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LA FE NO ES PARA LOS DEBILES (TERCERA PARTE)

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---Sujetad fuerte a Don Ricardo --. Ordenó Don Alejandro a los tres mozos. ---Luvic preparad un calmante para el hijo de Don Esteban.

   Los tres mozos continuaron tomándolo por ambos brazos, obedeciendo a Don Alejandro. En tanto Luvic vertía dentro de un frasco transparente una variedad de opciones de diferentes colores combinándolos hasta llegar a un color verde pálido.  

---Apresúrate con ese sedante ---. Insistió Don Alejandro. Quien miraba atónito como Don Ricardo se quitaba a sus tres sirvientes que parecían muñecos de trapo alado de él.  

---Esperad ---. Contestó intranquilo el galeno, vertiendo el líquido verduzco dentro de una jeringa de metal que saco dentro de su maletín de cuero, que siempre trae consigo.

---Es muy fuerte Don Alejandro --- protesto Fabian. 

---Don Alejandro sujetadle el antebrazo derecho ---. Indico Luvic.

---Como es que tiene tanta fuerza Don Ricardo ---. Exclamó sorprendido Don Alejandro.

---¡No lo sé! ---. Exclamó sorprendido el galeno. Introduciéndole el contenido que habia en la metálica jeringa en el ante brazo derecho de Don Ricardo.  

   Pasaron cinco minutos para que el sedante produjera efecto en Don Ricardo. Llevándoselo los tres mozos hacia su habitación. Dejándolo acostado y atado pies y muñecas por lo extremos de madera de su cama.

---Explicadme Luvic ¿Qué sucedió? ---. Preguntó desconcertado Don Alejandro.

…No sabría explicarle.

---es el diablo Doctor ---. Replicó otro de los mozos santiguándose.

---no… tiene que haber una explicación … ---argumentó Don Alejandro. Rechazando la idea.

---Miré lo que encontré en el despacho de Don Ricardo ---. Manifestó Catalina. Entrando a la habitación. Con el rostro desencajado y pálido. Llevando entre en sus manos lo que parecía ser un libro viejo. --- Don Alejandro… es cosa del demonio ¡compruébelo usted mismo!

   Don Alejandro tomó con sus manos el obsoleto libro. Que la sirvienta entregó. La portada olía a pasta rancia, y sus hojas soltaban una estela de polvo. Haciendo que Don Alejandro estornudara una fracción de segundos.  

---¿Qué clase de libro es ese? ---. Preguntó asustado Luvic. Sintiendo con sus dedos la endurecida pasta negra del libro.  

   Los mozos y Doña Catalina se santiguaron al contemplar en una de las hojas del libro, una serie de dibujos que eran desconocidos ante su vista. Quedando boquiabiertos el joven médico y la servidumbre. Dibujos parecidos a los códices aztecas que encontraron durante la conquista.

---Debe ser un manuscrito ---. Señalo Don Alejandro. --- debemos investigar más a fondo amigo Luvic. --- conozco a alguien quien nos puede ayudar. Quizás eso explique el raro comportamiento de Don Ricardo. Vayamos a la casa de Don Gonzalo.  

   Luvic y Don Alejandro salieron inmediatamente de la casa de Don Ricardo, subieron al carruaje y ordenaron al cochero dirigirse hacia a la casa de Don Gonzalo. Quien era otro amigo de Don Alejandro. Su casa se encontraba a dos cuadras de donde estaban.

   Don Gonzalo era muy conocido como el intelectual de la corte de España. Fue uno de los primeros frailes franciscanos que llegaron al nuevo continente mucho antes de que Hernán Cortes lo conquistara. Abandono sus votos como fraile después de contemplar como miles de personas fueran asesinados por el ejército español. Decidió dedicarse a estudiar varias ciencias entre ellas las artes ocultas, haciéndolo a escondidas del santo oficio.

---si hay alguien que nos puede ayudar ese es Don Gonzalo ---. Exclamó intrigado Don Alejandro con la mirada perdida hacia el lado de su ventanilla.      

---¡Llegamos! ---. Voceo el cochero. Deteniéndose frente a una lujosa casona.

---¿Es aquí Don Alejandro? ---. Preguntó Luvic. Bajando del carruaje.

