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Minerva Martínez

Mensaje dentro de una botella encontrada en alguna playa del Caribe

 

Con la seguridad de que nadie en el mundo me conoció como tú espero que entiendas que después de ti, y de aquello en lo que el tiempo me convirtió, conceder ante lo intricado de la vida se vuelve una exigencia.

Yo te amé como no es posible hacerlo nuevamente; al menos no para mí para quién su naturaleza simple, incrédula, monolítica, entregarse genuina y transparente a más de una persona le supondría hacerlo de forma vulgar, rota.

Yo te amé. Y si la posibilidad de traerte a mí no fuera más que un anhelo que me cala el cuerpo cada amanecer… sólo tengo la memoria de los años en los que esta existencia mediocre giraba alrededor de ti.

Y lo lamento. No sabes cuánto. No poder continuar como tú lo hubieras querido. Que mi rabia siga creciendo inclemente. Que me haya vuelto una sombra de ti, de la libertad inalcanzable, de lo que fui, de lo que te gustaba… Pero a estas alturas, cuando no me queda algo que perder, cuando he erguido la columna frente a cualquiera que me dice que haberte querido fue un error una ofensa, odiar y no perdonar son las alternativas inequívocas de lo que deseaste para mí.  

¿Por qué sería distinto? ¿Por qué silenciaría esta historia para ahorrarle incomodidad al prójimo, al desconocido? Que los demás no tienen por qué acomodarse a uno, tendrían que haberlo sabido desde siempre.

Es verdad que no soy feliz. Que podría fingir haber errado, decirlo en alto como me lo exigen, admitir que le he fallado a la moral y a sus buenas costumbres, y entonces regresar a ser parte de su grupo homogéneo, autoritario, adoptar sus formas rancias y ciegas de verlo todo… para tener un mejor futuro, dicen. Pero tampoco entonces sería feliz, muy por el contrario. ¿Con qué cara volvería a ti? Colmado de vergüenza, no de la suya, de la que quieren que yo sienta, de la mía, por no haber defendido el amor sincero que te profesé, por no haber podido ser lo que soy con honestidad. Volver sobre mis pasos… sobre los tuyos… con el objeto de humillarme arrepentirme, sería una falta a nuestra vida en comunión. A la claridad y la adoración con las que te quise.

No te pongas triste, por favor. Abandonar mi calma por el reconocimiento de lo que somos, de lo que fuiste... en vez de este corazón que aún es tuyo, del amor que ahora le dedico a la muerte, me parece un sacrificio justo. No voy a olvidarte, no hay manera de hacerlo, aunque ello implique cargar con el repudio a la soledad en los hombros, al desenlace abrupto que tuvimos.  

Es por todo esto que espero tu comprensión. He decido dejar de buscarte…. para entregarme al eco de voces que albergan la esperanza de resonar en otros, de tener una historia digna que algún día habrá de ser escuchada, respetada, por defender con fervor lo que indudablemente le pertenece: la voluntad.  

Sólo estoy yo y en este punto no hay retorno. Es probable que estés muerto como lo he creído tanto tiempo, y quizá sea el mar profundo quién consuma mis palabras...

 

Aún te amo con todo lo que me queda.

 

28 de agosto de 1719

 

 

 

[El texto carece de destinatario y remitente, además de contener algunas frases ilegibles]

Publicado la semana 34. 24/08/2020
Etiquetas
piratas, black sails
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