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EL VENDEDOR DE ASPIRADORAS

   Cada vez que recuerdo mi infancia, siempre se me vienen muchas cosas en la cabeza, como las pequeñas travesuras que hacía en la escuela, arrojar botellas al río o escuchar las historias que mi tío Daniel alguna vez me contaba. Hubo un relato que en especial atención, hizo que se me helara la sangre y me pusiera los pelos de punta. Puesto que esta historia le ocurrió a él cuándo era un niño de tan solo ocho años y que, por cierto, dejó una huella imborrable en su vida.

   En cierta ocasión, me encontraba estudiando en mi cuarto, cuando escuche un leve toquido en mi puerta el cual dije !adelante! . Era mi tío quien con una pequeña sonrisa, me preguntó qué era lo que estaba haciendo, por lo que al enseñarle el libro, era más que obvia mi respuesta. Me acuerdo que mi tío era un hombre de una edad aproximada de cuarenta y ocho años, complexión delgada, piel morena clara, con una estatura de uno punto setenta y con el color de cabello negro que reflejaba algunas canas. Se sentó a mi lado y comenzó a platicarme de su vida en la escuela; tanto así que deje por un momento mis estudios y me enfoque a escucharlo por un buen rato.

   Se emocionaba cada vez que me contaba su aventura escolar, pero sobre todo las bromas que les hacía a sus compañeros, maestros y hasta su director. Su cara de pronto cambio al mencionar el nombre de Luis; yo al percatarme de esto, no dude en preguntarle ¿Quién era Luis? Por lo que mi tío con semblante de una profunda tristeza, con los ojos a punto de romper en llanto con una voz temblorosa y seca, solo me respondió que Luis fue uno de sus amigos, y que al igual que él, iban los dos en el mismo salón compartiendo estudios con el mismo profesor; pero este, desapareció como si la tierra se lo hubiera tragado. Sus padres y algunas autoridades hicieron lo posible por encontrarlo, pero lamentablemente no pudieron hacer nada. Los padres devastados por la pérdida de su único hijo y las autoridades al no tener indicios de su desaparición dieron por cerrado la investigación, parando así la búsqueda.

   Mi tío, era un hombre que reflejaba cierta madurez y una estupenda memoria al contarme con elocuencia su oscuro pasado; hizo que captara muchísimo mi atención, quedando atrapado en su relato. Yo en ese entonces tenía tan solo ocho años de edad, aparentemente al igual que todo niño no me gustaba oír las conversaciones de los adultos. Pero en esta ocasión la conversación que tenía con mi tío Santiago, se hacía cada vez más interesante y más escalofriante.

   Esa misma ocasión, y como siempre me seguirán acompañando sus palabras, palabras que zumbaran en lo más profundo de mis pensamientos adentrándose por la parte auricular de mi cuerpo, palabras que me dejaron petrificado, helado, paralizado, aterrado, atemorizado, anonado y un sinfín e innumerable formas de descripción que en ese entonces yo me sentía.

   Apoyándose su mano sobre mi hombro derecho y con un semblante que reflejaba una profunda tristeza y con los ojos escurriendole pequeñas lagrimas alrededor de sus mejillas, me dijo que yo a veces le hacía acordarle a su amigo, a quien no pudieron hallar y que se lamenta muchísimo por no haber hecho nada.

   “querido sobrino, tal vez pensaras que soy desquiciado al ver mi rostro tan pálido y desencajado. Mis viejas canas que hay en mi cabello, son testigos mudos de la desaparicion de Luis. Todo absolutamente todo lo que te cuento es verdad. Al único que culpo por la pérdida de Luis es a ese maldito vendedor que como todas las noches sin faltar ni una sola. Iba y venía ofreciendo sus malditas y obsoletas aspiradoras, tocando en puerta en puerta, yendo a casa por casa mirando que se llevaba y que en este caso fue él quien se llevó a mi desdichado amigo”.

   A partir de ese día en que mi amigo desaparecio, algunos de los otros niños que vivían cerca del lugar donde ocurrieron los hechos; también empezaron a desaparecer, incluyendo a Alma una de las niñas más lindas que me gustaba.

   "En cuanto a tu padre y a mí no nos permitían salir a jugar a fuera, y así lo hicieron los demás padres de los demás niños, que al igual que los de nosotros temían a que algo malo fuera a ocurrirnos". 

