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SK

UNA LUZ AL FINAL DE LAS ESCALERAS (TERCERA PARTE)

---Será mejor que vayan a cenar dentro de sus habitaciones ---. Indicó la anciana mujer. ---- Pánfilo ya se encargo de darles de beber y de comer a los caballos. Para que mañana puedan irse a San Javier.

---Muy bien---. Dijo Luisa. Encerrándose en su habitación con su sirvienta y su hija. 

---Debió habérselo imaginado ama Marie ---. Dijo la sirvienta Cuquita.

---No ---. Reprocho Marie. --- les estoy diciendo la verdad.

---¡por favor ¡no insistas Marie ---. Manifestó molesta Luisa.

    Durante la cena las tres mujeres se mantuvieron calladas disfrutando de la comida. Marie no quiso probar bocado alguno. Su cabeza comenzó a dar vueltas. Empezando a sentirse mal.

---mamá mamá ---. Repitió Marie ---. Me duele mucho mi cabeza.

---Cuquita puedes buscar a la esposa de Don Maximiliano ---. Ordenó Luisa.

   La sirvienta salió de la habitación obedeciendo a las órdenes de su patrona. Camino por los largos y fríos pasillos. Cruzó por las rechinantes escaleras de madera, las cuales hace un año que no les daban mantenimiento.       

---Hace mucho frío ---. Musitó Cuquita colocándose su abrigo alrededor de su cuerpo.

   Ya habían pasado tres horas y Marie se quedo dormida postrada en la cama con las cobijas revueltas encima.       

---Me duele la cabeza ---. Murmuraba Marie con voz entre cortada. Meciéndose de un lado para otro.

   Luisa entre la preocupación y su ansiedad, su cabeza no sabía que hacer.

---Sin tan solo estuviera Enrique ---. Se decía mientras intentaba orar. Pero dentro de su habitación empezó a sentirse un frío intenso. Que las palabras que salían de su boca se convertían en aire.

   Las flamas de los quinques estaban a punto de apagarse, dejando en total penumbras a Luisa y a Marie. Hasta que se escucho un grito que debió escucharse por todo el lugar. Alarmando a la vieja sirvienta y a los dos dueños de la casa.

---¿Qué le ocurre a Doña Luisa? ---. Preguntó el joven cochero. Quien se despertó al escuchar el aterrador grito. 

---No lo se ---. Contestó Cuquita. Al subir rápidamente hacia las escaleras, encontrándose con el joven conductor.

---La puerta del cuarto esta trabada ---. Voceo Luisa desde adentro.  

…espere ---. Indicó Cuquita.

   Mientras el cochero y Pánfilo intentaban en vano abrirla.

---hace mucho frío ---. Dijo aterrada Luisa.

   Los dos hombres seguían forcejeando con la puerta de madera, en tanto Luisa buscaba entre la oscuridad la caja de fósforos que habia dejado sobre la pequeña mesita que estaba a un lado de su cama. Para Luisa la habitación se había convertido en un enorme congelador, iguales a los que usaban en los rastros que tenia su padre.

   Pudo recordar cuando estaba a punto de perder la vida al estar jugando en el congelador de su padre, se quedó atrapada por treinta minutos cuando la puerta del rastro se cerró por accidente. El aire gélido de la nevera comenzó a calarle todos los huesos de su cuerpo empezando con las de sus brazos. Los labios poco a poco fueron cambiando a un tono morado. Aquel frío era tan intenso que por un momento creyó que ahí moriría.

   Recargó su pequeña espalda sobre la puerta, cerro sus ojos y pudo sentir como los latidos de su corazón fueron apagándose lentamente. Afortunadamente su padre escucho sus gritos de ayuda desde su oficina. La cual estaba no a más de un metro de distancia.

   Luisa tuvo que pasar dos semanas en cama. El frío aire del congelador del rastro habia afectado parte de su pecho y a uno de sus pulmones. Provocándole una hipotermia.

Publicado la semana 39. 27/09/2020
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