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EL SER QUE VINO DE LAS ESTRELLAS(SEGUNDA PARTE)

   Habían pasado casi dos horas desde que se retiro el profesor Morris, el reloj de la oficina no paraban de avanzar sus manecillas y echando un reojo sobre esta, me percate de que esta marcaba exactamente las nueve en punto ya era tarde, pero eso no me importo debía que terminar de llenar unos formularios y por supuesto algunas clasificaciones de unos objetos importantísimos que llegaron para el museo.

   Por más que traté de concentrarme en lo que hacía, el papiro----me dije así mismo, no podía apartármelo de mi cabeza, por una rara razón recordaba cada palabra que había estampado sobre lo que decía aquella hoja blanca. La historia suele a veces tener un lado oscuro, y no es como lo pintan en algunos libros de historia.

   A pesar de que, hacía calor dentro de la oficina, un fuerte escalofrío se apodero de mi recorriendo toda mi espalda, no dejaba de pensar en lo que decía ese condenado papiro ese maldito puñado de letras indescifrable. Ahora mis manos se encuentran temblando con el ansia de escribir todo aquello que ese desventurado caballero dijo antes de morir.

   “yo lo vi descender del cielo en una noche oscura antes de que el infierno viniera hacia nosotros.

   Nadie lo conoce solo teníamos la noción de que se podía tratar de un forastero, no permite que nadie lo vea ni mucho menos lo toquen, y siempre vistiendo esa capucha blanca, aquella persona dijo provenir desde lo más creciente del cielo. Todos supusimos que se debía de tratar de algo bueno, esto a que a veces nuestra iglesia siempre profesa de que las cosas venidas del cielo son designios de dios, pero aquel ser resulto ser mucho peor.

   Aquel extraño personaje dijo haber visitado fantásticos territorios en donde abunda la comida y donde todos conviven en paz, todos quedamos fascinados al relatarnos sus aventuras por aquellas ciudades. Hasta que.

   Tres días después de que aquel ser proveniente de las estrellas, bajara de los cielos la muerte comenzó a rondar por nuestra aldea. Iniciando con el descenso del viejo Mer, después fue Ángelo, Paolo, Andre y Clara desatándose una serie de tragedias por toda la comarca.

   Nadie esta a salvo, todos están muriendo una rara enfermedad al parecer es la culpable de las muertes de nuestras madres, hermanos, hijos y padres padeciendo de una lenta y dolorosa agonía. Es algo que mis ojos nunca habían visto, pero se que es real. Ni los mejores médicos pudieron explicarse a que se debía. Él es el único causante de la terrible epidemia que esta matando a nuestra gente, sí, yo acuso aquel ser que vino de las estrellas a traernos esa enfermedad mortal. Una enfermedad que va carcomiendo las pieles de las personas y brotando grandes cantidades de sarpullidos de un color negro, padeciendo de una sed terrible.

   Nadie me cree sobre aquel ser, el proveniente de las estrellas tarde o temprano también vendrá por mí.

   He hurtado una armadura el cual me defenderé y acabare con aquella presencia. También he traído conmigo algunas reservas de alimento para calmar mi hambre, esperando a que no me encuentre en esta cueva. Ruego a dios aguantar para que en ese abominable forastero no me contagie y puede acabar con él. Hoy amanecí bien, espero que mañana también. Escribo esto con el único propósito de no volverme loco, usando mi sangre como tinta y utilizando el idioma que el gran alquimista alguna vez me enseño cuando era solo un crío para que nadie lo pueda leer lo que estoy escribiendo en este momento. Ese ser que dice venir desde las estrellas no podrá conmigo lo acabare, aunque me cueste mi propia vida, se ha llevado a mi hermosa esposa Clara y no permitiré que ese diablo también me lleve no sin darle pelea antes.

   ¡Oh dios mío! esta mañana amanecí con un sarpullido en mi brazo izquierdo y parte de mi rostro, y también en algunas partes de mi abdomen y tórax. Supongo que mi fin esta cerca. La comida cada vez se escasea no podre con él, mi boca padece de una sed insaciable.  Solo espero reunirme con mi amada.

