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MILANESA!

Había una vez un señor al que le gustaban mucho las milanesas. Fritas al horno, con papas o con puré, de carne de pollo o de soja, le encantaban. Las comía tres veces al día. Una mañana, se levanto y, como siempre, se puso a freír un par de milanesas. Se hizo una taza de café, y se sentó a desayunar. Pero al dar el primer bocado, se encontró con un problema, sabía muy mal, ácida y amarga a la vez. La escupió sorprendido. Con mucho cuidado probó otro mordisco, le pasó lo mismo. Enojadísimo, y todavía en calzones, el señor agarró la milanesa y se fue a la carnicería.

 

Don Eladio todavía no había abierto pero, al ver que se trataba de su mejor cliente y que este estaba en calzones en pleno invierno, se apuró y lo dejó pasar.

“¿Qué pasa?” preguntó el carnicero, entre preocupado y risueño.

El señor apoyó con fuerza la milanesa mordida en el mostrador de la carnicería. “Me vendiste carne podrida.” Su cara estaba roja como una milanesa a la napolitana.

Eladio agarró un pedacito de milanesa y lo probó. Con voz calma dijo:

 “Esta carne sabe perfectamente bien. Tal vez le pusiste mucho perejil, pero…” Esto es el colmo, pensó el señor, primero me vende carne podrida y después me quiere decir a mí como hacer una milanesa. Antes de que pueda decir nada, entró su vecina, doña Elena.

“Hola Eladio, hola Ma…. ¡Marcos! ¿Qué hace vestido así?”

El rostro de Marcos, que hasta ahora estaba rojo de furia, se tornó rojo de vergüenza, y señalando a Eladio dijo:

 “¡Me vendió carne podrida!”

Eladio respondió que no estaba podrida, lo que empezó de nuevo la discusión. Después de un rato, Elena los calló.

“A ver si paran, que están por venir mis nietos y tengo que comprar la comida urgente.” Probó un pedazo de la milanesa.

“No está nada mal, pero yo le pondría mas ajo, y ¿Sabe qué? Si le pone una pizca de nuez moscada quedan increíbles, a mis nietos les encantan.”

Marcos estaba que hachaba humo por las orejas y rápidamente comenzó una nueva discusión, esta vez de a tres, sobre como hacer bien las milanesas. Tan larga fue la discusión, que, cuando el hijo de Elena llegó a dejar a sus nietos en la casa, la tuvo q ir a buscar a la carnicería.  En el negocio de Don Eladio había ahora más de diez personas, cada una con su propia receta de milanesas, y todos igual de convencidos que la suya era la mejor. Entre tanto alboroto, el hijo de Doña Elena corrió hacia su madre y le preguntó que pasaba y por qué había un hombre en calzones. Ni bien comenzó la historia, su hijo se acercó con preocupación al mostrador y probó la milanesa. Después se acerco a marcos que lo miraba expectante y le pidió que abra la boca. En este momento Doña Elena empezó, orgullosa, a contarle a toda la carnicería que era su hijo, y que era médico. Preocupado, el doctor miró bien la lengua de Marcos y con toda seriedad le dijo:

“Ya sé cual es el problema, siéntese por favor.”

Marcos no le hizo caso, mitad porque no entendía que pasaba y mitad porque no había lugar donde sentarse. El médico continuó.

“¿Come usted muchas milanesas?”

Marcos asintió, tragando saliva.

“Lo que le pasa es algo poco común.” La carnicería entera lo estaba escuchando. “Usted desarrolló una inmunidad a las milanesas.”

Marcos lo miró extrañado “¿Qué quiere decir?”

“Quiero decir, que usted comió tantas milanesas que ya no le hacen efecto, no le provocan nada.”

La cara de Marcos, que hasta ahora seguía roja, se puso blanca como una hoja de papel.

“¿O sea que todas las milanesas me van a parecer feas?”

El medico asinitió.

“¿También las de pollo?”

“Las de pollo, las de soja, las de espinaca, todas las milanesas.”

Marcos se recostó contra el mostrador, a punto de caerse.

“¿y puedo comer patitas de pollo?”

El doctor sacudió la cabeza.

“¿Bastoncitos de muzzarela? ¿Aros de cebolla?” Preguntó Marcos, casi rogando.

El medico le dio el pésame.

 

Con mucha pena, una a una las personas se fueron de la carnicería. Eladio casi se puso a llorar, al darse cuenta que no iba a poder mantener su negocio. Marcos se quedó recostado contra el mostrador, en silencio. Hasta el día de hoy, recuerdan la historia en todo el barrio y las madres le cuentan la historia a sus hijos, esperando en vano que coman menos milanesas.

 

 

Publicado la semana 14. 05/04/2020
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Sofisticada Colapsando (que la amo y escribió la primera versión conmigo) , cuento infantil
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