20
SK

TEMPORADA DE CAZA (SEGUNDA PARTE)

                                           5

---¿Por qué dice eso señor Fisher? ---. Pregunte algo tembloroso. Tenía la lengua seca y la frente fría empapada de sudor al escuchar aquella verídica pero increíble historia sacado de una película de ciencia ficción.      

---Ninguna criatura había estado por encima del hombre. --- dijo interrumpiéndome el señor Fisher. Sin quitarme su mirada de encima. Como un maestro dándole lecciones a un alumno.

---¡No entiendo! ---. Exclame desconcertado.

   Estuvimos charlando hasta el reloj que colgaba encima de la chimenea marcaron la medianoche.

---¡Cadwell! te molestaría llevar a nuestros invitados a su habitación ---. Ordeno el señor Fisher. Sentando desde de su silla.

---Desde luego---. Asentó con amabilidad Cadwell. Llevándonos en la parte de arriba de la casa.

---Papi tengo miedo---. Repetía mi hija cada vez que subíamos un peldaño en la alfombra roja que cubría la escalera. Caminamos hacia un marmoleado pasillo gris. Con las paredes tapizadas de vino. Hasta que Cadwell se detuvo y abrió una de las puertas que conducían hacían el fondo del pasillo de la casa.  

---Esta será su habitación ---. Señalo Cadwell. Abriendo la puerta con llave.           

   A pesar de que me encontraba agotado no pude descansar muy bien esa noche sobre el cómodo sofá verde terciopelado que había en la recamara. Al Cerrar mis parpados me sentía acosado al verme rodeado dentro de mis sueños aquellas inanimadas cabezas que decoraban las tapizadas paredes blancas de la cocina. A las que un par de horas habíamos vistos. Acechándome como si fuera su presa. Sobre todo, la cabeza del antílope que de una u otra forma su mirada me calaba.     

---¡Basta! ---. Me dije. Levantándome sudoroso del sofá. Sacando un cigarrillo que tenía escondido dentro de uno de los bolsillos de mi chaqueta.        

   Podía ver los rayos del plenilunio de ese viernes reflejándose hacia el enorme ventanal de nuestra recamara. Hasta que un estrepitoso y fuerte rugido que provenía en alguna parte de afuera hizo que estas se zigzaguearan por unos instantes.

---¿Qué fue eso? ¡papá! ---. Preguntó muy asustada Estefany. Levantándose de su regocijante sueño.

---¡No lo sé ¡---. Conteste con un nudo en la garganta y temblando de miedo.

   Oprimí mi cigarrillo hacia mi pecho a modo de crucifijo esperanzado a que esto fuera otra de mis pesadillas. La estruje con mis dos manos… hasta hacerlo añicos. Mi hijo y mi esposa yacían profundamente dormidos. Mientras dentro de mi cabeza revoloteaba una infinidad de ideas que buscaban una explicación lógica para aquello. 

---No…no la había---. Pensé.

   Después de darles tantas vueltas al asunto. Llegue a una conclusión. El animal que está por encima del hombre… es el mismo hombre. En el libro “El leviatán” Thomas Hobbes lo describía al hombre como una bestia violenta que disfruta atacar a otros de su misma especie para su propia supervivencia. Tal como lo hace una manada de lobos. Cuando están hambrientos buscan atacar y quitarles la comida a otros lobos. Somos y me atrevo a decirlo el lobo del mismo lobo.       

   Los aullidos cesaron acabó de una hora. Mi hija mayor se mantenía con los ojos muy abiertos acurrucada hacia el lado derecho del sofá. Esperando a que pronto amaneciera. Martín y mi esposa Sara continuaban descansando en el cómodo lecho. Transcurrió una hora para que Estefany fuera presa del sueño. Y se quedara dormida en aquel cómodo mueble.

