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Adán Díaz Cárcamo

El día en que su tierra se detuvo

Voy a desayunar: manzanas, galletas, queso, cebolla. Me quiero hacer un jugo. Desde la cocina observo que mi cama está destendida, voy a hacerla. Hay ropa en el camino, debería lavarla. Me desvio hacia la lavadora, la conecto. El piso del baño está sucio, hay que limpiarlo. Voy por una escoba... ¿Cómo llegué aquí con una escoba?

No, a ver, hay que empezar otra vez. Estabas preparándote algo  para desayunar. Regress a la cocina, te preparas el jugo, pero te cortas el dedo partiendo una manzana. Maldices. Necesitas un curita, levantas el dedo para que no salga más sangre, te lo chupas, te vuelve a salir sangre, el propósito no era ese, la idea era detener el sangrado. Lo vuelves a poner el alto, el dedo, el jugo,  el baño, la ropa, la escoba. Quiero té. Pones agua a hervir.  ¿Qué iba a hacer? Ah sí, el té.

El agua está hirviendo, le echo las hojas de té verde. La ropa, el desayuno, un pedazo de cebolla, me gusta la cebolla cruda, luego una galleta, otra vez cebolla, ¿y si la remojo en mostaza dijon? ¿En dónde estaba?, ¿qué quería hacer? Ah, sí: el desayuno, comencemos por tener algo en la panza. Estoy preocupada, ¿por qué no me puedo ordenar? ¿Qué es lo que realmente quiero?

Tengo que darme una instrucción para hacer las cosas. Me preocupa no saber lo que quiero. Ayer nos vimos por segunda vez. Sí, Edgar. Estaba nerviosa, le mandé un mensaje y le pedí su número a Mariana para agradecerle el gesto de ayudar a mudarme. Me contestó un poco confundido, pero cuando le dije quién era se mostró alegre. Me lo imaginé recargándose en una barda grafiteada, tirando un cigarro al piso, pisándolo con sus tenis de patineto y concentrándose totalmente en la conversación, la cual fue banal y hasta sin sentido.

No sabía qué más decir y él tampoco. Risa nerviosa de su parte, yo callada escuchando esa risa  que vibra en una parte escondida de mi columna vertebral y luego se sube hasta la araña espasmódica del cráneo pasando por los ojos. Pero no es nada, no significa nada, me pasa seguido, hasta con los comerciales donde salen bebés.

            Cuelgo, no quiero anotar su número, solo quería agradecerle porque siento que me vi mala onda cuando se fue y no lo hice. Bueno ya está, cumpliste. Suspiro. Tengo deseos de escribir y que los del taller de escritura acepten mis cacofonías, es decir mis cacas.  Los maldigo por ridúculos y me maldigo por la misma causa. Mejor me voy a tocar los pezones o el clítoris. No vayas al espejo a hacerlo porque la carrera en espiral va a re-comenzar.  Tengo que desayunar, lavar la ropa, hacer cosas…

Mariana ya se fue a trabajar, estoy sola y tengo miedo de volver al punto de inicio del día, no he hecho nada, más bien he hecho nada. Me he dedicado a hacer nada. Cherry Glazer suena en mi playlist, odio su voz, me incita  a un regreso prístino, me siento hecha de agua, incontenida, inconsistente, ¿qué pasaría si un día todos nos comunicáramos cantando? ¿ Qué pasaría si un día resulta que ya no sale el sol? Si nos levantáramos  asustados porque el sol no salió ya que la tierra dejó de girar sobre su mismo eje y entonces una parte se va a incendiar y la otra se va a congelar.  Imagina que te levantas, prendes la tele y ves eso en las noticias.   ¿Y qué sería la vida entonces sino ese instante en que sabemos que es el fin? ¿te atraverías a hacer lo que nunca? Yo me imagino que al menos yo no lo haría... ¿o sí? ¿Saldría como loca a buscar a Edgar y decirle que aunque no lo conozco siento algo por él?, ¿Tocaría la puerta de mi vecina para darle unas cachetadas o lanzarle agua caliente?,  ¿Me encueraría en la calle? Sale humo de la cocina, el té se consumió y no recuerdo en que momento lo puse.

Publicado la semana 8. 19/02/2020
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Duran Duran , natalie saraute , Haz lo que te salga del coño
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