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CUANDO LA LECHUZA CANTA

CUANDO LA LECHUZA CANTA

 

   Una noche de frío invierno. En alguna parte de San Javier en una vecindad, varios vecinos se encontraban reunidos celebrando la noche buena. Entre vino y copas algunos entonaban alegremente algún villancico o quizás una canción pasada de moda que los ponía de buen humor. Los niños jugaban persiguiéndose uno al otro; otros bailaban y disfrutaban de la exquisita comida que estaba puesta sobre la mesa.

   Don Remigio hombre ya grande de unos sesenta y tantos años se hallaba sentado sobre su mecedora mirando a un viejo árbol que emergía en medio del patio. El cual se quedó mirando por un tiempo, como esperando a aquel ser de la naturaleza entablara conversación con él.

   Las horas transcurrieron con normalidad faltando media hora para que dieran las doce. Hasta que una lechuza de increíble tamaño y majestuoso plumaje blanco se paró sobre las ramas secas de aquel viejo árbol, empezando a cantar girando además su cabeza por todo su cuerpo, volteando a ver por todas partes. Observando a todos y cada uno de los presentes, ahí reunidos conviviendo como verdaderos hermanos felices y sin preocupaciones. 

   Nadie de los reunidos prestó mucha atención de lo que hacía aquella enorme ave. A excepción de Don Remigio quien se quedó pensativo callado ante lo que estaba viendo y escuchando, sin que nadie de los presentes se percatara de lo que hacía aquel animal errante.

   Don Remigio minutos después grito horrorizado, levantándose a presuroso de su mecedora corriendo de un lado para otro. Mientras todos continuaban felices celebrando, el día para la llegada de la noche buena. El día en que nació el salvador.

    Pocos de los presentes al darse cuenta de lo que hacía Don Remigio fueron en su ayuda. Haciendo aún lado por un rato el festejo, hombres y mujeres trataron de tranquilizarlo al pobre hombre, nadie sabía que le pasaba, y uno a uno se fue alejándose hasta dejarlo solo, son sus “achaques” decían unos molestos por haberlos interrumpido en su celebración.

   Simón compadeciente se encaminó hasta donde estaba el viejo de Don Remigio, debido a que todos los que lo fueron ayudarlo lo dejaron sin que lograran apaciguar al hombre de edad avanzada.

 ---¿Don Remigio está usted bien? ----preguntó Simón inquieto por el anciano.        

   Don Remigio no contesto solo aguardo silencio contemplando aquel joven que se había preocupado por él. Que había tenido el valor suficiente de preguntarle cómo estaba.

   Simón pensando que Don Remigio se mostraría renuente con él, pensó en marcharse y cuando estaba a punto de irse el cansado hombre lo detuvo, tomándolo fuertemente de su muñeca derecha, apretándosela hasta donde sus fuerzas se lo permitían. El joven Simón parado frente a él sin saber que decir quedo mudo de la impresión.

---Acompáñame muchacho. – dijo Don Remigio soltándole la muñeca dejándole estampadas sus encanecidas huellas.

   Simón sin decir nada o por temor siguió al viejo de Don Remigio. Acompañándolo hasta la azotehuela, por el cual tuvieron que subir por las pesadas escaleras de metal, dejando atrás a toda esa muchedumbre quienes todavía continuaban divirtiéndose en lo grande. Adentrándose a una habitación de madera con tejado de lámina, iluminada con un foco de cien watts el cual Don Remigio encendió. Simón seguía sin comprender por qué Don Remigio lo habia llevado a hasta su cuarto, viniéndose una infinidad de conjeturas por su cabeza. Don Remigio se acomodó en su vieja cama matrimonial recargando su encanecida cabeza sobre la almohada de tela que su difunta esposa Doña Paz le había regalado. Simón se sentó en un viejo banco de madera contemplando al cansado de Don Remigio.

---Hoy es nuestra última noche muchacho. – dijo con voz apagada Don Remigio.

---¿Por qué lo dice Don Remigio? --- Preguntó asustado el joven Simón. 

---Porque hoy esta noche… la lechuza ha cantado.

---No entiendo. – dijo desconcertado Simón.

---En donde yo vengo tenemos la creencia y la costumbre de que cuando una lechuza canta es porque la muerte está cerca, solo dios sabe a quién de todos nosotros de los que estamos aquí reunidos pueda ser el desafortunado de llevárselo.

---No diga eso Don Remigio. – dijo tembloroso el asustadizo joven.

---No es que lo quiera decir, es porque así va a suceder. – exclamo con una mueca llena de felicidad con voz segura y firme como si aquello realmente vaya a pasar. – espero que sea a mí a quien me lleve, he estado esperando toda mi vida a que la muerte me recoja y me guie hasta donde está mi querida Paz. La extraño muchísimo, a la que jure ante dios amarla en la salud y en la enfermedad y a quien he prometido reunirme cuando llegue mi momento y al parecer ese momento ha llegado.         

