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EL ROSARIO DE PLATA (FRAGMENTO)

         Esta no es una historia en donde la imaginación brota solo de la cabeza, o quizás este loco al momento de relatarte mi siguiente historia, esto con el fin de calmar mi ansiedad y darle tranquilidad a mi alma, deseo de todo corazón que al escribir esto, no me considere un lunatico que quiere llamar la atención o ya lo esté; pero de todos modos mi historia comienza así.

            Yo soy el padre Santiago Bautista García, soy de provincia, pertenezco de una familia humilde que a los dieciocho años me dedique por completo a la consagración de nuestro señor Jesucristo, toda esta pesadilla que te platico dio origen; cuando el arzobispado me mando a que investigara, sobre la desaparición de uno de nuestros sacerdotes de nombre Daniel Hernández Balbuena, considerado como uno de los sacerdotes más apegados a su fe. Yo no logre conocerlo en persona, solamente escuche hablar sobre él y su dedicación hacia nuestro señor todopoderoso; el padre Daniel, aparte de su fanatismo por su religión, era una persona muy bondadosa y caritativa; se dedicaba a cuerpo y alma por ayudar al prójimo y a todo aquel que lo necesitara, que incluso casi daba su vida para evitar que un perro abandonado fuera atropellado por un conductor imprudente. Pero lo que más se caracterizaba de él es su rosario que llevaba consigo mismo, que a boca de todos aquellos que llegaron a conocerlo decían que es de plata, y que este fue un regalo de uno de los monseñores más importantes de España.

             Todo lo escuche a oídos de los otros sacerdotes que se extrañaban al igual que yo, sobre la desaparición del padre Daniel, por lo que el arzobispado tomo la decisión de mandarme a un pequeño pueblo llamado San Javier el Grande que se encuentra en el estado de Puebla, me quede perplejo al escuchar que yo iba a visitar la iglesia de aquel pueblo, al principio sentí un miedo puesto a que era la primera vez que iba salir del templo donde yo profeso mi religión, la cual olvide decir que se encuentra en la Ciudad de México muy conocida como La Capital.

             El arzobispado al no recibir una carta o alguna llamada por parte del  padre Daniel, quiso corroborar si las cosas iban bien en aquella iglesia, por mi parte yo me tenía que levantar temprano como a eso de las seis de la mañana para tomar el autobús que me iba a dejar a Puebla, y de ahí nuevamente  transbordar un taxi que me llevaría a la parroquia de San Javier y que cuando llegara me comunicara inmediatamente con el arzobispado, esas eran mis instrucciones que recibí antes de irme de la capital.

             Aun así, me quede pensando porque a mí me habrán escogido para ir a visitar aquella parroquia, habiendo tantos padres con mucha más experiencia que la mía, yo sentía un temor, un miedo, una sensación que no podía explicar, tal vez sean los nervios que tengo en la cabeza o por las pesadillas que últimamente he tenido, puede ser que me esté volviendo un demente, pero no. Todo esto que escribo lo hago, estando en mis cinco sentidos, ojalá dios me escuche y me ayude a comprender toda esta locura que llevo adentro. Yo la verdad no sé qué pensar, ni que decir, si yo hubiera sabido que el suceso que te voy a contar me pasaría, jamás hubiera ido, aunque eso me costaría mi carrera como sacerdote.

             En la mañana siguiente me levante temprano como a eso de las seis de la mañana, mi motivo principal es evitar el tráfico y el tumulto de gente, que suele a ver en la capital, y además de querer llegar temprano a tal mencionado pueblo, y por supuesto de mandar noticias sobre el padre Daniel; transborde el metro para que me dejara a la línea más cercana a la central de autobuses , durante mi trayecto estuve meditando y reflexionando sobre mis preocupaciones; como el saber si el padre Daniel en verdad se encuentra desaparecido y de cómo lo iba a reconocer si llegara a verlo; puede ser que mis temores no este justificados, pero aun así no dejaba de sentir esa angustia que no podía quitarla en mi mente.

       Llegue a la central de autobuses como a esa de las doce del día, compre mi boleto que tenía como destino a Puebla, y espere el momento en que debía partir mi autobús, para entretenerme un buen rato, de paso me compre un periódico en un puesto cerca de la central para leer el obituario del día. Y al estar leyendo el diario encontré una noticia que me llamo mucho la atención; donde un presunto delincuente de nombre Pedro Vargas apodado el Chino se había escapado de un reclusorio cerca del pueblo de San Javier considerado como una persona de muy alta peligrosidad, condenado a cadena perpetua por los delitos cometidos de homicidio de por lo menos de quince personas, incluyendo el de algunos infantes.

