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JUAN EL ALBAÑIL(TERCERA PARTE)

   …eres tú Esthela…  Preguntó Juan. Pero la voz no le contesto. Solo habiendo un completo silencio. Alma seguía dormida en su habitación. Mientras por la mente de Juan pasaron una infinidad de posibles respuestas que pudieran explicar aquel suceso. Será posible, esa voz era muy parecida a la de su esposa.  Y aguardo acostado en su cama esperando a que lo volviera a llamar. Pasaron las once hasta que el reloj que estaba alado de su cama diera por ultimo las doce. Cansado de esperar se quedó profundamente dormido. Invadiéndolo otra vez el sueño.

   No había pasado una hora cuando Juan tuvo una horrible pesadilla que involucraba a su hija.

---¡Alma! --. Gritó. Levantándose de su lecho, con la cara escurriendo de sudor y con las cobijas envueltas a la mitad de su cuerpo.

   Es solo una pesadilla se dijo. Cada vez que caminaba hacia la habitación de Alma. Pero la pesadilla era tan real que quiso corroborar que Alma estuviera durmiendo en su cama. Miró por un buen rato a su hija quien yacía profundamente dormida con la cabeza aplastando su cómoda almohada de Hello Kitty.

   Otra lagrima volvió a escurrirle a Juan en su fría mejilla. No se rendiría no se daría por vencido haría lo que fuera por salvarla. Aceptaría cualquier trabajo con tal de preservar la vida de su hija.    

   Al siguiente día durante su descanso Juan se reunió con Jacinto en la planta del edificio la cual estaban construyendo.

---Jacinto necesitó hablar contigo ---. Voceo Juan.

---Tu dirás ---. Contestó su compadre. Quien se mantenía apilando las pesadas tarimas de madera que los demás trabajadores dejaban.   

---Veras necesitó otro trabajo ---. Manifestó con Juan desanimado.

--- Tengo uno que quizás nos puede sacar de pobres.

---¿Qué? tipo de trabajo es ese Jacinto. --- preguntó con desconfianza Juan.

--- No te preocupes. Es seguro compadre.

   Juan sintió un sudor frío recorrerle por toda su frente. La lengua la sentía amarga y seca. Como si hubiera…acabado de despertar de una horrenda pesadilla. Una pesadilla que involucraba a su hija.

---Ya está ---. dijó Jacinto. ---nos vemos a la medianoche en la estación del metro que esta a unas cuadras de tu casa.

---¡Vaya! hasta que al fin te decidiste---. susurró la voz de su conciencia. ---ni siquiera sabes qué clase de trabajo sea.    

    

Publicado la semana 47. 22/11/2020
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