   Simón continuaba sin comprender aquellas palabras que el anciano hombre le habia dicho, palabras que de alguna forma también le conmovían. Cuando mencionó el nombre de su esposa y el amor que profesaba por ella a pesar de haber fallecido, también le constaba el sufrimiento que le causo cuando le llegó la noticia del deceso de su mujer, donde un conductor ebrio fue el responsable de su asesinato; Don Remigio no aguantó ante la noticia, convirtiéndolo en una persona amargada, triste y solitaria. Esperando a que la muerte venga por él.

---Ves aquella lechuza. – dijo Don Remigio.

---¿Cuál lechuza? - Pregunto Simón.

---La que esta parada sobre las ramas sin hojas de aquel viejo árbol que se asoma en medio del patio.

    Simón observo por una pequeña ventana mal trecha el árbol donde se encontraba posando una enorme lechuza de color blanco, que con sus enormes ojos no dejaba de mirar a todos los invitados volteando su cabeza completamente alrededor de su cuello a más de trescientos sesenta grados. La enorme ave no mostraba señales de irse seguía ahí presumiendo su majestuosa belleza. Eran pocos las personas que le prestaban atención.

    Simón quedo fascinando al contemplar aquella lechuza, que de vez en cuando cantaba como queriéndose hacerse escuchar. Haciéndole caso u omiso los vecinos quienes continuaban con su excesiva fiesta, olvidándose el motivo principal de lo que es la noche buena.

    Entre risas y diversión también estaba Esther una mujer que iba a la par de la edad de Don Remigio encerrada en su cuarto, celebrando la navidad alejada de los demás. Percatándose también de la presencia del animal, el cual admiró muchísimo al ver tan vivo ejemplar. Escuchando su canto desde su habitación traspasando los muros de concreto y que a pesar del incesante escándalo que habia en el patio, Esther los podía escuchar sin tanta dificultad.  Se asusto al recordarle la vieja leyenda que le conto una vez su abuela acerca de cuándo la lechuza canta, según su abuela era porque alguien muy pronto iba a morir. De niña se estremecía cuando oía a las lechuzas cantar cerca de su casa, pensando que la muerte iría tras de ella o por algunos de sus padres. Que por cierto así fue.  

    Una noche exactamente en vísperas de navidad, su papá de Doña Esther el señor Augusto murió de un repentino infarto miocardio que le dio en él corazón, muriendo en un instante sentando sobre una banca de metal en un pequeño parque que se ubicaba cerca de la zona por donde vivían. Recordándole que su papá días antes de su fallecimiento, habia escuchando hablar con su madre acerca de haber visto y oído cantar a una lechuza, que al oír esto su mamá se persigno, sabiendo que presagiaba aquello.

    Simón continuaba apreciando desde la azotea a la hermosa lechuza quien todavía estaba postrada sobre las ramas del árbol, en su cabeza al fin entendió por qué el pobre de Don Remigio se había alterado al contemplar aquella lechuza. El cansado hombre se habia horrorizado al principio al saber sobre lo que representaba aquel animal que después lo aceptaría como su única oportunidad de reunirse con su difunta amada.

   El reloj ya estaba marcando quince minutos para que dieran las doce. Simón todavía se encontraba acompañando al viejo de Don Remigio que se veía convaleciente reposando su cansado cuerpo en su cama matrimonial. Ahora tapado de pies a cabeza con las cobijas de lana también hechas por la difunta esposa. Simón al momento de retirarse para dejar descansar al cansado de Don Remigio este le hablo pidiéndole de que no lo dejara solo, no hasta en tanto lo escuchara. Simón sin nada que perder compa deciente por la salud de Don Remigio se quedó avisándole hasta en tanto que su novia viniera por él. Acomodándose otra vez en su asiento.

---¿Conoces la historia de Sodoma y Gomorra? - preguntó el cansado hombre con voz casi inaudible al joven Simón.

---No. – contesto Simón algo confundido.

---Veraz Sodoma y Gomorra fueron dos ciudades destruidas bajo el poder de Dios, esto a que el supremo se encolerizo al enterarse de que vivían en pecado, llevándose a su pueblo lejos de ahí. Son las mismas ciudades que menciona el antiguo testamento. Simón no era muy adepto a leer pasajes bíblicos, pero aquello ya era un avance. No comprendía cual era el punto a donde quería llegar el anciano hombre con mencionar a esas dos antiguas ciudades. No se atrevió siquiera a preguntarle, intuyendo que muy pronto lo descubriría, al igual que lo hizo cuando conoció a que se debía su nerviosismo al ver a tan increíble ave.

   Ya solo faltaban diez minutos para que dieran la medianoche, abajo se alcanzaban a percibir todos los gritos de felicidad que hombres, mujeres, niños y niñas contentos porque cada vez se acercaba la navidad. Otros estaban ocupados haciendo cuanta cosa hacían escondidos como viles delincuentes teniendo relaciones carnales en un baño que se encontraba escondido en el ala este del patio, alejado de toda la multitud de gente que seguía consagrada en su celebración.

