03
Ceerrece

El Monstruo

Armando bajó de su cuarto ya entrada la tarde. Era domingo y su padre veía un partido de futbol en la televisión. En la mesita de centro había una pizza a medio terminar y una botella de Coca Cola de dos litros. Don Jaime lo invitó a sentarse:

            —Vente, mijo; mira, compré de comer… tráete un vaso con hielos, aquí hay Coca.

            —Gracias, pá, pero no tengo hambre…— contestó Armando, parado al lado del sofá, las manos en los bolsillos.

            Jaime supo de inmediato que algo no andaba bien. Tras varios intentos de suicidio del menor de sus hijos, podía identificar plenamente cuando el monstruo encargado de carcomerle el alma, le iba ganando la batalla. Los minutos se alargaron, el juego en el televisor como en cámara lenta y padre e hijo fingiendo que prestaban atención a los escandalosos comentarios de Martinolli y Luis García. Y el monstruo avanzando firme, implacable. Y la avalancha de recuerdos de los momentos compartidos clavándose como dagas en la corteza cerebral del padre: el nacimiento, los primeros pasos, el primer día de clases. Y el nudo de las palabras que jamás se dijeron, a punto de reventar. Y el dolor insoportable corroyendo cada centímetro cuadrado de la humanidad del hijo.

            —Papá… tengo que salir —dijo Armando sin despegar la mirada del televisor.

            —¿A dónde vas, hombre? Ya es tarde… quédate, ahorita vemos una película— suplicó Jaime con la voz quebrada.

            —Ya no aguanto, pá… deveras… hice todo lo posible, pero ya no puedo.

            Jaime supo entonces que el monstruo había ganado. Tomó el control, apagó la televisión. El tiempo se detuvo, un silencio negro y pesado cubrió cada rincón de la sala. El padre apoyó las manos sobre las piernas, se puso de pie y caminó hasta su hijo. Se miraron a los ojos, rogando en el fondo porque los lagrimales no los traicionaran.

            —No te preocupes, mijo… yo comprendo… haz lo que tengas que hacer — Armando sonrió aliviado, abrazó a su papá. Antes de salir se detuvo y sin voltear, dijo muy quedito:

            —Gracias, pá.

Publicado la semana 3. 16/01/2020
Etiquetas
En cualquier momento , Cuento, Familia
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