---si ---. Afirmó Don Alejandro haciendo un ademan con la cabeza.

---¡Don Alejandro! Me alegra que vos me haya visitado ---Dijo alegremente Don Gonzalo. Abriendo el portón de metal de su casa. ---¡por favor! Pasad a mi casa.

   Le agradezco que nos haya recibido Don Gonzalo. Pero necesitamos de su ayuda.

---Usted dirá Don Alejandro…

---Reconoce esto Don Gonzalo ---. Dijo Don Alejandro. Mostrado el viejo libro a Don Gonzalo.

---¿Dónde? habéis conseguido este libro Don Alejandro ---Manifestó palideciendo Don Gonzalo.

---En casa de Don Ricardo ---. Respondió Don Alejandro. --- ¿se encuentra usted bien Don Gonzalo?

…este sí…Don Alejandro. ¡por favor! Tomad asiento.

…Gracias Don Gonzalo.

---Como os pregunte ¿Dónde? habéis conseguido ese libro Don Alejandro.

--- ya a veis escuchado a mi doctor. En casa de Don Ricardo, es por eso que vengo a que nos pueda dar una explicación a lo que le ocurrió a Don Ricardo y a que se refería al de las estrellas. Y qué relación tiene este libro.

--- ¡Dios mío! Don Alejandro no sabéis lo que me pides ---. Protestó Don Gonzalo levantándose exaltado de su asiento. Volteando su mirada hacia la pintura que estaba colgada sobre la pared trasera de su despacho. Una pintura que habia mandado hacer a su esposa a la que no hace mucho tiempo habia muerto a causa de un brote de sarampión. ---hay cosas que deben mantenerse ocultas Don Alejandro.  

--- sigo sin entender ---. Replicó Don Alejandro. Levantándose también de su asiento. Acercándose hacia Don Gonzalo. Quien no dejaba de contemplar la bella pintura. 

…Es mejor que no lo entiendan. 

---Necesitamos una explicación Don Gonzalo---. Argumentó Don Alejandro.

---las explicaciones que ustedes necesitan no están en ese libro…

…entonces ayúdenos … se lo suplicó Don Gonzalo. Necesito cumplir mi promesa que le hice a Don Servando. Y temó que su hija corra un grave peligro. Alado de Don Ricardo.

---a costa de su propia vida ---. Preguntó Don Gonzalo volteando a ver la cara de Don Alejandro.

---Sí ---. Afirmó Don Alejandro.

   En verdad es muy necio Don Alejandro. ---Manifestó Don Gonzalo. --- Esta bien… se lo diré… Ese libro fue escrito por otro compañero franciscano que habia pertenecido a la misma compañía a la que pertenecía. Quienes habíamos sido seleccionados por el hermano Fray Bernardino de Sahagún. Y que tendríamos la obligación de acompañarlo durante el viaje al nuevo mundo. Que Don Cristóbal habia descubierto durante su regreso a China. Bajó las ordenes de la reina Isabel I y del rey Fernando quienes se habían interesados por conocer todo acerca de aquellas personas. Supongo que les habia interesado todo lo que les habia contado Don Cristóbal.    

   Llegamos ese doce de octubre de mil cuatrocientos noventa y dos. desembarcamos a la orilla de la isla usando algunos de los botes salvavidas de madera que se encontraban justo a un costado de la carabela en la que viajamos.

   Para asombró de todos nosotros cuando pisamos tierra firme nos hallábamos parados rodeados de esa misteriosa gente. Un sudor frio empezó a recorrerme toda mi frente. Nos sentíamos algo nerviosos y temerosos a la vez. Fray Bernardino le temblaba las manos. Mientras Don Cristóbal de alguna manera intentaba interactuar con aquellas personas.

   Tuvieron que pasar dos o tres años para que nos ganáramos su confianza, fue muy impresionante, ver los palacios de Tenochtitlan. Bajó un azulado cielo y limpio de nubes, haciendo que en ese momento el paisaje se viera más surrealista. Fuimos recibidos por uno de los vasallos de Moctezuma. Quien se mostró atento con nosotros y que fue una gran ayuda tanto para Fray Bernardino como para Fray Tomás…si el mismo que escribió aquel maldito libro. El que ahorita lleva en sus manos Don Alejandro.

Publicado la semana 27. 05/07/2020
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