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La Casa - sinopsis

Una casa de un piso, la puerta principal da a un pequeño jardín.                                                                   Elbita (mujer, 78 años) está sentada en el living de la casa, tranquila escucha la radio, limpia y habla sola, sin embargo se sobresalta cuando escucha pisadas que vienen del techo. “Es un gato.” Se dice a sí misma, y sigue barriendo. El volumen de los golpes en el techo crece y aumenta su frecuencia. Elbita, con cara de sorpresa, dice “Un gato no hace tanto ruido ¿qué será eso?” y camina a paso apurado hacia la ventana, cuando la abre escucha gritos que vienen del techo, parece ser una pareja peleándose.                                                                                                                            Elbita sale de su casa y ve un pasillo y una escalera donde antes estaba su jardín. “¿Qué pasó con mi jardín? ¿Y mis plantas?” Elbita recorre a paso lento el pasillo y al final del mismo se encuentra con una escalera. El volumen de los gritos aumenta. Elbita llega al fin de la escalera, agitada,  y descubre un pasillo igual al que había abajo, en el final de este hay una puerta de la cual parecen salir los gritos. Elbita camina hacia la puerta y toca despacio, momentos más tarde vuelve a tocar, esta vez más fuerte. Una mujer de unos cincuenta años abre la puerta con violencia “¿Qué?” pregunta a los gritos. Su expresión se suaviza al ver la cara de Elbita. “Disculpe, estoy estresada por la mudanza ¿Qué pasa?” la señora hace un esfuerzo por sonreír, Elbita mira con cara confundida. “¿Quién es?” grita la voz masculina desde adentro de la casa. “La señora de abajo.” Responde la mujer, en el mismo tono. “¿La vieja? ¿Qué quiere?” La mujer ignora los gritos del hombre y se vuelve a Elbita. “Venga, pase.” Elbita entra a una casa igual a la suya, aunque solamente decorada con cajas, un hombre de unos cincuenta años, gordo y todo traspirado está sentado en una reposera de playa en medio del living fumando un cigarrillo. Elbita tiene cara de confundida y asustada, está en completo silencio. “¿Té o café?” Le pregunta la dueña de casa, con una sonrisa. “Café” responde Elbita, casi inaudible. La señora se pone a preparar café y pregunta “¿A qué vino?” Elbita tarda, pero finalmente responde “Escuche ruidos.” Habla un poco más alto que antes, pero sigue siendo muy bajo. “Disculpe ¿La molestaron los gritos? Usted vio como son las mudanzas.” Elbita se afloja un poco. “No, no es eso, no sabía que alguien se había mudado acá arriba.” La mujer la mira confundida, Elbita continua. “No sabía ni que había un departamento acá arriba.” La mujer pone una excusa y se va con su marido, intentan susurrar pero Elbita los escucha. “La señora dice que no sabía que esta casa tenía dos pisos.” Dice la mujer. “Debe estar senil.” Responde el marido, un poco más alto. “Baja la voz bestia ¿Qué hacemos?”.                                 

Después de unos minutos la pareja se acerca a Elbita, los dos con la misma cara de simpatía, el marido, con timidez, comienza a hablar en voz baja. “Mire señora…” Sin embargo es interrumpido por un estruendo que viene desde arriba, música a altísimo volumen y montones de pisotones en todas partes del techo. La pareja se mira entre sí, sorprendidísimos, y corren hacia la puerta seguidos por Elbita, a paso lento. Ni bien salen del departamento ven que la escalera, que antes terminaba en ese piso, ahora sigue subiendo, la pareja mira a Elbita, que está notoriamente menos sorprendida que ellos.                                                                                                                                              

Al final de la escalera hay otro pasillo y otra puerta, iguales a los de los pisos anteriores. El hombre del segundo piso golpea la puerta con energía. El volumen de la música baja considerablemente. Un joven de unos treinta años sale a la puerta. “Perdonen ¿Los molestamos con la música?” el trío no responde, se miran entre ellos, finalmente, el hombre empuja al dueño de casa y entra. “Mirá gorda, es igual al nuestro.” Unos veinte jóvenes los miran sorprendidos, la música se apaga. El dueño de casa se acerca al hombre del segundo piso y lo agarra por el hombro “¿Cuál es el problema? Si quieren que bajemos la música solo pídanlo.” La mujer sale en defensa de su marido. “El tema no es ese, nene, el tema es que esta casa solo tiene dos pisos.” El joven la mira confundido y luego mira a su alrededor. “Estamos en el tercer piso.” Su voz no es segura. “Por eso.” Responde el hombre panzón. El joven hace una pausa. “¿Ustedes están bien?” Elbita intenta explicar pero ruidos del cuarto piso la interrumpen. “¿Qué es eso?” dice uno de los invitados de la fiesta. “El cuarto piso.” Responden Elbita, la señora y su marido, al unísono, resignados. Todos se quedan callados. Los ruidos de arriba siguen, son gritos agudos y pies corriendo en el techo. Un joven, sentado en el sillón con la mirada perdida, pregunta “¿No había solo dos pisos?” “Hay tres.” Responde el dueño de casa enojado. Toda la gente en el departamento se mueve hacia la puerta y salen. Al lado de las escaleras, que ahora siguen hasta arriba, hay un ascensor, al cual se suben la pareja y Elbita mientras los jóvenes corren por las escaleras.                                                                                

Al tocar la puerta del cuarto departamento, las voces se callan pero nadie les abre. La multitud de gente sigue insistiendo con la puerta pero solo reciben silencio como respuesta. Uno de los jóvenes decide romper la puerta, al hacerlo se encuentra con un departamento igual a los de abajo, aunque este está cubierto de juguetes y hay unos cinco niños asustados escondidos debajo de un sillón. “¿Dónde están sus padres?” pregunta la señora del segundo piso. Los niños escoden la cabeza, no responden. La multitud se queda quieta atrás de la puerta, cuando escuchan un llanto de bebé que viene desde arriba.

Publicado la semana 32. 12/09/2020
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