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En El Jardín Del Invierno - 1

Lo que más le gustaba de su casa era el jardín de invierno. Martina pasaba ahí la mayor parte del día. Su cuarto era muy chico y a ella le encantaba leer rodeada de plantas. Era su lugar en la casa. Merendaba mirando las flores, estudiaba entre las plantas y cuando invitaba amigas iban derecho para ahí. Ella regaba, cortaba las hojas muertas y lo limpiaba todas las semanas. Una vez al año iba al vivero del barrio, elegía la planta más linda y la agregaba a su colección.

Estaba tomando un jugo de limón muy acido hecho con sus propios limones cuando entró su madre a toda velocidad. Sin decir nada agarró una maceta vacía, una palita y se fue. Al volver tenía una planta extraña. De un verde oscuro intenso, pantanoso, con un enorme capullo de un tono tan pálido que recordaba a un cadáver.

- ¿No es hermosa? Estaba creciendo en la vereda, donde están rotas las baldosas.

Martina se sorprendió. Había pasado por ahí unas horas atrás, para ir al chino y no había notado la planta. Se acercó.

- Es horrible ma.- protestó

- A mi me gusta, si no querés, no la mires.

El capullo parecía inflarse de manera casi imperceptible.

- Llevatela a tu cuarto, no la dejes acá.- Sugirió.

- No jodas Martina. Es mi jardín este y me gusta esta planta. Ya te dije, si no te gusta, no la mires y listo.

Acto seguido llevó la maceta hacia una repisa iluminada, tomó una foto, y tras unos instantes de contemplar orgullosa, se marchó.

Martina intentó retomar su merienda, pero sus ojos se desviaban hacia la planta de manera constante. Harta, se paró y movió otra de las macetas, queriendo ocultar la grotesca planta de su vista. Pero el recuerdo del tallo carnoso y el color blanquecino del capullo se colaban en su memoria. El olor denso comenzó a cubrir todo el jardín, impidiéndole oler las tostadas al llevárselas a la boca, y Martina abandonó la habitación sin terminar de comer.

Por primera vez en más tiempo del que recordaba, Martina leía tirada en la cama. La fría luz artificial transformaba las paredes celestes en blancas al volcarse en ellas. Nunca antes lo había notado, y su mente volvió hacia la extraña planta nueva. Tras leer una docena de veces la misma pagina sin poder retener ni una sola letra dejó el libro en la mesa de luz y fue al living a ver una película. Eligió una comedia que ya había visto muchas veces y se acostó en el sillón. Se quedó dormida antes de que aparezca el protagonista.

 

Tras amagar a despertarse medio centenar de veces solo para volverse a dormir instantes después, se levantó cuando su padre la sacudió avisándole que ya estaba la cena. Tenía la garganta reseca y la cabeza le explotaba. Tardó un tiempo en reaccionar y entender lo que le decían, pero se paró y fue a la mesa.

Antes de sentarse tomó dos vasos de agua en un trago cada uno. Su padre la miraba entretenida.

- Tenias sed.

- Si.- Respondió en un susurro.

Los músculos le dolían, como si hubiera dormido sobre piedras.

- ¡Qué dormida que estás! ¿Hiciste mucho hoy?

No se acordaba. Creía que no, que no había hecho más que ir al secundario y después al chino. Se quedó mirando a su padre con los ojos en blanco.

- ¿Estás bien?

La pregunta la arrancó del estupor.

- Si, solo… cansada.

- Se nota. Comé, te va a hacer bien.

La cena fue como cualquier otra. La madre de Martina contó todo su día sin escatimar en detalles, su esposo contó unas pocas cosas que pasaron en el trabajo, y Martina respondió con frases breves a algunas preguntas antes de terminar de comer primera, dejar sus platos en la pileta e irse dormir.

 

Soñó lo mismo que a la tarde. Se levantaba de la cama y desnuda caminaba hacia el jardín de invierno. Como un autómata abría la puerta y encaraba derecho hacia la planta. El capullo cadavérico latía en pulsos lentos pero fuertes, y cuando ella lo acariciaba se abría, cubriendo al mundo con su aroma invasivo. Pero ella seguía. Sumergía la cara entre los pétalos y absorbía el olor, que la envolvía mientras la planta la absorbía a ella. El tallo crecía y la enroscaba. Tomaba control de su cuerpo, encerrándola, hasta que la falta de aire terminaba por vencerla.

 

Publicado la semana 34. 12/09/2020
Etiquetas
Terror
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