trate de cumplir un sueño .Ciertamente me halaga ser el elegido para cumplir un sueño, y el halago no es  poca cosa en este bendito oficio  que todos santificamos, y en el que el ego es el músculo que más se desarrolla,  además, al fin y al cabo, toda obra no es más que la manufactura del sueño de un autor. No, no es eso, claro que no. Lo que de verdad la hace especial eres tú, Mercedes. No me lo esperaba. Nunca  fui un buen padre, aunque es cierto que ninguno cree serlo .Tampoco es que fuese un gran actor, pero quizá le dediqué más esfuerzo a una cosa que a la otra. El maldito ego, el escenario con ese olor que se te mete en el alma, el nerviosismo  de un estreno, los aplausos, lágrimas o risas de la platea, el veneno, absurdamente adictivo, de  tantas emociones compartidas, que una vez inoculado no tiene cura, no  puedes abandonarlo y acaba por anestesiar el resto de tu vida. Necesitaba  tu perdón, Mercedes, y con esta actuación  ya lo tengo. A estas alturas  no quiero nada más  que a ti, Mercedes, te quise te quiero y te querré siempre .Hoy confieso ser feliz y, aunque solo sea un sueño, no quiero salir de él.

Llorando de  alegría y  completamente agotado, se desploma en el sofá y cierra los ojos con una sonrisa de felicidad absoluta. La silueta se levanta con aire casi marcial, se le acerca y le toca de forma aséptica  el cuello con los dedos índice y corazón juntos. Le tapa. Saca el móvil y empieza a hablar

ENFERMERA-¿Señorita Mercedes? Soy la enfermera Montes. Ya está. Ya se ido. Duerme en paz…No. No sufrió en absoluto… De nada, de nada, solo hice mi trabajo…No se preocupe, no la juzgo. La entiendo perfectamente,  además él no se dio cuenta en ningún momento, había a poca luz y él ya llevaba un tiempo un poco desconectado del presente… ¡Qué va!  No fue patético para nada, todo lo contrario, actuó lleno de verdad y dejó toda la energía que tenía acumulada ,no sé si porque sabía que era su último acto o porque era para usted…Bueno ,ya solo queda una  última cosa para cumplir su sueño, que le demos la ovación final que merece y con la que siempre soñó

TELÓN

Publicado la semana 18. 01/05/2020
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Teatro
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