   Pese que me hallaba aterrado no se me quitaron las ganas incontrolables de fumar, un mal hábito que mi esposa Sara detesta, y que estaba a pos de cumplir un mes sin coger un cigarrillo. Tomé mi chaqueta que había colgado en el perchero de madera que estaba en un rincón de la recamara. Motivado más por mi vicio que por el miedo, metiéndome el cigarrillo dentro de mis dientes. Camine con mucho sigilo hacia la puerta. Con mucho cuidado gire el picaporte. Cuando otro y desgarrador aullido perturbo el sueño de Estefany. Haciendo que se levantara inmediatamente del sofá. Me quite el cigarrillo de mis dientes. No quería que se enterara mi hija de tan desagradable secreto. El aullido provenía en la parte trasera de la cocina, oyéndose un leve chasquido. Como el de unas huellas.    

---¡Papá! tenemos que irnos de la casa! ---. Suplicó Estefany con voz chillona y con lágrimas en los ojos, las cuales iban rodando directo hacia sus mejillas. Hasta perderse en sus delgados labios. Sintiendo un sabor amargo y salado en su boca.  

   Había muchas razones para que nos fuésemos lejos de ahí, Sabía que mi hija me decía la verdad. Y que ella jamás me mentiría. Cometí un grave error. Y no tenía ni la menor idea de cómo escapar de ahí.

   Desperté a mi esposa y a mi hijo. Quitándoles las gruesas cobijas de lana encima.   

---¿Qué sucede Néstor? ---. Pregunto mi esposa aturdida. Levantándose de su lecho.    

---Toma al niño y marchémonos de aquí ---. Manifesté sobre exaltado. Buscando entre las cosas del armario de la habitación algún objeto con el que pudiera defender a mi familia.

---¿Qué está ocurriendo Papá? ---. Preguntó mi hijo muy asustado.

---Carga al niño Sara … nos largamos de aquí ---. Repetí con voz firme. Mientras encontraba aquello que pudiera protegernos de lo que se estaba acercando. Los pequeños chasquidos iban oyéndose cada vez cerca. Ahora provenían dentro de la cocina.    

--- Oziel dice que busques debajo de la cama---. Replicó mi hija. Señalando debajo de esta.     

                                           6

   La oscuridad que me acechaba debajo de la cama. Obstaculizaba mi vista que me era imposible ver lo que había debajo de ella. La alfombra que estaba adherido al suelo era lo único que sentía con las palmas de mis manos. Me postre más y más debajo del rustico mueble. Esperando con mis manos. Localizar aquello que mi hija pedía que encontrara…. me sentía un tonto al hacerle caso a sus absurdas fantasías. Sin embargo, era el único espacio que había en la recamara que me faltaba por indagar.

---¡Una caja! ---. Dije frustrado. Incorporándome de la sucia alfombra que tenía un olor desagradable a tela rancia. Abrí aquella negra caja rompiendo el pesado candado contra un candelabro que había cogido en el escritorio. El candado se encontraba oxidado que no tuve mucha dificultad para abrirla. Cuando escuchamos otro desgarrador aullido.    

---¿Qué fue eso? ---. preguntó alarmada mi esposa Sara. Tomando entre sus brazos a Martín.

---No lo sé---. Conteste con mucho nerviosismo.

---Busca papá---. Insistía mi hija desesperada.

   Los gruñidos como los de un animal que se hubiese escapado de un zoológico. Se oían por las alfombradas escaleras las que hace unas horas habíamos recorrido. Mucho era mi nerviosismo que mis manos no paraban de sudarme. Sentí un fuerte escalofrío recorrer todo mi cuerpo. Recordándome de que no se trataba otra de mis pesadillas. Que todo era real.  Los gruñidos… ¡oh dios!... eran idénticos a los de un lobo.

   Apurado abrí la corroída y pesada caja de metal. Soltando una estela de polvo esparciéndose por la descolorida alfombra. Hallando en su interior una cantidad de harapos sucios y amarillentos que desprendían un olor a tela sudada. Cogí con cuidado una bayoneta que estaba escondida entre toda esa basura que debía medir unos treinta centímetros de largo. Punta delgada. En su mango de madera tenía gravada las iniciales A.F.

   Los horribles chasquidos iban aproximándose hacia el fondo del pasillo. Haciendo que mi esposa entrara en pánico y continuara apresando la cabeza de Martín hacia su pecho. Estefany no paraba de llorar. Con voz entrecortada pedía a su mamá y a mí que la protegiéramos.   