   El ambiente en que vivíamos toda una vida, se sentía una angustia, una angustia que traía una preocupación, un miedo que invadía en el corazón de todo el vecindario. Pero ¿Quién iba a creer que un simple vendedor de aspiradoras pudiera ser capaz de robarse a un menor y sobre todo causar pánico? Yo no pude hacer nada, como lo dije antes solo tenía ocho años, nadie absolutamente nadie me creyó; es muy difícil que un adulto le quiera creer a un niño, imaginando e inventando locos cuentos con fantasías dementes, que solo se encuentran en su retorcida cabeza. Tachándome de marginado, proveniente de padres carentes de cariño y afecto. Adultos necios que por culpa de su terquedad y de su raciocinio, fueron sus hijos aquellos los que tuvieron que pagar por sus errores tan fatales.

   Cecilia mi madre y que alguna vez fue tu abuela era de esos uno tantos adultos, que poco a poco fue creyendo de mi absurda y tonta idea con respecto del sujeto, al igual que yo concordaba ¿Cómo es que un perfecto desconocido de la nada aparece ofreciendo hasta tales horas de la noche que desde nuestro punto de vista aspiradoras de un aspecto inservible.

   Cada vez que oía la anécdota de mi tío, me impacientaba por saber ¿Cuál sería el desenlace de su historia? Hasta tal punto que le pedí que me describiera como era aquel personaje; por lo que el inmediatamente en un estado de en trance o en shock me dijo: “sobrino, ese maldito tipo al juzgarlo no parecía ser un vecino que viviera por el lugar, ni tampoco tenía finta de ser extranjero, ni mucho menos una persona normal como tú y yo. Al verlo por primera vez me causo una fuerte impresión y un ataque de histeria, dejándome consigo un desagradable recuerdo imposible de olvidar. El desconocido tenía una cara de muy pocos amigos, daba un aspecto de que no comía lo suficiente; debido a la falta de pigmentación  en su cadaverico rostro y a sus pomulosas mejillas sin contar con sus horripilantes ojeras, con brazos, uñas y dedos muy alargados, con una altura de dos metros y con un físico hasta tal grado de desaparecer; con atuendos de vestir lúgubres, las cuales consistían en un pantalón, un saco, un moño, unos zapatos viejos y un sombrero de copa desgastado todas de color vino a excepción de la camisa que era de color blanco y un par de zapatos color café. Al contemplarlo detenidamente y muchos de los que lo han visto más de cerca, pensaron de que se trataba de un enterrador que tal vez trabajaba en el viejo cementerio que se encontraba alado de la abandonaba iglesia de San Jacinto, de la que se han contado una infinidad de macabras anécdotas con respecto a ese camposanto.

   Entre murmullos alcance a escuchar algunas palabras que mi tío había pronunciado en un estado de sofocación, palabras que como dije antes me dejaron paralizado “este extraño ser, no era de esta tierra, el provenía de los más profundos abismos del infierno; donde reina los más crueles castigos que el hombre teme. Él fue o sigue siendo ese demonio a quien le gusta secuestrar, torturar o quizás comer a inocentes criaturas que no se podían defender por si solos”.

   Como decía mi papá a veces la maldad de los hombres no tiene límites ni mucho menos forma, supongo que se trataba de un castigo divino por parte de nuestro dios padre, quien al ver la falta de fe y la carencia de amor por parte de nuestros progenitores, que por así decirlo, fue una lección muy dura que a la mala ellos tendrían que aprender. ¿Qué dios tan misericordioso quiere hacer sufrir o ver sufrir a su hijo con la pérdida de su ser amado?

Continuando mi tío…….

   Lo más perturbador e inquietante de este misterioso individuo es la diabólica sonrisa con la que se presentaba para vender sus baratijas inservibles. Interrumpiéndolo repentinamente y de nuevo con mucha intranquilidad le pregunte ¿Cómo es que aquello o lo que fuera se llevó a Luis? Por lo que mi tío, recuperando algo de tranquilidad me dijo.- un día estando en el parque solos él y yo jugando a la pelota, en una tarde casi a punto de anochecer, sin nadie que nos molestara. Ahí estaba ese ser demoniaco que invadía el terror y la locura quien lo veía, parado detras unos arbustos, mirándonos fijamente con ese siniestro rostro y esa maquiavélica sonrisa en sus labios. Al percatarme de su presencia, sentí un fuerte escalofrió que recorrió todo mi cuerpo, haciendo latir muy fuerte mi corazón hasta el punto de lograr que se me saliera; acompañado de una fuerte adrenalina produciendo una reacción rápida dentro de mí, permitiéndome que saliera despavorido y sin mirar atrás sin importarme nada; dejando únicamente a mi amigo a su suerte ¡oh dios mío qué barbaridad!

   Llegué a mi casa como pude y mirando por la ventana con un horror inexpresable y a lo lejos solo escuchaba la compañía de algunos aullidos de varios perros, el viento fuerte resoplo levantando las hojas muertas y estirando las ramas de los árboles, con una luna llena en pleno apogeo; daba un espectáculo fantasmagórico presintiendo que algo muy malo le había sucedido a Luis y yo muy cobardemente había huido. No sabía qué hacer, seguramente si yo me habría quedado no lo estaría contando.

