18
SK

TEMPORADA DE CAZA (PRIMERA PARTE)

                                            1

---No sabría que como empezar a contar todo lo que llevó dentro. --- dijo el señor Néstor al jefe de la estación de policía el comandante Marcos Cabrera.

---¡Cálmese ¡---. Suplicó el comandante. --- necesito que se siente y me vuelva a contar otra vez.

---¡Otra vez! ---. Protestó molesto Néstor, levantándose de su asiento. --- pero si ya se lo dije todo.

---Dispénseme, pero me es muy difícil creer lo que usted nos platica señor Guadalupe ---. Contestó el comandante. Comprendiendo la desesperación y la cara de angustia contenida de Néstor.

---¡Está bien ¡---. Replicó Néstor suspirando. Retomando su asiento.

---¿Gusta otra taza de café? Señor Guadalupe ---. preguntó el comandante.

---Sí --. Asentó Néstor con la cabeza.

---¡Por favor ¡Martínez puede traerle otra taza de café al caballero. ---ordenó el comandante.

---¡Sí comandante ¡---. Contestó el segundo oficial.

---Muy bien cuénteme desde un principio ---. Indicó el oficial.

---Está bien… Dijo suspirando Néstor.  

    Todo inició durante nuestras vacaciones de verano. La cuales habíamos planeado con un mes de anticipación mi esposa Sara y yo.  Queríamos pasarla a lo grande, aprovecharíamos que nuestros dos hijos Martín y Estefany estarían de vacaciones fuera del colegio. Había tantos lugares que visitar que acabamos yéndonos hacia la casa de mis suegros. Hace más de un año que ya no los veíamos, sin embargo, nunca dejamos de tener comunicación con ellos. Nuestros hijos se emocionaron muchísimo al saber el lugar donde pasaríamos nuestras vacaciones, sobre todo el más pequeño.            

   Su casa se ubicaba en un pueblo que está a unos treinta kilómetros con dirección a San Javier cruzando por la carretera ochenta y cinco que conecta con la intersección a Madin. Es una enorme extensión de tierra, no me imaginó cuanto debió desembolsar de su bolsillo mi suegro. Para construirlo. Es una enorme mansión con dos plantas. Por dentro contaba lo que una casa normalmente no tiene. Una biblioteca con montones de libros adentro, una sala de bolos y desde luego una piscina.   

   Mi suegro es un hombre muy importante en el mundo de los negocios. Es socio mayoritario para la empresa Fulton Company, el cual no hace mucho tiempo se encontraba involucrado en lavado de dinero y corrupción.

--- sí…había escuchado hablar de eso en las noticias---. manifestó el comandante. --- y también escuche que no se le pudo comprobar nada.

---Así es ---. reafirmó Néstor.

   Mi suegro además de pertenecer a esa empresa también es dueño de cuatro agencias dedicados a la venta de bienes raíces tiene acciones en algunas compañías telefónicas y bonos en industrias llanteras y automotriz.

                                           2

   Recorrimos varios kilómetros antes de llegar a Maui, que es el pueblo próximo que esta antes de la carretera ochenta y cinco que conecta con Madin. Íbamos los cuatro disfrutando el trayecto. Hacía mucho calor que abrimos las ventanillas del Benz. Mi hijo Martín se había quedado dormido, mi hija Estefany estaba entreteniéndose mirando por el lado de su ventana hablando siempre con Oziel. Mientras mi esposa estaba contándome de las ganas que se moría por ver a mi suegra.

   Duramos un minuto aproximadamente hasta que el cofre del automóvil empezó a sobrecalentarse. Me estacione a una cuadra a orilla de la carretera. Recuerdo que baje inmediatamente azotando con mucha rabia la portezuela del auto. Y camine hasta la parte delantera del vehículo donde se ubicaba el cofre lo abrí con mucho cuidado, y efectivamente comprobé la batería baja del auto, el calor había secado el agua que había dentro de la bomba permitiendo que este se sobrecalentara. Dejándonos a mitad de carretera. Solos e incomunicados. No teníamos cobertura en nuestros celulares. El sol era tan insoportable que parecíamos carne asada dentro de un asadero.  

---!Señor Guadalupe! en su declaración solo menciona que estaba con su familia---. Manifestó el comandante.

---¡En efecto! ---. Contestó Néstor. Dándole un tragó a su café.