   Esta noche es la ultima que paso en esta caverna, el fuego de mi antorcha esta a punto de apagarse, y ese maldito sarpullido me ha estado saliendo cubriendo la mitad de mi cuerpo, la sed cada vez se vuelve incontrolable, no creo poder aguantar una noche como esta. Ahora me encuentro ante una ilusión, una ilusión que parecía real el ser de las estrellas se me apareció y avisándome de un aterrador hecho que tendrá una gran repercusión que tiene que ver con el mundo que conocemos.

   La sed no puedo contenerla por mucho necesito agua, el sarpullido no para de brotar por todo mi cuerpo, el no quiere que muera le gusta verme sufrir, quiere hacerme recordar mi fracaso por quererlo derrotarlo maldita sea ruego a dios que se apiade de mi alma y que me pueda conceder el descanso eterno, ahora el ser que vino de las estrellas se está riendo burlándose de mí y de mi dios.

  Ya sin poder aguantar tanto castigo, he tomado mi daga clavándola en mi pecho, veo venir la dulce muerte. Dentro de mi boca comienza a salir la sangre que proviene dentro de mí. Clara voy hacia a ti……… espérame.

   Los pelos de mi cabeza se erizaron cuando termine de hacer la otra copia del papiro. No quise imaginar aquel infortunio que debió haber pasado aquel valiente hombre. No me gustaría estar en su situación---. Exclame.

   Cuando terminé de leer el viejo manuscrito del infortunado hombre me di cuenta a lo que se estaba refiriendo y era precisamente a la enfermedad que se había desatado en el año 1341 D.C conocida como la peste negra, una de las enfermedades mortales que acabo con la vida de miles o millones de personas por todo el continente europeo.

   Reconozco lo aterrador y extraño que era para mi este asunto, hecho que marco el principio o el inicio de una serie de coincidencias dentro de las investigaciones realizadas por mi colega el profesor Morris, el cual también tuve la fortuna de colaborar en su proyecto.

   El ser que vino de las estrellas pudo haber sido el producto de un delirio provocado por la terrible enfermedad o la inhalación de algún tipo de gas que se encontraba en la caverna, tal como lo dijo el doctor Armitage, tío del profesor. Dándole una respuesta lógica a eso y no de que alguien que vino del cielo pudo haber provocado el desceso de tanta gente.

   Eche otra mirada a mi reloj que se encontraba en mi oficina y este ya marcaba las diez en punto era bastante tarde, dejando mi trabajo para la mañana siguiente.

   Toda la noche no pude dormir bien a causa de las pesadillas que tenía cada vez que cerraba los ojos y caía en un sueño profundo.  Despertando a mi esposa quien yacía justamente a mi lado. Al verme empapado de sudor y con los ojos salidos de orbita preocupada me preguntaba si me encontraba bien obviamente le dije que se trataba de un mal sueño. Pensando mientras otra vez intentaba dormir que si se le decía lo que había descubierto me tomaría de un desquiciado obsesionado por el trabajo, hecho que considero muy cierto, yo era ese típico historiador que se apasiona por su oficio, hecho que no le agradaba a mi esposa en absoluto, pero lo respeta.

   En la mañana siguiente del viernes como es su costumbre mi esposa se levantó primero antes que yo para prepararme mi desayuno y posteriormente a los cinco minutos yo. Hasta en tanto el desayuno estuviera listo, me disponía a arreglarme para que después me dirigiera a la cocina y posteriormente rumbo hacia al museo donde se encontraba mi oficina, recordando además del trabajo que tenía pendiente que había dejado la noche anterior.  La noche en que el halago profesor Morris vino a verme.

   La pesadilla de anoche la recuerdo bien fue tan real que parecía estar dentro de ella que no me gustaría repetirla, pero tenía la sensación de que aquello tenia que ver con aquel dichoso papiro que ayer le hice el favor al profesor de traducirla, y que ahora guardo celosamente una copia de la traducción dentro del cajo de mi escritorio.

   Estando en la cocina con mi amada esposa, un gran silencio reino en nuestra mesa me apuraba en terminar de desayunar y note que ella me veía mientras llevaba uno que otro bocado hacia mi boca. El silencio fue bastante incomodo tanto para mi como para ella. Tomando la delantera inicie con una conversación agradable con la única finalidad de disfrazar mi angustia de anoche, no quería de algún modo preocuparla ni mucho menos quería que ella me prohibiera ir a trabajar. Esto a que a veces sufría en algunas ocasiones pesadillas que atribuía a mi don.