   Hubiera querido que la narración del desafortunado acontecimiento que tuvo que pasar mi tío, quedara ahí. Sin embargo él quería seguir continuando. Relatarme otras experiencias quienes junto con otros dos de sus compañeros de su escuela compartieron sus terribles narrativas de aquel espeluznante monstruo.

    Al sentirse nostálgico el hermano de mi padre y haciendo una pausa a su relato, se dirigió a la cocina en búsqueda de hallar una botella de vino tinto con el fin de colmar su ansiedad y de mitigar de alguna forma su pena que le atormentaba noche con noche, siempre sollozando por la pérdida de su gran compañero y amigo de la infancia, culpándose por no hacer nada.

   Yo en tanto lo esperaba en mi habitación, me seguía muriendo de las ganas para que continuara con su historia, a pesar de que a mi corta edad en ese tiempo, ya me había invadido un miedo por completo y que actualmente me sigue causando pavor al estarlo recordando;  aun así no deja de reconocer lo interesante que resultaba. Sin encontrar la botella de vino con una desesperación. Entre maldiciones y blasfemias, mi tío al no dar con el paradero de la botella subió nuevamente a mi recamara y opto por continuar con la narrativa, sentándose de nuevo en mi cama y prosiguió en narrarme.

   En cierta ocasión estando en el patio de la escuela disfrutando amargamente de mi recreo, Anthony y Sebastián otros dos estudiantes que al igual que yo, se estremecieron al enterarse sobre la desaparición de Luis, esto a que también eran muy allegados hacia él. Los dos amigos se acercaron a hablarme, con la intención y la esperanza de que les diera una posible pista de donde podrían localizar a nuestro desaparecido colega, por lo que únicamente me limite en narrarles todo lo ocurrido aquella noche.

    Al concluir con mi historia, estos dos se quedaron viéndose el uno con el otro y entre los tres llegamos a la misma conclusión sobre el siniestro personaje que merodeaba por nuestras casas. Aprovechando la situación en la que estábamos. Rompimos el silencio decidimos hablar sobre nuestros encuentros con aquel engendro del diablo.

   Durante la reunión, Anthony fue quien ahora tomo la palabra para platicar su hecho relacionado con el diabólico ser, una noche antes de la desaparición a quien consideraba su hermano del alma, este maligno mercader visito su casa, ofreciéndole sus aparatos de limpieza. Al no estar interesado en comprar sus trastos viejos, quiso cerrarle automáticamente la puerta, al momento de hacerlo, el despreciable hombre coloco su cadavérica mano sobre esta, evitando que cerrara. Anthony se quedó mudo de la impresión por la reacción de parte del individuo, dejándolo petrificado y lanzándole una mirada amenazante y una aterradora sonrisa; Sintiendo como sus piernas temblaban paralizándolo por unos instantes de miedo; pensando que aquel loco se lo iba llevar estando en su propio hogar, su mamá al notarlo que estaba en la entrada y con la puerta abierta, al verlo allí parado sin hacer nada, pego un fuerte grito con la intención de llamarle la atención,  cuando salió de su estado mental, corrió hacia ella en brazos para que de alguna forma lo protegiera ante esa malévola presencia. Cuando le pregunte por la hora en que le sucedió esto, Anthony con una perfecta videocámara en su cerebro, me detallo las mismas condiciones cuando lo vi por primera vez. Al finalizar con su macabra anécdota sobre su acercamiento con aquel vendedor. Anthony un año mayor que yo, fue uno de los estudiantes más destacados dentro de nuestro salón y era muy difícil no creerle.

   Sebastián santiguándose y diciéndonos que él había pasado por algo similar y comenzando así su historia. El como yo, también se atrevió a contarles a sus padres sobre su referente suceso, pero estos nunca le creyeron como siempre suele pasar, es muy difícil que un adulto quiera creerle sobre todo a un infante, Sebastián dos años mayor que yo era el típico niño rebelde que no respetaba las reglas en su casa ni en cualquier parte, incluyendo la escuela por lo que el mismo se le ha perdido la confianza y credibilidad, a diferencia de Anthony.

