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bauti

Caminar sobre las nubes

Mi abuela camina sobre las nubes. A veces baja a la tierra, sonríe y me sacude con la fuerza de sus manos, siempre mirando sin verme. No puedo intuirlo, pero creo que no le gusta caminar sobre las nubes. Está muy lejos, algo perdida entre esas bolas de algodón. Ella no flota, sigue caminando, recibe el golpe de la brisa y el sol del atardecer; es pura observadora, pero mira sin ver. Eso sí, mi abuela escucha. Oye todo, si se lo digo al oído. Me presta atención cuando lo hago. Veo que sus ojos paran de moverse y sus pupilas se dilatan. Pero cuando no está sobre la tierra es difícil gritarle lo suficientemente alto como para que escuche desde las nubes.

            Su departamento sigue ahí. Sigue amueblado, el cuadro paisajista de un artista anónimo colgado y la televisión enchufada. A la noche sigue entrando el frío por el ventanal y se sigue escuchando el ruido estruendoso de la calle. Yo vuelvo a cada tanto, marco el tiempo que estuve afuera por cuantas publicidades distintas pintaron en la medianera de enfrente. No sé si la próxima vez que vuelva voy a seguir viendo a mi abuela caminar sobre nubes; sí estoy seguro de que habrá una nueva publicidad.

            Mi abuela no siempre caminó sobre nubes. No sé cuándo fue que empezó a hacerlo, pero empezó en un día soleado y se fue transformando en algo permanentemente nebuloso. Durante un tiempo creí, en mi inocencia, que ella bajaría del techo celeste. Pienso en cuanta gente estará así, tan cerca del sol, y me entristezco.

            A menudo me recuerdo de su caminar. Siempre caminó tambaleando, un poco por sus piernas redondas y un poco por su manera torpe de moverse. Me veo corriendo y contornando la mesa de almuerzo, chiquito y desgobernado, buscando a mi hermana para pegarle. Veo también a mi abuela que nos corre a los dos, entre el desespero de no alcanzarnos y la risa del no querer. Lo veo todo muy claro.

            Cuando no estaba tan lejos yo le hacía peinados.          

            En algún momento sé que mi abuela pisará en falso, pero no obedecerá las reglas de la gravedad. Se irá directo hacia arriba, bien arriba, donde no haya publicidades en medianeras, donde no la pueda ver, ni oír. Y a veces va a poder bajar y reposar sobre la nube; no va a tener que caminar, tan solo reposar.

Publicado la semana 7. 15/02/2020
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