                Con todo lo que leí me quede impactando ante la noticia, nunca imagine hasta qué punto la maldad del hombre puede llegar hacer. Así dure unos minutos pensando sobre la nota del periódico. Cuando de repente escucho que el autobús que va rumbo a mi destino estaba a punto de partir, como pude logre localizar mi transporte y lo aborde llevando consigo mi maleta y mi periódico, tomando asiento hasta el fondo del camión y retomando nuevamente mi lectura que a pesar de quedarme asombrado con la noticia aun así continúe leyendo el resto de la nota, donde mencionaban algunas características para identificar al criminal, las cuales se suponen son claras señalando como además un tatuaje que lleva debajo de su muñeca derecha, imagen que es conocida como la de un cráneo; esto es lo que cuentan y los que narran la información debido al informe de los policías que antes lo habían detenido. Al terminar de leer la noticia, decidí mirar por la ventana del camión y aun así no dejaba de sentir ese miedo, algo que no podía explicar, quizás sea por la noticia que termine de leer. Acabe por sugestionarme, pero algo dentro de mi decía que no fuera a la parroquia del pueblo de San Javier; pero que podía hacer, tenía que acatar a la tarea que me encomendó el arzobispado; aun así, no me dejo de sorprenderme en que me hubieran elegido a mí, sabiendo que apenas si logre consagrarme como sacerdote y teniendo poco tiempo de oficiar mis labores dentro de la iglesia de la Ciudad.

               Así transcurriendo aproximadamente como seis horas en el camión, al fin llegue a Puebla, aborde un taxi y le pedí al chofer que me llevara al pueblo de San Javier el grande, y así lo hizo, gracias a dios no tuve problemas para llegar a mi destino. Cuando llegue al lugar, note que la iglesia tenía sus puertas cerradas toque fuertemente para a ver si alguien respondía a mi llamado, cuando de pronto un señor de edad avanzada se me acerco y me pregunto qué era lo que buscaba, por lo que le respondí muy amablemente que buscaba al sacerdote Daniel de apellidos Hernández Balbuena; al escuchar esto inmediatamente me pidió que lo siguiera y así lo hice, dimos una vuelta por la iglesia y me condujo por una entrada que se ubicaba detrás de la parroquia.

         Le pregunte por el párroco que en donde se encontraba en estos momentos, por lo que el viejo desconocido me contesto que el padre Daniel se encontraba en su cuarto rezando, al escuchar esto me hizo recordar la gran devoción que el padre tenía hacia su iglesia, al fin y acabo el padre siempre es recordado por todos los que lo conocía por su gran apego a su fe, el cual yo nunca lo llegue a conocerlo, pero si he escuchado hablar de él; hasta que el desconocido de edad avanzada y yo entramos, por la entrada trasera del templo, conduciéndome a un pasillo largo y oscuro donde se encontraba dos cuartos y el cual uno de ellos se veían algunos muebles viejos, unos estantes y una que otra figurilla de algún santo.

       Caminamos hasta subir algunos escalones en forma de caracol y llegamos nuevamente a un pasillo largo, y vi a lo lejos de aquel pasillo un cuarto con una luz encendida, cuando estábamos por acercarnos a la habitación, salió una persona alta con una edad aproximada de treinta años vestido de un atuendo de color negro, el cual por supuesto reconocí porque yo traía la misma vestimenta que llevaba puesto aquel hombre, cuando estaba a punto de preguntarle por su nombre, parecía que aquel desconocido leyera mi mente respondiéndome inmediatamente soy el padre “Daniel Hernández Balbuena”, al ver todo esto me quede perplejo y limitándome a contestarle únicamente “soy el padre Santiago”, pues me había quedado sin habla.

       Ante este hecho, no había duda de que había llegado al sitio correcto, sin perder más tiempo decidí presentarme de la forma más apropiada, ya que tal impresión no me dejo pensar en un instante por lo que le pedí una disculpa al padre Daniel y desde luego nuevamente me presenté ante él, cuando terminamos con nuestras repetidas presentaciones. El párroco me llevo ante un cuarto, el cual yo obviamente lo ocuparía para pasar la noche. Este por supuesto estaba conformado con una cama de madera, un pequeño estante con una lámpara, y un closet, aunque lamentablemente para mi gusto no contaba con ventanas. A pesar de ser una habitación pequeña era bastante acogedora.

       El padre antes de dejarme solo en aquel cuarto me dijo que la comida pronto estaría lista y que el mismo en persona se encargaría de avisarme y de conducirme hasta el comedor.

Continuara... 

Publicado la semana 6. 06/02/2020
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