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LA FE NO ES PARA LOS DEBILES (PRIMERA PARTE)

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   En la Nueva España corría el año mil quinientos treinta. Seis años después de la caída del imperio azteca. Dentro de uno de los palacios que se ubicaba a unos cuantos metros en las ruinas de Tlatelolco (que años más adelante se convertiría en un edificio mandado a construir durante el sexenio de Adolfo López Mateos). Se estaba celebrando la boda de la feliz pareja Don Ricardo de Esparza y de Doña Soledad Guadalupe. Matrimonio joven de clase adinerada y familia procedente de España.

   Don Ricardo habia llegado a la Nueva España un año antes con la intención de establecerse y de hacerse de su fortuna y desde luego tener una familia.

   Esa noche todo era dicha y felicidad pensaba Don Ricardo. Hasta que en su mente se le vino la clara imagen de su hermano Sebastián quien lamentablemente asesinaron destrozándole el cráneo con un candelabro de metal sobre su cabeza. Y que las autoridades españolas no pudieron aclarar los hechos, dando por cerrada la investigación. Fue un crimen sin testigos decían al interrogar a cada uno de la servidumbre.

---¡Don Ricardo! Enhorabuena ---. Dijo Don Servando. Sacando a Don Ricardo de sus pensamientos.

---Le agradezco muchísimo Don Servando ---. Contestó Ricardo confundido.

---¿Se encuentra usted bien Don Ricardo? ---. Preguntó preocupado Don Servando.

--- Si Don Servando se lo agradezco.

---debería estar contento por fin obtuvo lo que tanto deseaba. Que es la mano de mi hija Soledad. En un momento pensé que mi hija terminaría casándose con…  

…Con mi hermano ---. Dijo Interrumpiendo Don Ricardo malhumorado.

---¡Sí! ---Exclamó apenado Don Servando. Agachando su vista hacia su copa de vino.

---Yo también creí eso ---.  Dijo Don Ricardo con expresión serio.        

---todos los que conocíamos a su hermano y a mi hija sabíamos que se querían mucho, demostraban profesando su amor a los cuatro vientos. Todos los días la gente los miraba con ternura y también con mucho recelo. ¡Es una pena!

--- no se preocupe Don Servando yo entiendo y comprendo que mi hermano fue un caballero muy apuesto y que las bellas doncellas de la corona y de toda la Nueva España, morirían por tenerlo como esposo. --- Manifestó Don Ricardo con una mirada de odio contenida en sus ojos. Percatándose el viejo Don Servando quien se alejó del joven Ricardo. Acercándose hacia su viejo amigo de negocios Don Alejandro quien estaba pasando en compañía de su hermosa esposa Beatriz.

   El palacio se vestía de gala, las mejores familias y los reyes de la corona estaban presentes disfrutando del exquisito banquete y de los suculentos vinos que se encontraban puestos encima de la rustica mesa tallada en roble por lo mejores carpinteros. Mientras los músicos seguían tocando a todos los asistentes quienes iban llegando. Amenizando el salón entero. El cual estaba iluminado por varios candelabros. Con las ventanas tapizadas por las mejores telas importadas de China. Todo era alegría y diversión.  

   Me alegra que nos honre con su presencia Don Alejandro.

---No podía faltar al banquete real de la boda de la hija de mi mejor amigo ---. Expresó Don Alejandro. Esbozando una mueca de felicidad. ---¿Qué tal su relación con su nuevo yerno Don Servando?

---me gustaría hablar de eso en privado viejo amigo ¡si usted me lo permite ¡---. Dijo Don Servando.

---¿De qué se trata Don Servando? ---. Preguntó desconcertado Don Alejandro.

¡vayamos! a mi despacho ¡por favor ¡Don Alejandro!

   Sí por supuesto, nada mas le suplico que me permita acompañar a mi querida esposa al banquete y luego me reúno con usted después.

---Muy bien---. Asintió Don Servando. --- Lo esperare en mi despacho.

   Pasaron unos minutos para que Don Alejandro de Cortez. Hermano no reconocido por el que alguna vez fue el conquistador del imperio Tenochtitlan. Hernán Cortez Se dirigió al despacho de Don Servando, quien lo estaba esperando impaciente.

---¡Don Servando me os permite pasar a vuestro despacho! ---. Dijo Don Alejandro tocando la puerta.

--- Si pasad, Don Alejandro ---. Suplicó Don Servando con impaciencia, levantándose de su asiento.

---¡Gracias, amigo!

---¿Qué? ¡hacéis parado tomad asiento! ---. Dijo Don Servando preocupado. --- Don Alejandro necesito hablar con usted de una pena que me a queja muchísimo y que le suplicó a nombre de dios y de vuestra amistad no revelarla a nadie ni a su vuestra queridísima esposa suya.  

