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LA FE NO ES PARA LOS DEBILES(SEGUNDA PARTE)

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---¡Hay Doña Beatriz! Me honra su presencia ---. Dijo afligida Doña Estefanía. --- hay muchas cosas que os me gustaría decirle.

---¡Podéis contar conmigo que soy vuestra amiga! ---. Manifestó mi esposa. Para que Doña Estefanía le tuviera confianza, para que le platicara aquello que la aqueja.

¡Muy bien! Os pediré a una de las sirvientas que nos lleve el té a mi habitación. Ahí podremos conversar sin que nadie nos moleste ¡Doña Beatriz!

Mi esposa y Doña Estefanía se dirigieron a su habitación, abandonaron el despacho de Don Esteban y como se lo habia dicho. Una de las sirvientas les trajo el té. Dejándoles la charola de plata, sobre su aparador. Fue cuando Doña Estefanía hizo aquel comentario que lleno de miedo a mi queridísima esposa.

Doña Beatriz me gustaría confesarle de algo sumamente importante y que creo que usted debería de saberlo. La pobre de Doña Estefanía se veía muy afligida y pálida como un terrón de azúcar.   

---¡Doña Beatriz! Tengo miedo últimamente de mi propio hijo Ricardo. Cuando he pasado por su cuarto, siempre lo he escuchado hablando con alguien. Cuando entró para ver de quien se trata. Esta solo. ¿Me estaré volviendo loca?

La pobre de Doña Estefanía al acordarse de aquello no pudo más y rompió en lágrimas, que mi esposa tuvo que consolarla.

---¿Cuándo ocurrió? ---. Preguntó Don Servando. Lanzando bocanadas de humo en el aire. Mostrándose nervioso ante Don Alejandro.

---Después de la muerte de Don Esteban ---. Dijo Don Alejandro---. La pobre quedó desecha tras enterarse de la muerte de su hijo Sebastián, ya se imaginará que ella ya nunca fue la misma. --- ¿Qué?  le sucede Don Servando. Lo notó muy nervioso.

Don Servando no pudo esconder su nerviosismo. Temblándole sus manos. Tirando su puro en dos ocasiones hacia el piso de madera de su despacho. Con la punta encendida. El cual parecía un incandescente círculo rojo en medio de las tinieblas. Recogiéndole segundos más adelante Don Servando.   

 Don Alejandro pensó que su amigo parecía un cadáver viviente. Al ver como su animó se había deplorado.

---Amigo mío ¿se siente usted bien? ---. Preguntó preocupado Don Alejandro. Quitándose el puro de la boca.

---Si ---. Repuso Don Servando. Sirviéndose una copa de vino. El cual sustrajo del banquete, sirviéndole también a su amigo.

---¡no hay mejor medicina que una buena copa de vino! ---. Manifestaron Don Alejandro y Don Servando al mismo tiempo.  Llevándose el delicioso licor a su boca.

---Mañana tengo que partir hacia la India, y espero que me acompañes hacia el embarcadero para despedirnos. ---Dijo Don Servando triste.

---Desde luego que sí no faltaba más ---. Replicó Don Alejandro. Quitándose la copa de vino de la boca. ---¿de negocios?

---si --- manifestó su viejo colega. ---me gustaría pedirlos un favor.

---¡usted dirá! --- repuso intranquilo Don Alejandro.

Prométame que vigilara al hijo de Don Esteban y que cuidara a la que es la luz de mis ojos. A mi hija Soledad.

¡Se lo prometo Don Servando! Pero ¡hombre! Me lo dices como si jamás volvieras a regresar. Me preocupa que digas esas cosas.

Esta vez hablo en serio querido amigo, y me preocupa que mi hija se haya casado con un… asesino. Y lamento no estar ahí para protegerla. Es lo único que me queda después de que mi esposa falleciera. Lamento también que mi esposa Doña Esperanza nos haya abandonado.

---Lamento por tu perdida amigo ---. Exclamó Don Alejandro. Tratando de consolar a Don Servando.

A la mañana siguiente como se lo habia dicho Don Servando a Don Alejandro su amigo partió rumbo a la India. Para establecer uno de sus tantos negocios y de paso importar y exportar finas telas, especies y oro. Un viaje que nunca regresaría, por que el barco fue asaltado por piratas, desatándose una feroz batalla entre españoles y saqueadores. Herido por una bala perdida que le dio directo al corazón cayó muerto Don Servando. Matándolo al instante.