   Llegando a mi memoria el primer delirio cuando apenas era un chiquillo cuando mi papá me llevo en uno de sus viajes por México quien junto con su colega el profesor de apellido Cruz, descubrieron un hecho que los historiadores les provoco un miedo terrible, hecho que hasta el día de hoy no tiene explicación y que hasta el día de hoy mantengo fresco ese recuerdo tan horrible. Donde aparentemente adquirí aquella percepción mía de poder leer cualquier tipo de texto.

   Mi papá y el profesor Cruz se encontraban estudiando unas ruinas arqueológicas debajo de cerro de un pueblo conocido como Pueblo Chico en el estado de Puebla. Cerca de otro pueblo conocido como San Javier el Grande, que se encontraba a ciento dos kilómetros de esta. En ese hallazgo dejo a todos sus habitantes atemorizados, ya que los viejos del pueblo juraban que aquel macabro descubrimiento habitaba una entidad demoniaca que hacia que los lugareños atacaran a la demás gente volviéndolos de un estado de locura en exceso. Algo que dejo a todos los antropólogos y arqueólogos e historiadores confusos e incrédulos a las historias de que se contaban en esos días.

---Me gustaría saber que fue lo que te sucedió Armstrong---Preguntó mi esposa Laura.

---Nada tuve un mal sueño eso es todo---. Conteste con voz apagada.

---Espero que no tenga nada que ver con aquel talento que posees---. Replicó mi esposa mirándome fijamente en el lugar donde estaba. Sintiendo una vaga frialdad en sus ojos verdes.  

---No cariño y será mejor que me apure ya se me hizo tarde para irme a trabajar---. Dije excusándome para que aquella conversación ya no prosiguiera y quedara en el olvido.

   Y como es mi costumbre me despedí de ella dándole su beso en su boca y en su rosada mejilla, dándole a entender que las cosas marchaban bien. Tomando mis respectivas cosas y mi saco gris que se encontraba en el perchero de madera que estaba justo a un lado de la entrada de nuestra morada. Me apresure a salir para que mi amada esposa no estuviera indagando sobre aquel incidente de anoche.

   Estando en el museo no paraba de pensar sobre lo de anoche, sentí una enorme con pasión por aquel sujeto que prefirió clavarse un puñal en su pecho que estar padeciendo por la terrible peste que estaba devorándolo por completo. Pero a los cinco minutos después de mi llegada al museo, que escucho que alguien toca mi puerta, pensado que otra vez se podría tratar del profesor Morris.

---!Profesor Armstrong!, Le ha llegado esto esta mañana---Dijó uno de los guardias que se quedo a montar vigilancia en el museo.

---¿Qué es eso? ---.Pregunte.

---Ha de ser una carta para usted profesor---Contestó el guardia.

---A ver déjeme leerlo---.Exclame.

---Aquí tiene profesor y sin mas por el momento me retiro profesor----. Dijó dispensándose el viejo guardia. Retirándose de mi oficina.

---Gracias Rolf---.Vocee.

   Al mirar y leer el remitente era una carta escrita por el profesor Morris invitándome a una fiesta que se celebraba esta noche en el hotel donde se estaba hospedando en el sunny palance. Uno de los hoteles más caros de la ciudad y que contaban con las mejores habitaciones siempre reservadas para las más importantes personas. Me sentía a afortunado al recibir una invitación como está señalando demás la hora en que me vería siendo las seis de la tarde y suplicando de que no llegara a faltar esto a que él poseía algo muy importante que quería mostrármelo a mí.

    Al concluir con mi lectura sobre lo que decía la carta del profesor Morris, me quede pensando a ¿qué se refería de que poseía algo que tenia que enseñarme?, me quede lleno de curiosidad por saber de qué podía ser. Miré mi reloj y vi que esta a penas daban las diez de la mañana. En lo que daba la hora y sin perder un minuto inicie con la labor pendiente que tenía desde la noche pasada.