---No, por supuesto que no Don Servando ---. Replicó Don Alejandro preocupado por su viejo amigo. 

   Don Alejandro antes necesito hacerle una pregunta.

… ¡Usted dirá! ---. Repuso su amigo.

---¿Conociste a Don Esteban?

---“el conquistador” ---. Contestó Don Alejandro algo sorprendido.

---si él ---. Asentó Don Servando.

   El conquistador era el sobre nombre que Don Servando y Don Alejandro le pusieron a Don Esteban por ser el caballero más apuesto y deseado por las damas de toda Nueva España. Siguiéndole Don Alejandro y Don Servando. Heredándolo también su hijo Sebastián.

---Porque lo pregunta Don Servando ---. Preguntó intrigado Don Alejandro.

---Todo a su tiempo querido amigo, todo a su tiempo ---. Contestó Don Servando. Sacando dentro de su escritorio una caja de madera llena de puros, ofreciéndole a su acompañante.

¿Son de Cuba? ---. Preguntó Don Alejandro.

---Así es amigo mío---. Aseveró Don Servando.

---¿Qué es lo que lo atormenta Don Servando? ---. Preguntó Don Alejandro pasándose el puro por la nariz.

---de mi yerno.

---¡Don Ricardo! ---. Exclamó exaltado Don Alejandro.

---si de él. ---. Asentó con la cabeza Don Servando.

---¿Por qué? viejo amigo sospechas algo.

---tú sabes ¿Cómo? Murieron sus padres.

---Si ---. Afirmó Don Alejandro. Encendiendo su puro con ayuda del candelabro que posaba sobre el escritorio de Don Servando. ¡Es muy curioso!

---¿Por qué lo dices? ---preguntó Don Servando, encendiendo también su tabaco.

   Esteban murió de la misma forma que su hijo Sebastián. Los encontraron en su despacho con el cráneo partido a la mitad. Las autoridades no pudieron dar con el asesino. Interrogaron a las sirvientas y a todos los criados de la casa, nadie al parecer no vio ni escucharon nada. Hallando tirado un candelabro, el cual uso el homicida para acabar con su vida.

---Ya veo Don Alejandro ---. Dijo Don Servando. Lanzando grandes bocanadas de humo al aire.  

   En cuanto a Doña Estefanía. La mataron de la forma inimaginable. La apuñalaron en el vientre en quince ocasiones. Hallándola tirada en su alcoba, una de sus criadas. Al contemplar aquella macabra escena, grito horrorizada. Corriendo auxiliarla sus demás compañeras. Encontraron el arma con la que la asesinaron. Siendo un puñal de quince centímetros con el mango de madera cubierta de sangre.     

   Al enterarme de la muerte de Doña Estefanía fui a visitar a Don Ricardo para darles mis condolencias, tuve la oportunidad de entrevistarme con una de las criadas. Y lo que me platico también me hizo pensar mucho. Así como usted Don Servando ---. Exclamó Don Alejandro intranquilo. Tirando la ceniza de su sobre el cenicero chino que se encontraba hacia su lado derecho.

---¿Qué? Fue lo que te dijo Don Alejandro ---. Preguntó Don Servando inquieto.

   Una de las sirvientas me platico que una noche a dos días antes del asesinato de Doña Estefanía. La sirvienta que corresponde al nombre de Catalina. Fue hacer su a costumbrada ronda, para saber si se le ofrecía algo más a su ama, antes de irse a la cama.  

…y luego que pasó Don Alejandro.

   La sirvienta me comentó que cuando pasó cerca de la habitación del joven Don Ricardo. Alcanzo a oír o escuchar hablando solo, cambiando hasta el tono de voz, como si fuera otra persona.

---¡otra persona! --- Repitió Don Servando.

   La sirvienta se santiguo creyendo que podría estar poseído. ¡bueno! eso fue lo primero que pensó… después se dijo así misma que probablemente podría tratarse de una de sus amistades. ¿tu crees? Que el tenga que ver con la muerte de su familia.  

---¡No lo sé! ---. Contestó Don Servando preocupado. ---todo lo que tenemos son conjeturas y sospechas infundadas ¡amigo mío!

…hay algo que me gustaría hablarte viejo amigo…

---¿Qué cosa Don Alejandro? --- preguntó Don Servando.

…mi bella esposa Beatriz antes del fallecimiento de Don Esteban. Fue a visitar a Doña Estefanía un viernes por la tarde. ¡Usted! sabe como yo que fueron queridísimas amigas. Lo que le contó la dejó helada de miedo.

Publicado la semana 25. 21/06/2020
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