--- Entonces podría decirnos ¿Quién es Oziel? ---. Interrogó el oficial Martínez Que se encontraba ubicado a espaldas del comandante. Con los brazos cruzados, pareciendo guardaespaldas.  

--- Oziel es el amigo imaginario de mi hija comandante---. Contesto Néstor ---. adonde íbamos Oziel siempre nos acompañaba. Es una mera costumbre de mi hija.

---Prosiga---. Ordenó el comandante.

   Pasaban más de las tres de la tarde y los cuatro nos encontrábamos esperando a que un transeúnte se compadeciera de nosotros y nos llevara hacia una estación de servicio que estuviera próximo. Duramos más de una hora pisando el asfaltico suelo de la carretera, el cual estaba quemándonos las suelas de los zapatos. Tanto que mi esposa Sara tuvo que colocarse a nuestro menor hijo hacia su pecho.

---Papá ya me quiero ir --- Protestó Martín.

---Yo también---. Replicó su hermana Estefany.

   Me sentía agobiado desesperado por no saber que hacer. Faltaba quince kilómetros para llegar al pueblo de Maui. Pasaron las cuatro…luego las cinco hasta que el reloj del tablero del Benz dio por ultimo las seis. Ya estaba anochecido. Los postes de luz que se encontraban en medio del asfaltico suelo estaban iluminando la penumbrosa carretera.  

---Un carro---. Gritó mi esposa. Señalando hacia la autopista.

   Cruce hacia el otro lado de la solitaria carretera, con un ademan que hice con mis manos logré que el chofer empezara a desacelerar, deteniéndose justo delante de mí. El vehículo hizo fricción con las llantas en el asfáltico suelo soltando un chirrido molesto, que acabo lastimando mis oídos por un par de segundos. El auto era un Cadillac color negro tipo carroza modelo sesenta y seis. Me acerque hacia donde se hallaba el conductor que se había apiadado de nosotros. Me acerque lo suficiente como para percatarme de que todos los vidrios de la parte trasera del auto se encontraban rayados y pintados de un tono oscuro. Me impresione al contemplar aquel conductor que tenía la pinta de ser extranjero al verle sus facciones finas de su rostro. Cara pálida, ojos verdes que resaltaban con su rubio cabello y una barba que si apenas reflejaban algunas canas. Y por supuesto una cicatriz en lado derecho de su mejilla.      

---¿Necesitan que los lleve? ---. Peguntó aquel misterioso hombre. Como si adivinara lo que estaba ocurriendo en ese momento, arrebatándome con anticipación las palabras dentro de mi boca.   

---¡Eh! Este…si…- Manifesté titubeando.

---¡Por favor! sean tan amables de subir usted y toda su familia ---ordenó el misterioso conductor. --- mi amo con gusto los recibirá.

---¡No considero que sea necesario eso ¡caballero! ---. Exclamé ---. Me conformaría de que nos llevases a una estación de servicio.

---La estación de servicio más cercano se encuentra a dos millas más de San Javier---. Replicó el desconocido conductor. --- la estación de servicio próximo lleva abandonado más de una década. Le aconsejo mi joven amigo que suban.

                                          3

---¡Papi tengo miedo! ---. Murmuró Estefany ---. Oziel dice que hay algo malo en ese auto.

---No tengas miedo ¡princesa! ---. Dije. Mostrándome apacible con ella. A pesar de que por dentro también me sentía como un niño acobardado.  Por lo que no dude en abrazarla. Sin que consiguiera que se calmara.   

---Vámonos papá ---. Insistió Martín.

---Vámonos Néstor---. Susurró mi esposa. --- mañana estaremos en casa de mis padres.  

---No se preocupe por su auto amigo, con gustó vendré a remolcarlo esta mañana a primera luz de día. ---contestó el conductor con amabilidad. Abriendo una de las puertas traseras del Cadillac.

   Me cerciore de que lleváramos con nosotros lo necesario además de asegurarme de cerrar todas las puertas y ventanas del mercedes.  

 ---Desde luego usted y su familia abordaron el Cadillac. --- Dijo interrumpiendo el comandante Cabrera.

--- Si ---. Afirmo Néstor haciendo un ademan con la cabeza.

---Continúe ---. Indicó el oficial Cabrera lanzando un profundo suspiro. Colocándose sus manos detrás de su cabeza.

   Desde luego que lo abordamos. No pasaba otro medio de transporte que nos llevara. Ya era muy tarde. Y consideraba mucho más peligroso quedarnos a mitad de esa solitaria carretera, tenía intenciones de poner a mi familia a salvo. ¡Tiene que creerme! Oficial.

