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bauti

El callejón

No paso más por ese callejón, no me importa que sea el único camino hacia el otro lado, es un callejón oscuro, está mojado, sus paredes están sucias, hace mucho tiempo que no paso por ahí, no quiero volver a hacerlo. Sabés que se me vuelve estrecho, el callejón, cuando lo recorro, se vuelve estrecho hasta casi aplastarme, pero no lo hace, me deja lo justo y necesario para un jadeo agobiado, lo justo y necesario para que pase por él y lo vuelva a mirar, que vuelva a mirar atrás. Hay muchos otros caminos que puedo agarrar para evitarlo, por ejemplo esa calle de ahí, esa calle que está a dos cuadras, la puedo agarrar, girar a la izquierda y ya está, evité el callejón y ya estoy del otro lado, y encima esa calle es más encantadora, tiene esos locales chinos que te gustaban. Una vez me dijiste que vomitaste en el callejón, que yo estaba meando mientras vos vomitabas y que yo ni siquiera me di cuenta, yo meando, probablemente borracho, vos vomitando y después mirándome con el pelo un poco sucio de vómito, te ensuciaste toda, pero ese día tampoco pasamos por el callejón, porque implicaba ir caminando hasta casa y yo no podía caminar, trastabillaba de la embriaguez. Al otro día yo pasé y vi tu vómito, resecado en una esquina, mi meo ya no estaba, pasé rápido igual, miré de reojo nomás.

Sueño con algo tan angosto que se trague todo, algo tan angosto que sus esquinas sean su propio límite. Sueño con eso pero siempre vuelvo al callejón.

Publicado la semana 3. 19/01/2020
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