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Minerva Martínez

Apunte breve sobre el silencio

El silencio, por fortuna, es algo constante en la vida; siempre está ahí. Es el origen de una mañana, de una conversación. Con frecuencia es la antesala de sonidos o palabras que no se olvidan: una respiración agitada, un ¡me gustas!

Las hojas en otoño bajo tus pasos…

Un fantasma jugando en alguna parte de la casa.

A veces, si eres muy consciente de ese silencio previo tampoco vas a olvidarlo. 

Para mí el silencio es una aspiración. Suelo pensar que la necesidad de palparlo puede encontrar su camino resuelto en el misterio que representa la muerte.

En otras ocasiones surge de la nostalgia, o quizá incluso de la melancolía: viene de lejos, acompañando ese extraño arraigo que no tiene nada que ver con este tiempo, sino con algo más remoto, con ese lugar maravilloso del que alguna vez fui parte. Casi todos los días me cobija la sensación de un vacío que no es incómodo, que no me trae conflictos, donde predomina el silencio y se convierte en lo que no pienso, no escucho, no siento. Lo que no soy. Es cálido y amable. 

Pero también existe esa realidad en la que lo desprecio por ser tan humano, tan terrenal, por ser tan mío y tan de todos. Me frustra cuando me lleva al mutismo, cuando me hace ceder; cuando otros lo omiten. Me enoja cuando atropellan mi silencio. 

Tengo una relación de amor y odio con el silencio, y ciertamente no es culpa suya. 

Publicado la semana 22. 11/06/2020
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