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Adán Díaz Cárcamo

La venganza

Cuando él abrió los ojos, todo su cuarto estaba envuelto en llamas y humo. Intentó ponerse de pie de golpe, pero no lo logró porque estaba atado de sus extremidades.  Lo único que se le ocurrió es que había muerto en sueños y se había ido al infierno.

Gritó desesperadamente para lo desataran, pero una voz femenina (desde el umbral de la puerta, por donde penetraba la luz de las siete de la mañana) expresó con tono solemne, claro y ronco:

—Aunque la gente vaiga a misa cada domingo,  bien  que podemos hacer justicia por la propia mano, Juventino. 

Posterior a esto, la puerta se cerró y con ellos se fueron los últimos rayos de sol que Juventino vio antes de dejar este mundo.

 

 

Publicado la semana 19. 08/05/2020
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Batucada
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Relato
Año
I
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19
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