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SK

9:22(fragmento)

¿Qué le ocurre a Emily?

     En alguna parte de La Capital. Siendo cuarto para las doce en un edificio habitacional en la colonia niños héroes, se escuchaban los gritos de una niña.

---¡Mami, Mami!. – gritaba Emily, despertando a sus padres quienes inmediato se quitaron las cobijas encimas de su cama corriendo en su auxilio. Pensando su papá que probablemente un ladrón había entrado a robar a su casa; preocupado busco entre sus cosas del armario, algún objeto con el que pudiera defender a su familia especialmente a su hija, siendo un palo de golf lo primero que encontró. Su mamá sin comprender lo que le estaba ocurriendo a su hija. Corrió hacia su habitación sin medir el peligro al que también se exponía.

---¡Mami, Mami!. – continuaba gritando Emily, acompañado de algunos sollozos.

   Toda la habitación se hallaba en la oscuridad hasta que… Aída encendió el interruptor de la luz del cuarto de la pobre Emily, que al verla llorando, sentada sobre el colchón de su cama, con las cobijas revueltas. Se abalanzo a abrazarla, tratando de alguna manera de consolarla. Intuyendo lo que le sucedía a su hija. “una pesadilla” se decía así misma. Ella nunca habia tenido un problema con las pesadillas. Era la primera vez que Emily tenía un ataque por la noche.  

---¡Sh sh sh!. – hacia su mamá dándole suaves golpes con su mano en la espalda de la niña tratando de apaciguar sus lloriqueos de su hija. Buscando lograr que se tranquilizara y volviera a la cama.

    Su papá al conocer los motivos de aquellos gritos sin darle tanta importancia, cansado y frustrado por haberlo despertado su hija de su lecho, se dirigió hacia su cuarto, metiéndose en su cama colocándose las cobijas otra vez. Dejando a un lado el palo de golf que había sacado antes.

---¡Sh sh sh!. – continuaba haciéndole Aída a su hija cerciorándose de se quedará dormida. Sin darle tanta importancia, la tapo nuevamente con las cobijas que habia revuelto Emily, le dio un beso en la frente y apago el interruptor de la luz. Dejándola sola en su habitación. Y un vago presentimiento comenzó a inquietarle a Aída era algo que no podía explicarse.

     El amor que una madre siente cuando su hijo o hija está en peligro es mucho más fuerte que puede traspasar hasta las barreras de la muerte. Se fue a su habitación cerrando la puerta del cuarto de su hija, confiando que todo era producto de aquella película que habían visto en la televisión “la noche de los muertos vivientes” una película que le había traumado muchísimo a Aída, al mirar cómo la gente es devorada por zombis, aunque para ella todo se basaba en actuación y maquillaje aun así le causo algo de miedo. Para Emily fue todo lo contrario, convirtiéndose en un amante más del género del terror; tanto que le pidió a su papá que la llevara al cine al ver la película que pronto se estrenaría “cementerio maldito”. Aída siempre se oponía a que Emily viera esa clase de películas que la mayor parte acababa cediendo ante las insistencias y caprichos de su hija, al no permitirle ver aquellas películas.

    Regresó a la cama junto con su marido quien yacía dormido. Algo le parecía inquietarle, no podía quitarse esa incertidumbre dentro de su cabeza. Dejándola, pensando aproximadamente una hora antes de que pegara su nuca contra su almohada.

A la mañana del siguiente día.

      La alarma del despertador comenzó a sonar, levantando a Aída de su regocijo. Alzando las cobijas, se colocó las pantuflas de tela y se metió a la cocina la cual se ubica en la parte derecha del apartamento para prepararles como es costumbre de todas las mañanas el desayuno a quienes todavía duermen en su respectiva cama. Puso a freír un par de huevos con jamón en el sartén, calentó algunas tortillas, y preparo algo de café. Se las arreglo para que Emily se despertara, que sin remedio la pobre niña haciendo vagos esfuerzos se levantó quitándose la pijama de Hello Kitty que traía puesta, cambiándosela por el uniforme de su escuela. Por su parte Roger Tamariz también se levantó terminándose de arreglar al mismo tiempo que su hija. Sentándose juntos al comedor.

---¿Mami tienes cheerios? - pregunto Emily.

    Aída se levantó de su silla. Abrió una de las puertas de arriba de su alacena que estaba detrás de ella, cogió la caja de cereal entregándosela a su hija. La niña complacida tomo el plato que estaba encima de la mesa y con poco esfuerzo vacío una parte del contenido de la caja. Tomo algunas hojuelas con su mano llevándoselas hacia su boca.

   Aída seguía conservando aquel extraño presentimiento de anoche, aunque dentro de su cabeza persistía la duda de que todo se trataba de una pesadilla, no se animó a preguntarle a su hija, pensando que todo se originaba por esa tonta película que vieron ayer por la noche.

Son mis nervios. – se repetía así misma.

---¡Oh, santo cielo! ---Exclamo molesto el papá. Sacando a Aída de sus pensamientos.     

¿Qué sucede Roger? ---Pregunto Aída confundida.

    Mi corbata acaba de ensuciarse de café. – respondió molesto su esposo. Quien en vano se limpiaba con una servilleta que había tomado de la mesa.

continuara....

 

Publicado la semana 5. 31/01/2020
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