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Minerva Martínez

Ese cuerpo que yo adoraba

—¿Por qué lo ves fijamente? ¿no tienes uno igual? —me dijo con su voz ronca. 

¿Cómo habíamos llegado a tal situación? El nerviosismo nublaba mi conciencia. Nos conocíamos más o menos de medio año atrás. Sabía poco sobre él, no era muy comunicativo, pero luego de verlo la primera vez quise hacerlo todo el tiempo. Lástima por mí y por su club de fans, desde entonces sólo se había dejado caer en las borracheras dos ocasiones más. Era una certeza que su mundo funcionaba de un modo distinto al nuestro: probablemente era la cabeza de su familia, el proveedor, teníamos la misma edad pero él trabajaba mientras nosotros íbamos a la universidad. No recordaba desde hacía cuánto, comentó una vez, comenzó a ocuparse todo el día casi toda la semana. Desconocíamos por qué ahora formaba parte del grupo, pero eso importaba poco: un tipo agradable, de esos que después de una cerveza pueden ser el mejor amigo de cualquier hombre, risueño y jodidamente guapo, nadie podía rechazarlo. 

Aquella noche era la primera vez que no se perdía con alguna chica durante la madrugada. La primera vez que compartíamos bebida y algunas historias triviales. La primera vez que dormíamos solos en la misma habitación. Dijo que estaba cansado y que temprano por la mañana debía salir corriendo… Era primavera, el calor fatigaba, antes de acostarse en el suelo se sacó la camisa negra de manga corta y los jeans ajustados del mismo color. 

Me gustaba verlo bailar con su atuendo de siempre, la tela tensada sobre su musculatura firme, sus piernas gruesas, su espalda angulosa. Me provocaba mirarlo restregarse a la mujer que decidiera sacarlo a la pista, tantearla con sus manos de venas saltadas. No medité tanto acerca de mi obsesión después del flechazo, estaba claro, no era amor lo que sentía por él sino pura atracción sexual. Se trataba de su cuerpo (sin duda muy diferente al de mis amigos y al mío), su cuerpo enérgico, ágil, su cuerpo de hombre vivo. 

Hice lo mismo y me recosté a su lado. Admiré furtivamente las líneas de su desnudez. En la oscuridad noté que se tanteaba el torso y luego la cintura. Escuché su respiración entrecortada e imaginé el gusto salino que emitiría su piel morena por el sol. 

—Estoy acostumbrado a tener algo de diversión… —estaba pendiente de mí—. No tengo sueño, pero hoy terminé hecho polvo. 

Busqué el movimiento de sus manos. Su falo creciendo debajo de la ropa interior… el mío. Lo miré acariciarse.

—¿Por qué lo ves fijamente? ¿no tienes uno igual? —me dijo con aquella voz ronca—, ¿o acaso quieres tocarlo?

Me sorprendía, ¿era una propuesta o una burla?

—¿Bromeas? —pregunté con vergüenza, pero también con genuina curiosidad.

Se incorporó sobre su codo flexionado clavando sus grandes ojos brillantes en los míos. 

—¿Suena como una broma? Si no quieres hacerlo no lo hagas y ya. 

—Quiero. Pero…, ¿no te incomoda? —titubeé y él sonrió con intimidad.

—¿Sabes? He tenido una vida de mierda —respondió mirándome con esmero—. Nací entre carencias, aún ahora sigo parado en el mismo lugar. Lo que para ti podría ser una norma para mí es la excepción: ¿fiestas? ¿salidas? ¿citas? Quizá más tarde, en un futuro. Todo lo que he ganado con esfuerzo casi nunca lo disfruto yo, tampoco es que tenga mucha oportunidad de desquitarlo. ¿Por qué habría entonces de negarle a mi cuerpo el único placer que no debo pagar? La satisfacción que me brindan a voluntad no me cuesta nada, ¿por qué debería rechazarla? Lo que he obtenido trabajando puede ser para otros, estoy bien con eso, pero el afecto que me regala alguna chica desconocida, no; el anhelo que sientes por mí ahora, no. Esto es mío —afirmó, no había reclamo en sus palabras, sólo sinceridad y cinismo—. Ahora ven.

Me jaló por el cuello hacía su boca, mientras su lengua cálida lamía con persistencia mis labios temblorosos, mi pelvis se frotaba contra la suya anhelando su baile. 

Tal vez entonces, deshaciéndome en el calor de ese cuerpo suyo, de ese cuerpo que yo adoraba, vivo y no obstante deshabitado, sintiera dentro mío un atisbo de cariño hacía él: el origen de un amor hacia esa existencia pétrea e instintiva. 

Publicado la semana 28. 12/07/2020
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