    Los hebreos que estaba saliendo de Sodoma y Gomorra no debía voltear hacia atrás ya que si lo hacían quedarían convertidos en piedra. Las dos ciudades quedaron sepultadas por los siglos de los siglos. – prosiguiendo con su historia Don Remigio.---Así que muchacho vete y no vayas a voltear hacia atrás. – advirtió apretado una de las manos de Simón.

    Simón continuaba sin comprender por qué Don Remigio habia mencionado esas palabras, será acaso que…. Sin que terminara de a completar la frase se escuchó unos bocinazos de un auto que se habia aparcado fuera de la vecindad.  

---Es Ruth. – grito emocionado Simón.

    Don Remigio soltó la mano de Simón. Advirtiéndole todavía de no voltear hacia atrás. Que se fuera lo bastante lejos de ahí.

    Simón tenía un vago y mal presentimiento acerca de lo que le habia platicado el convaleciente de Don Remigio. Una vocecita en su interior de su cabeza parecía darle a entender que esas palabras eran de despedida. Como si en verdad fuera irse hacia el otro lado, hacia la otra vida.

   Bajo inmediatamente las escaleras, cruzo el patio lleno de gente y se fue hacia donde estaba el pórtico, el cual abrió. Ya lo estaba esperando una muchacha de unos diecinueve años, cabello largo de color negro, con unos lindos ojos café oscuro.

---¿Nos vamos? – preguntó alegremente aquella linda chica.

---Si. – afirmo Simón.        

   Por su parte Doña Esther no dejaba de sentirse abrumada por lo que hacia la lechuza que se encontraba mucho más inquieta. Bajo las cortinas de su habitación y como es costumbre se puso a orar, tomando su rosario que estaba colgado en una de las esquinas de su litera. Rezo apretando contra su pecho aquella bendita reliquia, cerrando los ojos para tener mayor concentración, debido a la intensidad del ruido que había afuera no se lo permitía.

---Todos hemos pecado. – dijo Don Remigio cerrando sus ojos---. solo queda esperar a que seamos testigos del poder divino.

   Un corto circuito de uno de los focos navideños y el fuerte viento fueron la causa principal de que la vecindad se incendiara, extendiéndose las llamas por toda la vivienda. Sobreviviendo la mayoría de los festejados con ciertas quemaduras que iban hacer de por vida. Acudiendo policías, paramédicos y bomberos al lugar tratando de apagar las incontrolables llamas y atendiendo a los heridos. Una cantidad de curiosos estaban ahí contemplando con horror como las llamas consumían el inmueble. La noticia corrió como reguero de pólvora. Siendo el encabezado primordial para los diarios locales como el eco y el imparcial. A pesar de que el fuego fue arrasador lo más sorprendente es que sólo hubo un muerto. A quien identificaron como a un hombre de sesenta y tantos años, hallándolo acostado en una cama tipo matrimonial.

   Muchos de los testigos aseguraban de que el incendio comenzó a partir de que las campanas de la iglesia tocaran indicando la llegada de la medianoche, el lugar fue consumido por las llamas del fuego, quedando solo restos de lo que una vez fue una vecindad. Don Remigio no sufrió es lo que comentan los especialistas forenses que, al hacer la habitual necropsia, estos determinaron que él ya había muerto mucho antes de que las abrasadoras llamas lo mataran; su corazón dejo de latir, antes de que dieran las doce siendo esta la causa de su fallecimiento.

---¿Al fin pudo reunirse con su amada esposa? – se preguntó Simón al saber la terrible noticia que le produjo al conocer la muerte de la única persona por la que se había preocupado. Invadiéndole un sentimiento de tristeza, que no soporto y se echó a llorar. Miro al cielo y desde luego le dio las gracias a dios por habérselo llevado antes de que el fuego lo hiciera y lanzó una plegaria para que Don Remigio y Doña Paz al fin pudieran estar juntos para toda la eternidad.

   Un año después de la tragedia. En una fría noche de invierno, un día antes de la llegada de la noche buena, Simón aquel joven que se había preocupado por el viejo de Don Remigio soñó con el cansado hombre acompañándolo una hermosa mujer, que debía ser su esposa rodeados de una bella luz. La pareja se despidió del joven. Desapareciendo de la vista de Simón. Don Remigio y Doña Paz por fin pudieron descansar en paz los dos juntos.

   En cuanto a Doña Esther y a los demás heridos que sobrevivieron sufrieron quemaduras de primer grado. Lesiones permanentes en la piel como un castigo hecho por el divino.

   La lechuza esa ave de un plumaje blanco, con ojos grandes y con un pico pequeño, escapo cuando ocurrió el incendio; antes de que el viejo árbol también fuera víctima de aquellas incandescentes llamas que estaban devorando todo a su paso. Volando hacia otra dirección presagiando alguna otra desgracia. Recordándonos a las dos antiguas ciudades de Sodoma y Gomorra, las cuales Dios las había sepultado debajo de las profundidades de la tierra. La lechuza fue como una advertencia y una señal para todos aquellos que caigan en el pecado al igual como lo hicieron aquellas dos ciudades.  Esta vez dios los habia perdonado para que vuelvan a redimirse y no cometer los errores del pasado.

Publicado la semana 2. 10/01/2020
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