Don Alejandro enterado de su fallecimiento del quien alguna vez fue su amigo, fue a cumplir con la promesa que le hizo en vida a Don Servando. Esa noche cuando le conto su mayor miedo.

---¡Doña Soledad! Lamento mucho lo de su papá ¡créame! ---. Dijo Don Alejandro, consolando a Doña Soledad.

---¡Gracias! ¡Don Alejandro! Por su palabras ---. Dijo sollozando Doña Soledad. Con algunas lágrimas rodando por sus mejillas.

---también vengo a cumplir con mi promesa de vuestro padre---. Acabo de manifestar Don Alejandro.

---¿De qué? ---. Preguntó sorprendida Doña Soledad secándose las lágrimas de sus ojos.

--- De Don Ricardo ---. Contestó.

---de mi esposo --- replicó Soledad molesta. ---¿Cómo vos se atreve atentar contra la honra y dignidad del que hoy es mi esposo?

---No pretendo poner en duda la moral de Don Ricardo. ---explicó Don Alejandro sereno.

…Os pido mideis sus palabras Don Alejandro ---. Suplicó la joven malhumorada. Secándose las pocas lagrimas que se quedaron en sus mejillas.

---Solo cumplo lo que le prometí a vuestro difunto padre.

---a ¿qué se refiere Don Alejandro?

---solo puedo decirle que tenga mucho cuidado con Don Ricardo ---. Repuso Don Alejandro. Temblándole sus manos.

---¿Por qué? Os empeñas a atacar a mi esposo de esa manera ---. Preguntó molesta Doña Soledad. Levantándose del acolchado sofá del despacho.

---aquí es el lugar donde su padre y yo tuvimos nuestra ultima platica; fumamos puros traídos de Cuba y bebimos un exquisito licor. Le pido Doña Soledad que esta conversación quede encerrada en estas paredes de este despacho y desde luego entre nosotros dos, le suplico que en memoria de vuestro padre no comente nada a su esposo.  

---le suplico Don Alejandro que me hable con la verdad ---. Expresó Doña Soledad.

Su difunto padre y yo tenemos la sospecha de que su esposo pueda estar implicado en la muerte de sus padres y de su hermano; vuestro padre me hizo prometerle que la cuidaría.

Le agradezco por su preocupación Don Alejandro, pero no creo que mi marido este involucrado en esos crímenes tan atroces. ---asevero Doña Soledad despreocupada.

---¡eso ruego Doña Soledad! ---concluyo Don Alejandro. Levantándose de su asiento. Pasándose a retirar del despacho acompañándolo una de las sirvientas hasta la entrada.

La noche del siguiente día un grupo de soldados españoles que hacían su ronda, encontraron a Don Alejandro herido con una bala en el hombro derecho. Dejándolo postrado en cama durante tres semanas. El grupo de soldados llevaron al herido Don Alejandro al consultorio de un matasanos que se encontraba a una cuadra de la calle por donde lo habían recogido. Un doctor poco reconocido que provenía en alguna parte de Francia, y que habia puesto su consultorio por esa zona, el nombre de ese doctor era Luvic. Que al enterarse de la condición de Don Alejandro. Este lo atendió enseguida, desatendiendo a otro de sus pacientes. Afortunadamente la bala no daño ningún órgano vital.  

---¿Cómo sigue Don Alejandro? ---. Preguntó el joven galeno.

---Sigo vivo es lo que importa ---. Contestó riendo Don Alejandro. Posando su adolorido cuerpo bajo el calor de sus sabanas, pegando su cabeza contra el almohadón de plumas.

---Gracias a dios que pude sustraer la bala con una de mis pinzas. Es una fortuna que el asesino tenga mala puntería. ---¿reconoció al que lo hirió?

---No, todo estaba oscuro que apenas si los faroles alumbraban el camino. Sin embargo…

…Sospecha de alguien ¡cierto!

---si---. Respondió Don Alejandro. Reflejándose la cara de Don Ricardo dentro de su cabeza.

---¿lo conozco?

---no---. Asintió con la cabeza Don Alejandro.

Acepté mis sinceras condolencias Don Alejandro supe lo de su amigo. Don Servando.

---¡es una pena! ---. Exclamó Don Alejandro. --- joven amigo ¿piensa usted prolongar su estancia en la nueva España?

---¿Por qué Don Alejandro? ---. Preguntó el matasanos.