---Le creó…mi joven amigo ---. Dijo el comandante sin darle mucha importancia. Subiendo sus pies arriba de su escritorio.        

--- ¿Papá que es ese olor? ---. Preguntó mi hija. Después de que nos acomodáramos en los asientos traseros del Cadillac.

---No lo sé ---. Contesté. --- era un olor nauseabundo que daban ganas de vomitar. Intente abrir mi ventanilla que estaba de mi lado derecho, pero esta no tenía ninguna manija para abrirla. El olor era muy penetrante que había impregnado por todos los rincones del auto como si hubieran colocado adentro el cadáver de una persona.

---Dígame joven amigo ¿Dónde vos te diriges? ---preguntó aquel conductor.

---a Maui---. Contesté.

---¡Maui! ---. Repitió aquel desconocido hombre.  

---sí ---. Afirme.

---Les va a encantar la casa de mi amo.

---¡su amo! ---. Replique.

---Si… de mi amo---. Afirmó el misterioso conductor.

   Podía oír el rugido del motor acelerando su marcha. Los vidrios traseros del auto hicieron que me fuera imposible visualizar algún señalamiento que me indicara donde podríamos estar. No fue hasta ese momento sino por un pequeño espacio limpio de pintura de unos tres centímetros de ancho que había por una de las esquinas de mi ventana. Lo que me hizo darme cuenta hacia donde íbamos, nos encontramos cruzando la carretera ochenta y cinco.     

                                           4

---¡Papa! huele feo---. Repitió Martin.

---No respires ¡hijo! ---. ordene. --- cubriéndole la boca con mis manos.

---Dispénseme por el olor mi joven amigo ---. Contestó cortesmente el misterioso hombre percatándose de lo que hacía. --- esta tarde tuve que llevar el cuerpo sin vida de una pobre niña que encontraron asesinada esta mañana en el viejo arroyo. Con las extremidades separadas.

---¡Separadas! ---. Exclamó mi esposa alarmada.

---y… saben ¿Quién fue el responsable? ---. Pregunte.

---Las autoridades de Maui siguen sin detener a un sospechoso---. Afirmó aquel hombre. --- en un principio se pensó que fue una jauría de perros los responsables de aquel macabro deceso. ---es un alivio y una suerte que los haya encontrado. La carretera a Maui es muy peligrosa sobre todo de noche.

---¡Gracias! ---. Manifestó mi esposa.

---¡Mathew Cadwell! ¡para servirles! ---. saludó el conductor. Sin despegar las manos del volante. Mirando hacia el parabrisas.

   Cadwell nos llevó a la casa de su amo. De un tal Eder Fisher hombre de clase adinerada, proveniente de Austria quien desde muy pequeño se había dedicado al negocio de la funeraria por más de una década. Negocio que su antepasado su tatarabuelo el señor Eric Fisher había empezado cuando inmigró hacía los Estados Unidos. Posteriormente fue exiliado con otro grupo de inmigrantes durante la revolución de las trece colonias. Yéndose a vivir por un largo tiempo a México. Estableciéndose en Maui. Su casa se ubicaba en una zona boscosa que probablemente conectaba con San Javier.

   Llegamos acabo de una hora.  A travesamos por un enorme y pesado zaguán negro. Que se abría lentamente delante de nosotros, como dándonos la bienvenida. Cerrándose a los pocos segundos después de que entráramos en ella. El auto avanzo hacia un empedrado y fangoso camino hasta detenerse en lo que considero el patio trasero de la casa. Adornado de un hermoso jardín emergiendo en medio ella una fuente que no dejaba de lanzar interminables cascadas de agua.     

---¡Llegamos! ---. Anunció Cadwell. Apagando el motor del vehículo.

   Bajamos todos del auto con excepción de Estefany quien se mantenía aferrada en el asiento trasero del Cadillac.

---¡Sean ustedes bienvenidos! ---. Dijo un hombre recibiéndonos en la entrada de la casa esbozando una leve sonrisa que producía escalofríos. ---¡por favor pasen!

---¡papi tengo miedo! ---. Murmuró Estefany. ---Oziel dice que hay gente mala en este lugar. ---marchémonos de aquí ¡por favor!

---¡No podemos princesa! ---. Explique. 

