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Minerva Martínez

Déjà vu en el transbordo de Zapata

“Oh, baby, where are you now when I need you most?
I'd give it all just to hold you close […]”

¿Me veré estúpida moviendo los labios? ¿La demás lucen estúpidos haciendo lo mismo? No más que cantando con pasión en el transporte público, bueno, en realidad eso sólo podría ser desagradable para los que escuchamos. ¡Aquí bajo! De verdad me gusta ver tantas y tantas personas en el metro, yendo y viniendo, me disgusta el bochorno, el contacto persistente con otro cuerpo caliente, algunos olores… Pero me gustan los túneles oscuros, el eco metálico del tren alejándose, la luz sepia, me gusta ver la muchedumbre apretujada en los pasillos…  

“I was runnin' away from facin' reality
Wastin' all of my time on livin' my fantasies […]”

Vamos, vamos… ¿Hacía dónde tengo que caminar? Derecha, derecha… ¡No! Este es el pasaje maldito… Lo admito, mi sentido de la orientación es una mierda… Por qué cada que conoces a alguien además de la información obligada: ocupación-profesión, edad, situación sentimental (de risa eso de definirse por convenciones sociales) la gente cree también necesario explicar que “mi casa, tu casa” está en tal zona, cerca de tal lado, donde se ubica tal edificio, “¿no?, bueno, resumiendo vivo lejos, en el culo del mundo…” Tal vez si yo comenzara diciendo: me gusta viajar en metro, aunque con frecuencia me pierdo cuando voy a cambiar de línea, me ahorraría, al menos, el tour virtual hacía la casa de Fulana. Afortunadamente tengo bien ensayado asentir con la cabeza cual sabionda interesada… Cuarto para las 4, ¿llegaré a tiempo? Nunca he visto con detenimiento los dibujos de esta escalera. Debo concentrarme, es la hora en la que competimos pisándonos los talones. ¿Tendré algún problema en eso de la cuestión espacial? Al menos conozco el camino de vuelta a casa… algunos de ellos. ¡El papá de Solovino!

—Ay, lo siento.

—Descuida.

¡Qué torpe! Pobre. No reaccionó con enojo… qué ojos más lindos. Me pregunto… Debería de intentarlo, un día quizá… Aquella vez, la chica que me suspiro en el cuello ¿me hubiera dado su teléfono? Se veía interesada. Cuando tenga un pie en la muerte y deba echarme mi aburrida película estos fragmentos de memoria se titularán: “Momentos íntimos con desconocidos en los lugares menos esperados”... no todos dignos de recordar… Ojalá haya botón para adelantar la cinta.

 

“I was runnin' away from facin' reality
Wastin' all of my time on livin' my fantasies […]”

Qué la chingada, ¡15 minutos antes de las 4! Hoy tengo que llegar puntual. ¿Qué lado debo tomar? ¿Derecho? Sí. ¡Maldita sea!, el transbordo diabólico. ¿Por qué me perderé tan fácil, tendré rota la cabeza? Mínimo sé cómo volver a mi casa… llegar a la de otros es una historia distinta; aun así hay quién recién conocido insiste en decirte con “pelos y señales” cómo llegar a su domicilio, al que nunca va a invitarte… y otras cosas extrañas e innecesarias cómo que está saliendo de un romance longevo y tóxico, ¡me caga esa palabra! No he puesto atención a lo que hay impreso en los espacios entre peldaños, no sé mucho sobre moneros... ¿Cómo pueden caber ambas ideas en la misma oración? “Hola, qué tal, me llamo Mengano, acabo de dejar a mi novia con quién estuve muchos años en una relación super tóxica…” porque además les gusta recalcarlo. ¡De puto miedo! Todavía me importa un poquito más saber qué “soy tal cosa porque estudié tal carrera”. ¡Hey, fíjese!, casi me aplasta los dedos. ¡Abel Quezada!, al él sí lo conozco.

—Disculpa, disculpa.

—No te preocupes.

Y yo quejándome del señor, lo perdono. Sonrió… bonitamente. ¿Tuve un flechazo, ahora, aquí, entre empujones? Su rostro… me resulta conocido. ¿Debería?

—¡Oye! —voltea, voltea—. ¡Adiós!

—¡Bye!

Ay, qué tonta. ¡Qué vergüenza! Pero me miró y sonrió de nuevo. Ya voy, don, ya voy, no me empuje. Si algún día me atreviera a pedir un número… No pasaría de que fuera falso, o no respondieran, ¿cierto? O podría nunca llamar, como aquel tipo que no me marcó.

 

“I was runnin' away from facin' reality
Wastin' all of my time on livin' my fantasies […]”

¿Para qué lado voy? Qué extraño, ¿un déjà vu? A la derecha, ¡a la derecha! Me siento inmersa en un terrorífico infinito cuando transito este pasaje; por eso me gustan los caminos rectos… ¿Será que en mi mente todo se ve cómo líneas? “Te vas por esta calle, vuelta a la izquierda, luego derechito y llegas”, una estupidez, ni así puedo ir a un lugar sin dar vueltas la primera vez, la segunda y hasta la tercera. La gente se sorprende cuándo digo que no sé por dónde viven, ¿y por qué habría de saberlo? A mí sólo me interesa llegar a mi casa. ¡Contrólese señora, le está sacando los zapatos al de enfrente! Disfrute el paisaje: ahí tiene la obra del creador de Gastón billetes, personaje emblemático y perpetuo de la política mexicana. “¿Los de las escaleras?” Qué pena, a esos no los conozco… Podría ser el comienzo de una conversación, “¿Sabe usted quién es el autor de estas caricaturas?” Y no “Hola, me llamo Zutana y tengo 30 años”. ¡Bien por ti! ¡La hora! ¿Estaré a las 4 en punto?

—¡Lo lamento!

—No pasa nada.

¡Qué mirada! Creo que acabo de enamorarme. Una vez, lo intentaré una vez…

—Hey —para, loca, ¿qué estás haciendo?— ¡Espera! —no, sí, viene para acá.

—Dime.

—Mmm… ¿Tú sabes de quién son los monos de las escaleras?

—Jajaja. No tengo ni idea.

¡Vamos! ¿Es en serio?

—¡Quítense, estorbos!

—¿Nos conocemos de algo?

—No lo creo, pero… ¿Me darías tu número de teléfono? —por favor, por favor.

—Claro.

—Gracias —qué sonrisa tiene.

—¡Cuídate!

¡Lo hice, lo hice! Me derrito de la pena. ¡Entendí!, ya entendí, estoy bloqueando el camino. Ay no, faltan cinco minutos para las 4. ¿Justo hoy llegaré tarde? ¡Buena canción! ¿También debería atreverme a berrear en público? Naaa... 

Y el aire de la calle, a mí me huele a goma fresca
Yo lo asumo, me lo fumo y me escapo por la cuesta[..]”

Publicado la semana 12. 22/03/2020
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After hours - The Weeknd, El aire de la calle - Los Delinqüentes
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