   En una noche de luna llena diciéndonos, él se encontraba  en los juegos del parque que se ubicaba a un costado del colegio junto con Laura su hermana menor y compañera de nuestra misma clase, sería como a esa de las seis o siete de la noche calculándole, cuando a lo lejos se escuchó una jauría de perros aullar desesperadamente, acompañados de un fuerte aire que sacudió algunas ramas de los árboles que se encontraba cerca de donde ellos estaban, al notar esto Sebastián presintió que algo malo los acechaba como si algo dentro de sí mismo les advirtiera para que salieran huyendo de ahí cuanto antes , tomándola fuertemente de la mano y sin titubear corrieron sin importar dejar sus mochilas hasta resguardarse en los brazos de doña Pánfila su madre, que al verlos llegar tan noche no tuvo más remedio que castigarlos, además de advertirles sobre los peligros que les pudo a ver pasado. Me impacte al oírlo cuando agrego por último, antes de concluir con su horrible vivencia, mientras corrían para llegar cuanto antes a su casa. Sebastián volteo hacia atrás para corrobar de que no hubiese nadie; y fue en se instante que vio al abominable y despreciable vendedor, viéndolo de una manera que asustaría a cualquiera que lo llegara a visualizar con una cínica sonrisa que eriza hasta el más mínimo cabello del cuerpo. Sebastián les conto todo esto a sus padres, pero estos al igual que los míos nunca le creyeron a excepción de tu abuela. Continuamos hasta que la campana del recreó se escuchó. y retomaramos nuestras respectivas clases.

   “Veraz sobrino no hay final feliz para esta verídica historia, solo desgracias ajenas que nadie puede curar ni con el simple paso del tiempo, todos los que llegamos a ver a ese misterioso hombre principalmente los niños, nos causó tanto pánico que jamás vamos a olvidarlo y lo digo por experiencia propia, pase todos días recluido en un diván junto con un psicológico, si hubiera reunido el valor suficiente y tal vez habría confrontado a ese maligno y abominable vendedor. Pero te vuelvo a repetir apenas era un niño con una escaza corta edad; sin embargo sigo pensando que si quizás me hubiera quedado, posiblemente también me habría llevado y ya no sería solo Luis sino también a mí.

   En cuanto mi finada madre, antes de que ella se fuera de este mundo, también me llego a contar un suceso relacionado con este aterrador sujeto, el cual hizo que recayera por el gusto del tabaco provocando posteriormente su adicción.

   Cuando se decretó toque de queda por todo el vecindario del barrio de San Jacinto, ella viendo las circunstancias tuvo que ir por las compras para hacer la comida, relatándome que se dirigía al mercado denominado la “buena vida” una denominación bastante incomoda para la situación en la estaba pasando nuestro pueblo, que paso de un lugar tranquilo a un lugar inseguro y peligroso, vigilando en todo momento a los menores que nos encontrábamos habitando. Era bastante insoportable no salir de tu casa para jugar y que después de clases tus padres tengan que ir por ti. Cuando mi mamá se hallaba comprando algunos productos para la cena, dos de las vecinas que al igual estaban realizando sus dichosas compras. Mi madre recuerda a ver alcanzado a escuchar una conversación que sostenían las dos mujeres, diciéndose una a la otra sobre las otras desapariciones que se suscitaron después de dos días de lo acontecido con mi amigo. Ana y Alejandra otras estudiantes les ocurrieron lo mismo que a Luis, desaparecieron sin dejar rastro alguno, siendo testigos mudos unos cuantos perros que con su ladrido lastimero no dejaron de aullar en ese plenilunio, dejando a todos los habitantes oyentes atónitos de aquel escalofriante suceso. Un par de mujeres comentaban que dé a partir del cambio de horario, hora que oscurece más pronto, es donde el afamado secuestrador actúa sin que nadie lo vea. Doña Carmelita madre de Alejandra en su arranque de ira y de coraje culpaba al vendedor nocturno como el principal sospechoso por la desaparición de su hija, por supuesto nadie del pueblo le creyó, salvo mi madre.

   A partir de estas dos desapariciones me comentaba por ultimo mi madre, esto fue como una llave abriendo y desencadenando una gran ola de secuestros no solo por el barrio de San Jacinto sino también por sus alrededores del pueblo. Los padres de familia preocupados y ante el temor de ser sus hijos los siguientes, decidieron tomar cartas en el asunto organizando a varios grupos de vigilancia, esto a falta de interés por parte de las autoridades del pueblo quien al no tener indicios del paradero de los infantes desaparecidos, dieron por concluida la búsqueda.

   Mi tío al concluir con su relato, y yo intrigado  lleno de curiosidad, le pregunte por última vez ¿Qué había pasado con los padres de Luis y de los demás que al igual manera perdieron a sus hijos?, mi tío con su melancólica expresion en sus ojos, solo me respondió que nunca se recuperaron de aquella tragedia y estos optaron por marcharse de sus hogares, que alguna vez fue un hermoso y pacifico lugar, con recuerdos felices.

Publicado la semana 16. 15/04/2020
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