   Me pareciera que algo la estaba incomodando. Pude notarle enseguida en su angustiada carita. El brillo de sus ojos se había apagado reflejando un miedo inconmensurable que no le permitía ni siquiera a acercarse hacia aquel lujoso lugar que parecía una réplica casa dos veces mejor que la de sus abuelos.   

   Minutos más tarde acabe convenciéndola de que entrase en aquella residencia. Aprete su mano contra la mía, siendo en vano mis intentos por tranquilizarla.                  

---¡Eder Fisher! Para servirles ---. Saludó cortésmente aquel hombre de alta estatura barba grisácea. Bien vestido. De ojos azules y piel clara.       

   Entramos por una puerta trasera de metal. Nuestros pies pisaron por un alfombrado pasillo que nos conducía hacia lo que es la cocina. En el interior había una alargada mesa de caoba tallada y pintada a mano. Representando un modelo a las del imperio de Luis XV en Francia. Había cabezas cercenadas de animales disecadas decorando las tapizadas paredes blancas del comedor. Trofeos que el señor Fisher coleccionó durante su juventud, él y su padre el señor Adolf Fisher. Cuando viajaron a diferentes partes del mundo.   

---¡Néstor! ¿Qué es eso? ---. Susurró horrorizada mi esposa. Dirigiendo su vista hacia el lado de la chimenea.

--¡No podía creérmelo ¡---Pensé.  Encima estaba la cosa más horripilante que he visto en toda mi vida. Contenida en una caja que debía medir unos treinta centímetros de ancho por unos quince de largo. De vidrio templado con esquinas doradas.

---Eso… ¿es una mano? ---. Pregunté con voz temblorosa.

---¡En efecto! es mi mayor trofeo ---. Expresó con tranquilidad el señor Eder Fisher. --- les suplicó tomen asiento. ---la cena pronto estará lista.         

   El reloj que colgaba encima de la chimenea sus cortas y delgadas manecillas no paraban de avanzar y de repetir una y otra vez su incesante tictac. No dejaba de sentirme algo nervioso al ver ese invaluable tesoro que el señor Fisher consideraba importante. Habíamos perdido el apetito viendo esa espantosa garra que era una mezcla hibrido lobo humano. Que de una forma conservaba su negruzco pelaje. Y algo de sangre coagulada.    

---Es una gran presea---. Indicó. Apoyándose toda su espalda en su silla, viéndonos de frente ---. lo conseguí junto con mi padre durante nuestras vacaciones de julio de ese año mil novecientos ochenta y nueve. En un viaje que hicimos por África. En el Congo. Los nativos de ese país le llaman el tekelílí o el telíko. Una mítica criatura mitad hombre mitad bestia. Escondido en las pantanosas fauces de las amazonas. Mi padre y yo salimos a cazarlo alado de Cadwell y de otros tres cazadores que estaban dispuestos arriesgar su vida para darle muerte a aquella monstruosa entidad que había secuestrado y asesinado a tres niños de nadhuit una comunidad que se encontraba a unos escasos kilómetros de nuestro campamento.  

   La criatura hirió a dos de nuestros mejores cazadores arrojándolos con uno de sus enormes y alargados brazos aventándolos hasta cinco metros de distancia. Cadwell fue herido en el lado derecho de su mejilla arañándolo con una de sus filosas garras las cuales tocaron su blanca piel. El tekelílí aventó a mi padre hacia un gran árbol tomándolo de su rojo gazné que tenía alrededor de su cuello.  Las balas no le hacían ningún tipo de daño sobre su velludo cuerpo. Estas rebotaron como bandas elásticas.  

   Tomé la catana de Cadwell impulsado más por el miedo que por el coraje, enceste de un tajo la mano derecha del animal. Haciendo que esta cayera en el fangoso suelo. Quien huyó como animal herido adentrándose a toda prisa hacia las pantanosas aguas que conectan con las selváticas amazonas, rugiendo y con el brazo escurriéndole de sangre. Haciendo que el río en ese momento se tiñera de un color rojizo. Los cazadores heridos salieron asustados al contemplar aquel bello, pero a la vez macabro espectáculo. La ensangrentada cara de Cadwell había palidecido. Le había incomodado muchísimo contemplar aquel colorido río. Que parecía un enorme trozo de hilo rojo cruzando en medio de la maleza.

   Me traje conmigo aquella mano que al principio pensé que sería un desperdicio dejarla tirado…eso fue lo que creí en un principio ---. Dijo el señor Fisher ---. Pero cometí un error.

Publicado la semana 18. 03/05/2020
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
18
Ranking
0 81 0