   Cogí la bayoneta por debajo del mango. Me coloque detrás de la puerta en un espacio de unos cinco metros. En una posición de combate que aprendí en las fuerzas armadas. Esperando emboscar aquello.

---Sara coge el candelabro---. Ordene. Manteniéndome en mi posición.

   Sara cogió con una de sus manos de la sucia alfombra el candelabro, el mismo que había utilizado antes para romper el candado. Sin quitarse de su pecho a Martín.  

---¿Qué es ese desagradable olor? ---. Preguntó con impaciencia mi esposa.

---No lo sé---. Conteste. Percibiendo también aquel hedor como si hubiesen abierto una alcantarilla.

   El olor era bastante nauseabundo que Estefany con su mano se cubrió su nariz. Los gruñidos se escuchaban del otro lado de nuestra habitación. Y pude apreciar con sumo terror debajo de la orilla de la puerta unas enormes garras deteniéndose frente a nuestra recamara. El picaporte empezó a girar lentamente. Sudoroso aprete el mango de la bayoneta esperando ¡Dios mío! a que esa cosa abriese la puerta.  Y pudiese encajarle el arma en alguna parte de su cuerpo.       

---¡Oh, Dios! ---. Me dije. Al contemplar una negruzca y peluda garra. Parecida a la que habíamos visto antes en la cocina. Asomándose en la entreabierta puerta, para descubrir segundos más tarde lo que había detrás de ella. 

   Los rayos del plenilunio que atravesaban los cristales del ventanal. Hicieron que se nos helara la sangre. Contemplando lo que había delante de nuestros ojos. Mi esposa Sara soltó un fuerte y a la vez un desgarrador grito que debió escucharse por todos los pasillos y rincones de la casa. Estefany atónita a lo que veía se echó a llorar. Corriendo abrazar a su mamá.

   Con una agilidad me abalance hacia los pies de la espeluznante criatura. Que debía medir unos dos metros de estatura. Cubierto de una extensa capa de vello negro alrededor de todo su cuerpo y un largo hocico. El cual mostraba unos afilados colmillos. La bestia pego un doloroso gemido. Seguido de que le encajara la filosa bayoneta sobre su gordo pie derecho. Haciendo que se tambaleara por unos instantes.  

---Vámonos ---. Grite. Empujando a la abominable bestia hacia la pared trasera del tapizado pasillo. Permitiéndonos escapar del cuarto.

   Corrimos hacia las alfombradas escaleras. Bajando a toda prisa, dejando atrás aquel ser demoniaco refunfuñando de dolor. Cogí entre mis brazos a Estefany que perturbada no dejaba de sollozar. Preguntándome que era aquello. A lo que no sabía responderle.  

   Nos dirigimos hacia el ala oeste de la casa por donde habíamos entrado antes. La puerta principal se encontraba cerrada con llave impidiéndonos la salida de manera fácil. Cruzamos a toda prisa hacia el alfombrado pasillo que conducía la cocina. Todo estaba oscuro, los rayos del plenilunio que penetraban en las pequeñas esquinas de las ventanas del pasillo eran lo único que alumbraban nuestro camino. Entramos hacia la cocina.  

---¡Tengo miedo! ---. Expresó Martín llorando. Contemplando aquellas cabezas que hace horas me habían provocado pesadillas. Mirándonos con esos fríos ojos que parecían un par de canicas negras.

   El reloj que colgaba de la chimenea no dejaba de hacer aquel nefasto ruido. Indicando las tres de la mañana.           

   Otro aterrador aullido se oyó en la planta de arriba. Los chasquidos estaban ahora bajando las alfombradas escaleras.

   Llegamos hacia la puerta trasera. El cual tenía grabada sobre el metal unas marcas como de garras. Quedando mi esposa Sara estupefacta.

---¿Será acaso que… eso sea? ---Preguntó.      

--- Sí ---. Asenté con la cabeza. Aunque aquello resultara imposible, pero… así lo era.

