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Minerva Martínez

Carta de despedida

Nos conocimos de modo vulgar, por coincidencia. Yo me encapriché con tu piel cobriza y tú te prestaste al juego turbio de la seducción; siempre con tu vanidad impelida… siempre escondiendo de las miradas ajenas tu agarre sobre mi cadera.

Todo lo que en un comienzo me aferró a ti tenía poco que ver con tu inteligencia o tu frágil sentir, se trataba de la apariencia: de tu rostro atractivo, tu carisma, tu grácil andar, tu carne dispuesta y caliente. Eventualmente caí en el bien conocido y estúpido error humano de querer más. También lo hiciste.

Pero la diferencia entre tú y yo, todo el tiempo, estuvo en el decidir. ¡Encarnabas la imposibilidad! Eran tú y tu escaza capacidad para aceptar vivir de un modo distinto, y tu moral de puras palabras, y tu religión que en ocasiones recordabas pero que desconocías. Tú y tu cómoda filialidad.

“¿Ella o él?, ¿ella o él?”, te preguntabas en voz baja, “sólo debe existir un camino correcto”. “No es así”, te respondía, “intentar hallarlo ya es un desperdicio, más aún cuando sabes con franqueza lo que sientes”.

Tantas veces te escuché decir que no eras de esa manera, que no eras así; que me querías pero que el futuro no nos prometía nada; que el ánimo agradable se nos iba a terminar y que por eso teníamos que disfrutarlo mientras durara.

¡Pura mierda brotando de tu más íntimo y cobarde ser!

Ni tú te tragabas tus cuentos y a pesar de ello persistías en tu negación. Cómo si tu cuerpo complacido no hubiera yacido trémulo bajo mi boca, cada noche, cada vez que tocaste a mi puerta con gesto desesperado y ojos de necesidad. Como si no hubiera sido entre mis brazos y mis piernas dónde encontraras refugio, donde olvidaras tus ausencias y menguaras tu instinto destructivo.

Tenías razón, todo muere. Hoy sólo me queda la satisfacción de haberte dado lo que pude, lo que quise, sin reprochármelo… ¿Y tú? ¿Algún día podrás decir lo mismo? ¿Hay dentro de ti más espacio para el arrepentimiento?

Ojalá te quede claro, esta vez no importa cuánto esperes en el umbral, no habrá nadie que te reciba y te abrigue.

Publicado la semana 25. 18/06/2020
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