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Minerva Martínez

Peor que un lunes

Tuvimos uno de esos amaneceres, aún más malo que los lunes. Siempre que tocamos este extremo del camino el retorno es el mismo, confuso y nada alentador; es el que recorremos acompañados y del que volvemos solos, conscientes de sus aceras desgastadas pero no por ello menos perdidos.

Estoy de regreso y soy sólo yo. Y mi odio que no tiene que ver con lo individual ni con la generalidad. No odio a los demás porque odio a la humanidad, lo hago porque lo hago, porque me irrita. No se trata de un intento por sentirme más buena, por validar, con todo y sus efectos adversos, mi existencia en esta tierra que tanto hemos venido a fastidiar (aunque yo no conozca a alguien que así lo haya exigido expresamente —antes de respirar, de empezar a joderlo todo, imposible—). No, se trata de algo más simple y a la vez menos claro, son pura ira y cansancio.

Me doy cuenta de que nunca tuve lo suficiente, la finitud siempre llega antes de la conciencia del placer; me doy cuenta de que no quiero escuchar, ni hablar… que no te quiero lo bastante. Y que tal vez tampoco me has querido tanto. Que necesito sentirme menos comprometida con otros rostros, abrazos, y con los sentimientos ajenos que me son entregados (sin haberlos pedido). Quiero sentirme libre; no tener un nombre, ni una familia, ni un amigo al que le he fallado y que algún día me devolverá la decepción, ni un amor que me desgastará y se llevará todas mis pulsiones. Ni una vida. Quiero algo más parecido al silencio imperante, a la muerte, donde no duela, ni bullan otras existencias. Quiero algo que sea como un sueñito acogedor donde me colme la ausencia; que me olvide de todo y el mundo se olvide de mí.

Y no pasa nada, eso: no pasa nada.

Hasta que retorna la necedad y esta porquería de anhelo que sigue chirriando dentro. Aunque todo parezca lo mismo, la misma mierda —como los lunes, los lunes son una mierda aburrida, juro que cuando mi historia expire será lunes—.

Entonces volvemos al origen, a ser nosotros, y queremos que algo pase. Queremos sentirnos menos solos, menos estúpidos, menos hundidos en la incertidumbre y el enojo… en tanto abrimos los ojos y una mañana cualquiera volverá a ser peor que un lunes.

Publicado la semana 29. 18/07/2020
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