14
Adán Díaz Cárcamo

Nuestros hechos

No sé porque escribo como si fueras a leer esto. Hoy hice extrañarte porque me  perdí otra vez y recordé todos aquellos momentos en que me llevaste a tus zonas más lóbregas.  Tú solo estuviste en ciertos bordes donde aún pegaba un poco de luz, luego desapareciste y yo tuve que navegar en los oscuros, sola.  

¿No es irónico que te extrañe porque me abandonaste?  Tú que le diste vida a mi planeta,  lo fecundaste con tu sonrisa y con las noches hambrientas de labios y colisiones entre nuestros cuerpos; con los instantes que compartíamos en diversos  lugares de los que nos apropiamos como cazadores furtivos de vínculos amorososos y abrazos agazapados.

Recuerdo los azulejos de la triste cocina donde en las madrugadas yo robaba comida para nosotros, recuerdo hasta la iluminación ténue de la sala donde me contabas tus historias aburridas… pero quizá esa iluminación es una mentira,  puede ser que si le quitamos ese brillo entonces quede poco, algo así como un esbozo o una intención de dibujar algo estético que nunca existió...  

Si resulta que esto es verdad, se abre la posibilidad de que nuestro amor también quede reducido a la categoría de instrascendente… y qué angustia que lo más significativo de tu vida pierda su valor, su brillo… por eso necesito de una pantalla eterna que ilumine mis recuerdos.

Quisiera llamar a un profiláctico del alma o poder  expresar como dicen todos: “Me quedo con los buenos recuerdos”, pero a mí qué me importa lo bueno si la vez que nos  despedimos tenía yo un paraguas en la mano y andaba por la calle artículo 123 esperando un mensaje que nunca llegaría porque tú ya orbitabas en otra dimensión en la que yo nunca entraría.  Son tantas cosas... Como cuando nos conocimos  en el  teatro y pude percibir cómo estabas hecho de distintas zonas, la mayoría de ellas negras… 

Para mí amar es colisionar. Me pasó con Alonso y me pasó contigo. Ahora que lo pienso somos como el universo o quizá realmente somos así nada más, sin metáfora, el universo mismo; mas no queremos aceptarlo porque no sabríamos que hacer con una verdad tan espantosa, es mucho más fácil andar por las zonas luminosas… pero ¿y los que ya explotamos por dentro? ¿Los que nos estamos expandiendo a diario y hemos aceptado que todo en nuestro ser está continuamente explotando?

Que daría por andar siempre por caminos luminosos, pero el universo está lleno de zonas donde la luz aún no llega y esas zonas también se expanden a cada instante, y lo peor de la vida es que hay que pasar por ellas.  

Después de hablar conmigo misma de esta verdad, es cuando más te extraño y quisiera decirte, donde quiera que estés, que no importa cómo colisionamos, ni la destrucción que viví porque en realidad todo esto fue un mero trámite para llegar a nada, para llegar al convencimiento de que mi centro se desquebrajó para siempre; y eso me lleva a pensar que  lo único que hicimos verdaderamente desde que nos conocimos fue prepararnos para despedirnos.

He comenzado  a andar para llegar a ningún lugar… Hay aquí vestigios de una resignación al estar consciente de que dos universos como los nuestros, los cuales se juntan, no pueden sino explotar. ¿Y sabes qué es lo que más me molesta?, que la naturaleza de nuestros universos sea estar en continuo choque y destrucción.

 Creíamos en los milagros y mira lo que nos pasó, creíamos en los claros y mira cómo éstos dejaron de existir. ¿Quién nos contó la mentira más sublime? ¿deberíamos agradecerle o sacrificarle? No lo sé. Y solo para aclararte, esto  no es una carta de despedida, menos un llamado a volver a verte, es simplemente una descripción fidedigna de lo que hoy en mi locura he decidido llamar "nuestros hechos".

Publicado la semana 14. 02/04/2020
Etiquetas
Relatos , Todo lo vivido
Compartir Facebook Twitter
Género
No ficción
Año
I
Semana
14
Ranking
0 130 0