---necesito de su ayuda amigo mío ---. Protesto Don Alejandro. Recargando su espalda, en la cabecera de su cama, aguantándose el dolor del hombro de su lado derecho. --- quisiese que me acompañara a ver Don Ricardo.

---al hijo del fallecimiento Don Esteban ---. Replicó exaltado Luvic. --- desde luego, pero antes debe usted recuperarse.

¿Gusta un habano doctor? Son de Cuba.

No fumo Don Alejandro… y usted tampoco debería.

   Transcurrieron tres semanas para que Don Alejandro se recuperara de su herida, dejándole una cicatriz poco visible y permanente. Recordándole de que su vida estaba a punto de acabarse.

   Don Alejandro se dirigió a la casa de Don Ricardo. Acompañándolo el medico francés tal Como se lo habia prometido. Prologando su viaje a Francia. Tomaron un carruaje fuera del pórtico de la casa de Don Alejandro, y partieron con dirección a Tlatelolco. Cruzaron por las empedradas calles y avenidas. Las cuales se veían transitadas por algunos caballeros quienes iban acompañados de sus elegantes esposas.    

---¿Cree que el hijo de Don Esteban tuvo que ver? --- preguntó Luvic.

---¡no lo sé! para ser sincero no sé qué pensar. Es por eso por lo que necesito de su ayuda, necesito a alguien de confianza.

---hare todo lo que pueda ---. Manifestó sereno Luvic manteniéndose desde su asiento.

---Llegamos Don Alejandro---. Voceo el cochero.  Estacionándose delante de las viejas ruinas de lo que una vez fueron de Tlatelolco. Las tres culturas. Bajando Don Alejandro y el Galeno.

   Llegaron acabo de una hora parados a unos cuantos centímetros de la puerta de la casa de Don Ricardo, tocaron el viejo aldabón dorado que estaba pegado en la puerta de madera. Abriéndoles una de las sirvientas que al ver a Don Alejandro y al médico francés, esta se echó a llorar, quienes al contemplarla. Don Alejandro corrió abrazarla. Reconociéndola era Catalina, la sirvienta que le habia contando la situación que vivía su amo Don Ricardo.

---¡por favor! Don Alejandro tranquilice al joven Ricardo esta hecho una furia ---. Dijo la joven criada sollozando.

---¿Qué le sucede al hijo de Don Esteban? ---. Preguntó con impaciencia Don Alejandro.

   No sabría decirle, en un momento para otro le dio un ataque de histeria, arrojando cuanto objeto estuviera a su alcance. Los criados trataron de tranquilizarlo, pero… el patrón no pudo contenerse que lastimo a uno de ellos soltándole un duro golpe que le dio directo a la cara. El pobre ni siquiera tuvo tiempo para defenderse.

…y ¿Doña Soledad? ---. Interrogo nervioso Don Alejandro.

---Ella se encerró en su habitación ¡Don Alejandro! ---. Contesto Catalina, con voz entre cortada.

   Sin un minuto que perder el galeno y Don Alejandro entraron corriendo a toda prisa a la casa, dejando sola a la sirvienta lamentándose. Los dos hombres corrieron cruzando el largo pasillo de la planta de arriba. Subiendo por las alfombradas escaleras de madera. Dirigiéndose hacia donde se escuchaban los fuertes gritos que vociferaba el dueño del lugar. Caminaron despacio para no atraer la atención de Don Ricardo, mientras Don Alejandro dentro de uno de los bolsillos de su abrigo sacó un fusil. El cual trajo por si tuviese que proteger a la única hija de su mejor amigo. Avanzaron hacia la habitación que estaba alumbrada con un candelabro.

   Doctor y paciente pudieron apreciar como Don Ricardo entre maldiciones y blasfemias pedía a su servidumbre que lo soltara.

---Don Ricardo ¡por favor! Tranquilícese ---. Suplicaba uno de los criados. Quien no dejaba de sujetarle el antebrazo.

---¿Cómo es posible? Que una persona pueda con tantos ---. Preguntó Don nervioso Don Alejandro.

---es imposible ---. Contestó sorprendido el francés ---. En mis años de servicio nunca he visto algo similar.

---el prometió que me lo daría ---. Protestó Don Ricardo arrojando furioso al criado que le sujetaba del antebrazo hacia su escritorio.

¿Quién? ---. Interrumpió Luvic.

…El de las estrellas.

…el de las estrellas ---. Repitió Don Alejandro.

Publicado la semana 26. 28/06/2020
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