   Salimos hacia la fuente rodeados de una exquisita variedad de plantas, las cuales en su mayoría eran rosas blancas; El suelo era muy pantanoso. Que tuvimos la precaución de mirar hacia abajo antes de que nuestros pies tocaran el fangoso suelo. Caminamos a toda prisa. Sabíamos que aquello, que nos estaba persiguiendo no tardaría mucho en encontrarnos. Afuera los rayos de la luna parecían en ese momento una extensa y tenue sábana blanca que estaba cubriéndonos de la inmensidad de la noche. Caminamos hacia el portón negro, intentando abrirla de la forma que se podía.  

                                            7

--- Está muy pesado ---. Dije mientras empujaba el pesado portón que debía medir unos quince metros de largo por unos treinta de ancho.  Iguales a los de la caja.

---Néstor ¿Qué vamos a hacer? ---. Preguntó preocupada mi esposa.

--- Hay que… treparlo ---. Dije como nuestra vía alterna. 

   En contra de su voluntad. Ayude a mi esposa treparse por el enorme portón. Dejando a Martín por unos segundos llorando en el fangoso suelo.      

   Los chasquidos se encontraban paseándose por el estrecho pasillo con dirección a la cocina.  

   Tomándolo por las axilas cogí a Martín hasta elevarlo en los brazos de su mamá. Sara apoyándose de sus senos sobre el portón cogió a Martín con sus brazos.

---Vas hija ---. Proteste cogiendo a Estefany debajo de sus axilas. Elevándola hacia los brazos de Sara.

---y… tú ¿papá? ---. Preguntó Estefany con lágrimas en los ojos.  

---¡No te preocupes por mi princesa! ---. Exclame giñiendole el ojo derecho ---. Márchense lejos de aquí. ¡Pórtense bien! ¡Cuida mucho a tu mamá y a tu hermano! ¡Obedezcan!

---¿Por qué no subes con nosotros? ---. Preguntó Estefany sollozando. Intuyendo lo que estaba pasando. 

---¡No puedo! ---. Manifesté. Cogiendo del fango una larga estaca de madera.

---¿Cómo es que usted escapo de ese monstruo? ---. Cuestionó el oficial Martínez.

---¡Ya se lo dije! ---. Replicó Néstor molesto otra vez. --- Después de que mi esposa Sara se llevara a mis dos hijos.

   El extraño hibrido se abalanzó hacia a mi atacándome como si fuera su cena. Rasguñándome a la altura de mi pecho, cara, espalda, rodillas, brazos y antebrazos; encajándome sobre mi muslo derecho sus enormes y puntiagudos colmillos. Haciendo que brotara en ese momento borbollones de sangre. Con la poca energía que me quedaba pude encajarle la estaca sobre su ojo izquierdo hasta a travesarle el otro lado de su nuca.

   El animal soltó un último desgarrador aullido de agonía. Cayendo minutos más adelante muerto hacia el pantanoso suelo. Los rayos del plenilunio fueron testigos de cómo el cuerpo inerte de la criatura. Sufría una especie de… transformación.

   Sus puntiagudas orejas empezaron a cobrar una forma más humana. El rictus de su ojo derecho adquirió su tonalidad original. A un azul claro. El negruzco pelaje que había en todo su cuerpo poco a poco fue desapareciendo al igual que su ancho y largo hocico. Los afilados colmillos se redujeron a simples molares. Su cara pronto se me hizo conocida. ¡Esto no puede ser! --- Me dije. era Mathew Cadwell. Ahí estaba desnudo con una estaca clavada en su ojo izquierdo, mirándome con una expresión seria desencajada. Mientras su boca no dejaba de emanar una cantidad desorbitante de sangre. La cual iba mezclándose con la húmeda tierra.

   Me arrastre hasta descansar sobre un viejo árbol partido a la mitad apoyando toda mi espalda en sus gruesas raíces. No se por cuánto tiempo me abre quedado dormido, me desperté luego de sentir en mi ensangrentada cara los primeros rayos cálidos del sol asomándose detrás de los árboles. También de que un pájaro me picoteara la nariz.

