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Minerva Martínez

Acedia

Nacimos muertos. 

Marcados por el pecado de lo incomprendido:

la vida que no queremos vivir. 

La abusurda angustia de no anhelar 

ser lo que podríamos. 

La sofocante vergüenza del abandono.

De nosotros. De mí. 

 

Nacimos muertos. 

Malditos. 

Huimos de rostros y nombres que nunca quisimos, 

a los que renunciamos con alivio.

 A los que renunciaremos.

 A los que no dejaremos de renunciar. 

 

No la entendemos,

esta desesperación,

la abrumadora necesidad de no necesitar nada.

Y no nos entendieron tampoco. 

 

Nacimos muertos. 

Malditos. 

Morimos muertos. 

 

¿Qué hay en el sueño perpetuo que se pueda ansiar?

El consuelo de no tener que significar cada vigilia. 

Publicado la semana 36. 07/10/2020
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Género
Poesía
Año
I
Semana
36
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