   El trabajo fue bastante duro, y el tiempo se fue como agua, el trabajo suele a veces ser pesado, permitiéndome olvidarme de muchas otras cosas y una de ellas es el tiempo, cuando otra vez alce mi vista para ver la hora note que esta indicaba que eran las cuatro en punto. Ya estaba a la mitad de concluir con mi clasificación de los objetos provenientes de China y parte de Japón piezas de un valor incalculable. Una espada proveniente de la era Shogu y otra un dragón de jade de la dinastía Hang. Además, estaba haciendo los preparativos para la exposición de otras piezas emblemáticas traídas de Perú y de México, las cuales consistían una piedra lisa tallada con un jeroglífico de una lengua desconocida rescatada por varios arqueólogos mexicanos cuando se estaba comenzando a modernizar La Capital perteneciente a la etapa preclásica y posclásica después de la terrible conquista del imperio azteca. La última pieza pertenecía a la era precolombina, y no podía ser para menos que una araña de oro solido hallado cerca de las ruinas del Machu Pichu.

   Al cabo de las cinco de la tarde logré terminar de hacer mi dichosa clasificación y de realizar los preparativos que se iban a llevar a cabo en el museo de artes y ciencias norteamericanas con el nombre de “choque de culturas diferentes” países americanos con países asiáticos, el cual se iba a llevar la semana próxima, además me permití hacerles llegar la invitación a varios colegas míos y por supuesto al profesor Morris. Todos hombres de ciencia.

   El reloj ya marcaba las cinco y media, solo me quedaba media hora para llegar al hotel. Sali de ahí a toda prisa del museo cambiándome de saco la que traía puesto por la que tenia en el perchero que se encontraba en mi oficina. Tan apresurado que estaba nunca me di cuenta de eso.

   No fue difícil encontrar el hotel esto a que el lugar lo conocía muy bien, se encontraba como a dos manzanas del museo. Llegando cinco minutos después de que dieran las seis.

   No sabia que destino me prepararía cuando me encontrara enfrente del profesor Morris, la curiosidad seguía comiéndome por dentro, tal vez se podría tratar de otro de sus descubrimientos como aquel papiro viejo que sustrajo del cadáver de un extinto caballero de la edad media. Viniéndose a mi cabeza una infinidad de suposiciones.

---Hasta…que ……

---Profesor Armstrong lo estaba esperando---. Dijó el profesor Morris con una pequeña sonrisa en su boca. Y estrechándome su mano.

---Creí que no llegaría---Conteste estrechándole igualmente mi mano con la suya.

---Me alegro de que aceptara mi invitación.

---¿A que se debe tal festejo? profesor------ Pregunte.

---Una boda señor Armstrong. Se casa una de las hijas de uno de mis amigos e hizo reservaciones en este hotel es bastante lujoso y era el único que contaba con habitaciones disponibles para pasar la noche.

---Ah ya veo---. Manifeste. 

   Tuve suerte en encontrar una habitación en el sunny palance es una lástima que mi estancia sea corta. Me hubiera gustado conocer un poco esta ciudad y también su museo señor Armstrong. También me he enterado sobre su próxima exhibición.

---Así es profesor Morris, es una pena que no se vaya a quedar para disfrutar de la exposición que voy a organizar. Y que se celebrara la semana entrante.

---Me hubiera encantado prolongar mi estancia, pero lamentablemente no me es posible---.Argumentó el profesor Morris.---Profesor Armstrong quiero que me acompañe a mi habitación necesito hablar con usted de algo importante, como se dará cuenta en mi carta decía que le quería mostrar algo sumamente valioso, también recordara que es una compensación por haberme prestado su servicio al usar ese don suyo------refiriéndose el profesor Morris con voz baja, pensando que lo hacía con la intención de que los invitados no oyeran aquella conversación sobre sus futuros hallazgos.

   El cual nada más asenté con la cabeza. 

---!Por favor sígame!---Indicó.

   Me condujo hacia unas escaleras cerca de donde se encontraba la entrada principal del hotel, pasábamos caminando entre mozos y los invitados, todos riendo y tomando copas de Champaign, todos vistiendo trajes de lujosa marca.  

   Cuando estábamos a punto de subir por las escaleras, uno de los mozos que se encontraba cerca de donde nosotros nos ubicábamos se paro para ofrecernos un par de copas llenas del exquisito licor que estaban sobre una charola de plata. Que al verlos el profesor Morris las tomo con sumo cuidado llevándoselas consigo hacia donde nos íbamos a dirigir.

