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Adan D. Carcamo

Carta de renuncia

Ciudad de México

Enero del 2020

 

 

Dr. Fernidando Luna 

Juez de la gramática, la eufonía y la lógica argumentativa de los relatos de los 52 golpes.

 

Presente.

 

Por este medio, apelo a su señoría con la finalidad de aclarar las acusaciones en contra de mi manera incorrecta de escribir por parte del Dr. Boullosa. Como usted sabe, yo no soy escritor famoso, ni reconocido, ni nada por el estilo. Es más, mi nombre seguramente no le es familiar. Sin embargo, sé de buena mano que le han llegado quejas sobre mi manera de escribir los relatos que me piden en el concurso de los 52 golpes.

 

Usted conoce al señor Oliver de la Boullosa, un reconocido exiliado de la guerra civil quien hubo de aceptarme, con cierta desconfianza, a su taller literario donde asisten las más finas y destacadas personalidades del mundo de las letras. Gente que ha ganado concursos por hacer del lenguaje un hecho estético y trascendental. Gente, como usted, que tiene colecciones inmensas de cantantes de Jazz y una gran biblioteca con los clásicos de la literatura universal. Empero yo, un ciudadano mortal que escribe porque no puede dejar de hacerlo, no tengo nada que ver con ellos, ni sé hacer las delicias que ellos hacen. 

 

En fin, yo sé que usted dispone de poco tiempo para alguien como yo, así que pasaré a dar mi versión de los hechos ocurridos el día de ayer 8 de enero a las 18:45 horas en el taller de la colonia Condesa, calle Benjamín Franklin, número 34. El  doctor en letras hispánicas, Oliver de la Boullosa, me acusó de degenerar el lenguaje por no saber utilizar las  expresiones correctas de un escritor en formación. 

 

Lo que sucedió es que yo estaba leyendo mi relato titulado “Yo solo vine a decirte que no existo”, y en algún momento escribí lo siguiente: “Por ese tiempo, ella no hubiera siquiera imaginado que el supuesto amor de su vida era un espejismo terrible que solo la conduciría al inminente golpe”. Entonces, el señor de la Boullosa, se puso de pie y me dijo que no era correcto decir “por ese tiempo”, que la expresión correcta era: “En aquel momento”. Y de ahí ya no quiso seguir escuchando mi relato, me dijo que era basura y se fue encolerizado del sitio.

 

Yo solamente quiero decirle señor Juez que, no fue mi intención hacer enojar al Dr. De la Boullosa, sino que, verá usted, yo no hablo bien ningún idioma. No es una cuestión del español, sino de un problema que tengo que no me permite hablar nada. Yo desde un principio, cuando por azahares del destino me gané la beca,  le comenté al señor que yo no había estudiado letras hispánicas, sino arqueología.  Mi pasión por la literatura me llevó al taller con el señor de la Boullosa. Yo crecí con el español  como lengua madre, pero a los pocos años de vida aprendí otros idiomas y ahora no sé cómo hablar perfectamente ninguno. Es algo raro que no le puedo explicar y solo una persona  bilingüe o políglota podría entenderme.

 

Ahora bien, si mis expresiones están mal podría usted decirme qué significa esto: “Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes”. Este texto, como usted sabrá, ha sido publicado y reditado muchas veces sin que nadie reclame. ¿Por qué eso no le parece mal al señor de la Boullosa?  ¿será porque el apellido del autor pesa? ¿O a caso argumentaría que el uso de sustantivos inventados sí es posible cuando el uso de colocaciones sintácticas no es posible porque no pertenecen a la lengua? 

 

Yo me pregunto, y también lo hago a usted, su señoría, ¿el lenguaje de la literatura son formas definas y colocaciones preposicionales? No lo creo, y me encuentro sumamente enojado de haber sido tratado de esa manera por el Dr. Boullosa, gran amigo suyo del cuál estoy seguro se pondrá de su lado, ¿así de dice en castellano?

 

Es por eso que yo quería aclarar la situación.  Y por esa misma razón es que me estoy retirando del taller y de la beca que me ofrecieron. Porque sé que nunca podré hablar bien ningún idioma y que no cumplo con las expectativas que ustedes depositaron en mí. Lo siento por no estar a la altura del “bien hablar” y del “excelente y pulcro lenguaje”. Yo solo soy un licenciado en arqueología que por azares de la vida navegó en distintos mares lingüísticos y que ahora es un mar de palabras que a veces no conectan bien. 

 

Sin más por el momento, me despido cordialmente de usted.

 

Agradezco profundamente la oportunidad de darme la beca, pero me iré por libre donde pueda escribir cómodamente.

 

 

Atentamente.

 

 

Adán Díaz Cárcamo

 

 

Publicado la semana 2. 08/01/2020
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