   Abrí los ojos lentamente, llegándome a lastimarme los incandescentes rayos que desprendía el sol teniendo que alzar la palma derecha de mi mano. Me levanté como pude. Y ¿Qué es eso? ---. Pegunte algo aturdido. Al escuchar unos fuerte ruidos como de sirenas. Aproximándose hacia el lugar. El cuerpo inerte de Cadwell conservaba su misma posición. Fue…

---“Cuando aparecimos nosotros” ---. Dijo el comandante Cabrera a completando la frase. Bajando los pies de su escritorio.     

---Sí ---. Contestó asentando con la cabeza Néstor.

---Esa es la más loca historia que he escuchado en toda mi vida ---. Exclamó riendo el oficial Martínez.

---¡Juró! que es ¡verdad! ---. Replicó Néstor enfadado.

--- Revisamos toda la casa y no encontramos a ese tal Fisher ---. Manifestó el comandante Cabrera. --- solo recogimos los restos del criado… Y desde luego a usted.

---¿Mi familia? ---. Preguntó Néstor preocupado.

---No se preocupe mi joven amigo su familia la encontramos a salvo deambulando por la autopista ochenta y cinco. Un par de nuestros agentes fueron a auxiliarla. Su esposa fue la que nos indicó como podríamos llegar hacia usted. --- Manifestó el comandante. --- justo a hora, afuera lo están esperando. ¡Puede usted marcharse!

--- ¿No lo vamos a detener mi comandante? ---. Interrogó sorprendido el oficial Martínez. Posteriormente de que se fuera Néstor.   

---¡No! Martínez ---. Contestó apacible el comandante Cabrera. Levantándose de su asiento.

---¡No! --- Repitió el oficial Martínez.

---¿Le gustaría saberlo? ¡no es así! ¡Martínez! ---. Cuestionó el viejo comandante.

---Así… es …mi comandante ---. Respondió titubeando Martínez.

---Aunque no estoy obligado a contarle, se lo diré para saciar su curiosidad ---. Indicó el comandante esbozando una leve sonrisa que intrigó muchísimo al joven oficial. --- Tomé asiento Martínez.

---Sí, mi comandante---. Asentó Martínez. Sentándose en el lugar de Néstor.  

---Esto no es la primera vez que ocurre oficial. La gente que conduce hacia a la carretera que conecta con el bosque de San Javier suelen desaparecer ahí. En el tiempo que he estado como jefe en esta estación nunca había escuchado una historia como esa.

---Y …usted lo cree? ---. Preguntó el joven oficial.

--- En absoluto ---. Contestó con serenidad el viejo comandante. Metiéndose un cigarrillo Chesterfield en la boca. --- ¿Lo duda Martínez?

---Con todo el respeto ¡señor! no creó en cuentos absurdos--- Replicó Martínez.

---Tu eres joven y cuando tengas mi edad lo entenderás ---. Indicó el viejo comandante. --- hay cosas que no pueden explicarse. El pueblo de Maui es una de ellas.

---¿Qué tiene de extraordinario ese pueblo? ---. Cuestionó incrédulo el joven oficial.

---Maui es otro de los epicentros con mayor actividad paranormal, luces que aparecen y desaparecen en el cielo, puertas hacia otras dimensiones, criaturas extrañas y desde luego misteriosas desapariciones que tienen que ver con el bosque que conecta con San Javier.

…Y… ¿qué me dice de la joven que murió en el viejo pozo? ---. Señalo Martínez. --- todos creyeron que se había ido con el novio. Pero al final la encontramos. ¡oh no!  Mi comandante.    

--- Eso no es nada Martínez --- Protesto el comandante lanzando algunos círculos de humo en el aire. ¿Quiere saber cuál es mi conclusión? 

…Desde luego…

--- para trabajar en esta estación tendrás que dejar a un lado tus explicaciones lógicas y tener una mente abierta para lo que no la hay. Yo estoy a punto de jubilarme. Mantén a salvo a esta gente… a nuestra gente, lucha contra aquello. Nunca busques hacer un buen trabajo, porque nada en el mundo no hay un buen trabajo que malo no se haga. ¡Entiendes!

---si… mi comandante.

---Muy bien Martínez archiva este asunto como concluido.

---Sí mi comandante.

---No se hable más del asunto.    

Publicado la semana 20. 13/05/2020
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
20
Ranking
0 107 0