   Subimos por esas escaleras que estaban adornadas por una alfombra terciopelada de color vino y con un barandal de un color dorado resplandeciente. Subimos hasta el segundo piso caminando entre la alfombra, dirigiéndonos a la parte derecha de la planta, pasando por las demás habitaciones que en ese momento se encontraban cerradas, dándome a entender de que todos se encontraban en el festejo. Avanzamos hasta que el profesor se paró justo frente una puerta de un color distinta a las otras de un color rojo carmesí que estaba hasta el fondo alejada de las demás habitaciones. Sacó dentro de unos de los bolsillos de su pantalón una llave pequeña plateada el cual inserto en la ranura de la puerta, suponiendo de que se trataba de su habitación.

   Logró abrirla con un solo giro del picaporte a pesar de que tenía con sus manos las dos copas de Champaign que hace unos minutos le había quitado al mesero.

---!Pase por favor profesor Armstrong---.Exclamó y cediéndome el paso; encendiendo el interruptor de la luz.

---!Gracias!---. Dije.

---Si gusta !por favor! tomar asiento en donde más le parezca----expresó caballerosamente el profesor Morris. Dejando las copas llenas de Champaign sobre una mesa pequeña que se encontraba en medio de dos sillones.

   El cual desde luego me acomode en un sillón tapizado de un color verde fuerte con las patas de una manera reciente cortada y embarnizada pintadas de un color café, dándole un estilo habitual que usan los londinenses. No mentía con decir que aquel hotel se hacían reservaciones para personas de una alta sociedad. Mientras el profesor Morris se acomodaba en otros de los sillones del mismo color de tapiz y con el mismo color de las patas de madera.

---Lo cite aquí profesor Morris porque hay algo que usted debería saber y que considero que aquel don suyo nos podría ser de gran ayuda. Como vera usted ha escuchado hablar de mí, así como también he escuchado hablar de usted---. Manifestó seriamente el profesor Morris. También quiero que sepa que todo lo que hablemos esta tarde y si es posible esta noche nunca salga de esta habitación, tal vez se preguntara porque abre escogido este dormitorio tan alejado y créame que para eso hay una respuesta.

---Pero dígame profesor Morris ¿en que? le puedo servir---pregunte.

---Cuando leí la traducción del papiro que me hizo usted el favor de transcribirlo. Me puse a meditar sobre acerca de lo que decía aquel caballero que lamentablemente padeció de una muerte dolorosa----Señalo el profesor.

---Y ¿Qué piensa profesor será cierto lo que dice el occiso de la cueva sobre que un ser que vino de las estrellas provocara una especie de pandemia sobre varios territorios europeos? ------pregunte con lleno de curiosidad.

---Tal vez pensara que este loco mi querido profesor Armstrong, pero si lo creó---. Contestó tranquilamente el profesor.

   Solté una pequeña carcajada al oír su respuesta y sin perder nada le expresé lo incrédulo que resultaba todo lo que decía aquel dichoso papiro.

---Le pido señor Armstrong que guarde respeto a lo que no entiende---. Dijó suplicando el profesor Morris con un tono de voz severo---. Si lo invite es porque quiero que sepa que este ser no es el único que ha estado en nuestro mundo y puede que haya otros. Desconozco si este ser que dice venir de las estrellas sea el mismo que intervino en otras etapas de nuestra historia.

   Recobre la cordura al percatarme su molestia en sus ojos y en su tono de voz. El profesor Morris se caracterizaba como un antropólogo profesional que se toma muy en serio sus investigaciones, no creía quisiera hacerme alguna broma conmigo.

---Perdóneme señor Morris, pero es para mí muy difícil creer lo que me esta diciendo.

---Señor Armstrong dentro de mi maleta tengo evidencias que quiero compartir solamente con usted acerca de este ser que dicen provenir de las estrellas. Y no se trata de un algún tipo de broma que quisiera hacerle---. Argumentó con seriedad en su rostro---. Ahora quiero enseñarle este pequeño libro que más que un libro es un diario de un soldado sobreviviente de la primera y segunda guerra mundial.

Publicado la semana 49. 06/12/2020
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