34
SK

OTRA GRIETA EN LA PARED

                                           1

   Mi papá esta mañana se levantó sudoroso de la cama. Desde la muerte de mi mamá, dejó de ser el mismo.

Hubo un par de noches que no me dejó dormir. Pasando la mitad de la noche despierto. Se levanto sobre exaltado diciéndome de que el muro de lado oeste de la casa se estaba cuarteando y que necesitaba que termináramos cuanto antes de colocar las ultimas hileras de tabiques en el ala derecho de la casa.

   Pude convencerlo de que durmiera. No sin antes prometerle de que hablaríamos a la mañana del siguiente día.

   A pesar de que me encontraba algo cansado me fue difícil conciliar el sueño. Dormí horas más adelante después de que los primeros rayos del alba entraran por mi ventana e iluminara el lado derecho de mi cara.

   Fue como a eso de las diez. Cuando mi papá entro a mi habitación y me levanto de mi lecho.

---Ed… Ed …Ed ---. Repetía mi padre.

---¿Qué? Sucede ---. Conteste malhumorado al verme interrumpido de mi regocijante sueño.

---Necesito que me ayudes a pegar los últimos tabiques. En la pared de frente. Mientras restauro las grietas del muro del lado oeste.   

--- Necesito descansar ---. Argumente. Cubriéndome mi rostro con las gruesas cobijas de mi cama.

---Es que tu no lo comprendes ---. Replicó molesto mi papá. --- sino pegamos esos tabiques. ¡no estaremos a salvo! ¡nunca!

…a salvo de que ---. Pregunté. Sin quitarme las cobijas sobre mi cara.

---De lo que se avecina.

   En ese momento no entendía a que se refería mi papá. Tuve que entenderlo hasta mi vigésimo cumpleaños. Habíamos levantado un muro de por lo menos treinta metros por todo alrededor de la casa. Habíamos avanzado mucho en estos meses. Fue una pesada labor que habíamos iniciado mi padre y yo. Posteriormente de que falleciera mi madre a causa de un ataque de asma crónico. Un amargo y doloroso recuerdo que me gustaría hablar de eso. En otra ocasión.  

   Ante las insistencias de mi padre; frustrado me levante de mi cama. Después de desayunar mi acostumbrada merienda. Me fui a cambiar mi ropa de dormir por mi ropa de trabajo. Me coloque mi azulado y engrasado overol con el que solía usar en el taller mecánico que mi papá vendió para comprar lo necesario para construir el muro.

   Durante esas ultimas semanas de agosto, el muro estaba a una altura de casi cuarenta y cinco metros. Me sentía como animal encerrado en una jaula de concreto. Mi papá y yo nos estábamos apartando del mundo. No habia un espacio libre alrededor de la casa que nuestros ojos no vieran aquella enorme barda de concreto. El cual habíamos estado construyendo por dieciocho años.

                                            2

---¡Al fin! ---. Exclamo mi papá.  Pude oírle decir eso después de casi veinte años de que termináramos de levantar aquella enorme pared. Que ahora debía medir cincuenta metros sino hasta más. Soy muy malo para calcular.

   Al siguiente año empezamos a construir en el patio trasero de la casa nuestra propia hortaliza. Podía sentir como mis manos habían encallecido. No me fue difícil a acostumbrarme al duro trabajo que mi papá me imponía.

…A salvo de ¿qué? Era la única pregunta que se me venía en mi mente cada vez que excavaba con el azadón la ennegrecida tierra para la hortaliza.

---El mundo es un lugar frío y muy peligroso ---. Decía mi padre. Cuando resanaba alguna una grieta en la pared. --- el mundo es un lugar muy cruel. Que siempre… siempre esta llenó de guerras y enfermedades. Me arrebato a mis padres luego a mi esposa.  

   Mi papá se habia transformado en una persona resentida con el mundo. Habia pasado más de la mitad de su vida encerrado, como una tortuga dentro de su caparazón. Manteniéndose alejado de cualquier persona. De cualquier situación. La vida lo habia compensado golpeándolo duramente. Es difícil pensar que la vida a veces suele ser injusta.

   Mi papá falleció un trece de octubre de ese año dos mil dieciocho. A una edad de sesenta años. Encerrado en una impenetrable fortaleza. Sentando en su vieja mecedora de madera mirando lo que hace tiempo habíamos construido. El y yo.  

   Su corazón dejó de latir cuando sus blanquecinos cabellos sintieron el aire fresco de ese atardecer.   

   Han pasado cinco años desde el fallecimiento de mi padre. Ahora me doy cuenta de que el mundo han cambiado muchísimo. Ya no solía ser como antes. Un cielo limpio y azulado lleno de blancas nubes parecidos a los algodones de azúcar que venden en la feria. Los días de celebrar la navidad y la pascua se han acabo, así como también los días en que la comida y el agua eran abundantes.          

   Mi papá tenía razón el mundo se habia convertido en un lugar inseguro plagado de monstruos y de ratas.   

   Es un alivio saber que mi hortaliza está dando sus cosechas, afortunadamente las lluvias han sido constantes que han llenado el pozo a más de la mitad, el que meses adelante construí después de que mi papá muriera. Tengo suficiente munición de escopeta para acabar con todo aquel que se atreva a traspasar mi barda.

   Mis ojos…mis ojos parecen a los de un gato, desde que la compañía de luz me corto el suministro. Mis ojos se han adaptado a la inmensa oscuridad que hay en el interior de mi casa. Por lo que tuve que recurrir al antiguo invento del hombre. El candelabro.

   Fue a finales del mes de noviembre cuando escombre las pertenencias que había en el sótano de nuestra casa, y halle en el interior de una de las sucias y corroídas cajas de cartón. Lo que posiblemente sería la punta del iceberg lo que probablemente fue lo que desencadeno el resentimiento de mi padre hacia el mundo.

   La noticia me cayó como balde de agua fría. Obligándome a vivir enclaustrado como animal dentro de su madriguera; tal como lo hizo más de medio siglo mi papá. Perdiendo toda esperanza y fe en la humanidad.

 

Publicado la semana 34. 23/08/2020
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
34
Ranking
0 17 0