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JUAN EL ALBAÑIL (SEGUNDA PARTE)

   El haber perdido a su esposa fue un duro golpe en su corazón y perder a su hija es como quitarle sentido a su vida. No toleraba la idea de que hombres buenos como él le sucedieran cosas tan desagradables como estas.

   Cerró la puerta con mucho sigilo, pensó en visitar la iglesia que estaba a unas cuantas cuadras de la colonia. Se sentía desesperado. No tenia idea de cómo conseguiría el dinero para la operación, pero sobre todo a alguien que quisiera donar una cuarta parte de su medula.

   La iglesia se encontraba vacía. No había una sola alma ni muchos menos se encontraba el nuevo padre que no hace mucho habia oficiado las primeras misas de esa primera semana de abril. Pero eso no le importaba. Dejó caer sus rodillas hacia el suelo con la boca emitió un pequeño pero agudo gesto de dolor y haciendo un ademan con sus manos hizo la señal de la santa cruz comenzando a orar.    

---Señor te lo imploró no te la lleves ---. Murmuró desconsolado Juan. Volteando a ver el cristo de madera que estaba arriba en el altar. Que también parecía mirarlo a él. Comprendiendo lo que le estaba pasando. Pasó toda esa mañana rezando, sin importarle llegar tarde a su trabajo.

---¿Qué te dijo el doctor? ---. Preguntó Jacinto amigo y compañero de Juan.

---Que mi hija se está muriendo ---. Contestó triste Juan.

---Tiene que haber algo ---. Preguntó desconcertado Jacinto.

…La hay.  --- respondió inmediatamente su amigo.

---Entonces. ---manifestó Jacinto intentando darle ánimos a su amigo.

--- Mi hija necesita a un donador. Y yo mucho dinero para que la puedan operar mi seguro no cubre esos gastos.

---Por eso no te preocupes tengo un trabajo que nos puede sacar de apuros.

…no te entiendo. Explícate.

---Mira compadre a veces ser bueno en esta vida con lleva al fracaso ---. Dijo Jacinto. --- te voy a ayudar a que tengas el dinero para la operación de tu chamaca.

…sigo sin entender. --- protestó Juan.

   Habia pasado una semana desde que visito el hospital, y la salud de Alma empeoraba cada día.  

---¿Qué voy a hacer? ---. Se dijo. Mientras escuchaba sollozar su hija.

---papi papi ---. Repetía Alma.        

---Si tan solo estuviera ella ---. pensó Juan. Cuantas cosas hubiera hecho si Esthela estuviera con ellos. Frustrado golpeo la mesa en la que estaba desayunando. Situación que asustó muchísimo a Alma. Quien se había levantado de su dormitorio. Con algunas lagrimas en los ojos.

Alma a pesar de una niña    

---papi papi ---. Continuaba repitiendo Alma. Sin que su papá le prestara atención.

   Juan continuaba vagando dentro de su mente, recordando una y otra vez. Cuando molía a golpes aquel uniformado. Ese mismo que de alguna manera había provocado la muerte de su esposa. Cuando se encontraba paseando por eje central y Lázaro Cárdenas, posteriormente de que salieran de esa ridícula tienda a la que su esposa le gustaba hacer las compras; cuando acaba su jornada en la vieja maquiladora. La que se encontraba en una difícil situación de huelga.

---Esthela ---. Susurró Juan. Por un momento cerro sus ojos, tapándolas con sus manos. Recordando lo bella que en vida fue su esposa. Como podía olvidar aquel hermoso rostro, ese rizado y castaño cabello y desde luego esos lindos labios. Esos gruesos y carnosos labios que alguna vez lo habían besado.

---Papi tengo hambre ---. Musitó Alma. Interrumpiendo los pensamientos de su padre.       

 ---Porque no aceptas la propuesta de tu compadre Jacinto ---. Pensó Juan. Mientras le preparaba el desayuno a Alma.

 ---Porque sigues dudando, que malo podría ocurrir. ---. Le preguntó la voz de su conciencia. ---el trabajo pronto va a acabar. y todos quedarían desempleados. Tendría que pasar un mes hasta que otro ingeniero quiera hacer una remodelación o una construcción.  

   Habia pasado dos noches en vela pensando en la reiterada propuesta de Jacinto. Quien se habia mostrado insistente ante él.  

---¿Qué trabajo es ese? ---. Se preguntaba mientras se acurrucaba alado de su almohada, con la vista dirigiendo hacia el negrecido techo de su dormitorio.

…Juan ---. Musitó una voz. Una voz que debía provenir en alguna parte de la habitación. Era una voz femenina idéntica a la de su difunta esposa.  

---¿Quién es? ---. Preguntó Juan sobre exaltado. Alzando su nuca contra la blanquecina almohada. Volteando a ver en todas partes.  

…Soy yo amor mío ---. Contestó suavemente la voz. Sin que Juan pudiera identificar de donde procedía. Todo estaba oscuro era como contemplar una oscura caverna e intentó llegar al encendido de la luz, pero la voz de una forma lo contuvo.

---No tengo mucho tiempo ---. Exclamó la misteriosa persona. ---salva a nuestra hija.

…Eres tú Esthela…Dijó. 

 

Publicado la semana 46. 15/11/2020
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