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LA SAN SEBASTIANA

   En un día caluroso se encontraban bajo la sombra de un gran árbol Don Carmelo y sus dos nietos Rómulo y Ángel. Se sentaron a descansar un poco, debido a la fuerte e intensidad con que los rayos del sol les quemaba, las manos les dolían habían estado labrando por más de dos horas las parcelas que su difunto padre les habia heredado. Habían estado pegando fuertemente con el azadón la árida tierra que parecía roca.     

   Rómulo quien era el más pequeño de los dos nietos le pidió a su abuelo que le contara una de sus tantas historias.

   Don Carmelo que, a pesar de su edad de cincuenta y un años con un rostro arrugado, tenía una estupenda memoria y una gran elocuencia para narrar sus historias. Rómulo siempre buscaban algún pretexto para que su abuelo le contara alguna, encontrando el momento adecuado para hacerlo.

   Ante las insistencias de sus dos nietos Don Carmelo inició con su historia.

---Miren hijos esto me lo contó su tata, cuando yo apenas era un chamaco… así como ustedes dos… ----. Dijo Don Carmelo ---. Si… esa mera… que se fue a combatir dentro de las filas revolucionarias del general Pancho Villa.

   Esto ocurrió en nuestro pueblo en San José Madero, cuando estaba a travesando por una transformación. Viniendo con ello la primera locomotora que posteriormente sería reemplazado por el ferrocarril. En tan poco tiempo San José Madero se convirtió en un pueblo rico y próspero.

   Fue a partir del año mil novecientos diez después de que… Don Porfirio Díaz volviera a reelegirse para presidente. Nuestro pueblo fue sometido bajo su estricto poder. Mi abuela siendo apenas una chamaca pudo darse cuenta como su papá o sea… mi abuelo era forzado a trabajar.

---En ¿Qué? ---. Preguntó Ángel introduciéndose su índice derecho por la nariz.

---¡En las vías! ---. Contesto su abuelo. --- mi abuelo junto con otro grupo de campesinos. Personas honradas que les gustaba trabajar mucho en el campo también fueron obligados a trabajar en la construcción de esas vías.

   Su abuela fue una valiente y anónima soldadera, que nadie ni siquiera en los libros de historia recuerda.

   Tuvieron que pasar dieciocho años para que mi abuela, se alistara a las tropas revolucionarias.  Ella ya estaba cansada de que los federales abusaran de la   gente. Les estaban arrebatando lo que un ser humano anhela en esta vida que es su libertad. A su bisabuela Rosy le costó muchísimo trabajo para que Pancho Villa la aceptara dentro de sus filas. Pudo adaptarse a los duros entrenamientos que le imponían. En tan poco tiempo se volvió una excelente tiradora, usaban muy bien la casaca y el rifle una carabina treinta treinta. Un arma legendaria que el centauro del norte le habia regalado. Y con el que hirió a muchos federales. Un arma que se piensa esta bendita.

---¡bendita! ¿Por quién? Abuelo ---. Preguntó Ángel.

--- ¡eso no lo sé hijo! ---. Contesto su abuelo.  

---¡Wow! ---. Exclamó Rómulo atento a la historia.

   Además, humilló a uno de los generales más cercanos a Villa. El general Bernardo Calleja cuando este intento propasarse con una compañera suya, dándole un tiro en su pierna izquierda. El jefe revolucionario salió huyendo con los pantalones abajo, sin que este no se atreviera a decir nada supongo lo humillante que debía ser que una mujer hiriera a un hombre. Doliéndole donde más le duele. En su orgullo.

---¿Qué más abuelo? ---. Pregunto Ángel con impaciencia.

---enfrentó muchas batallas. Que se ganó el apodo de La San Sebastiana. Por la forma en cómo se enfrentaba a los federales, era una fiera agresiva en el campo de batalla, hiriéndoles siempre en alguna parte de su cuerpo. Dejándolos vivos para que estos de alguna manera contaran su historia, quitándoles su mero orgullo.  

--- Se ganó el reconocimiento de los altos mandos, después de que… --- dijo Don Carmelo. --- aquí es donde recién empieza nuestra historia.

 

   Tuvo suceso después de que su bisabuela a lado de varios villistas y zapatistas, entraran al pueblo de San José y tomaran uno de los ferrocarriles del general Díaz. Varios revolucionarios y federales murieron en aquella encarnizada batalla.

--- ¡Ahí vienen! --- manifestaron los federales al contemplar con terror como se aproximaban cabalgando los revolucionarios hacia la estación. Como si se tratara de una horda de demonios. Quienes estaban a punto de acechar a federales y a pasajeros.  

---¡Secuestremos ese tren! El capitán Hurtado lo va a necesitar ---. Gritaban algunos villistas. Mientras lanzaban algunos disparos en el aire.  

---¡Yo los cubro! ---exclamó su bisabuela, mientras disparaba con su treinta treinta a cada federal que se le cruzaba en su camino.  Mientras cabalgaba con dirección hacia la estación.

   Cabalgo a todo galope y antes de que ella llegara a la estación uno de los federales disparo contra ella. La bala traspaso el lomo de su caballo haciendo que este se cayera en el árido suelo retorciéndose de dolor, cayéndose además su bisabuela. Rosy se levantó inmediatamente, a pesar de que en ese momento se encontraba herida de una de sus rodillas. Eso no impidió que la San Sebastiana dejara de luchar. Hirió al federal que se encontraba cubriendo el ala este de la estación.  

   Corrió hasta donde sus piernas se lo permitían. Faltaban unos diez metros para que la San Sebastiana llegara hacia aquella máquina humeante.

---¿Qué más abuelo? ---. Preguntó con impaciencia Ángel.

   Su bisabuela continuó avanzando apoyándose de su carabina hiriendo a cuanto federal se le ponía en el camino. Quienes en vano intentaban asesinarla.

   Faltaban cinco metros para que la San Sebastiana llegara a la estación. Hirió a dos federales que se encontraban cubriendo las vías. Los pasajeros que estaban a bordo del ferrocarril buscaron la manera de protegerse ante la lluvia de balas que entraban rompiendo los cristales de los vagones.

---¡Manténganlos alejados a esos malditos revolucionarios ¡---. ordenó el federal mayor Anaximandro de Argomedo.

   Rosy llegó a la estación. Recargó su treinta treinta usando las balas que le quedaban en su casaca. Mientras tanto Bernardo Calleja se habia adelantado, esperándola dentro de la estación con un revolver en la mano. Quería emboscarla, vengarse por lo que le habia hecho.

---¿Qué más abuelo? ---. Protesto Rómulo atento conteniéndose las ganas por ir a orinar.

   Prosiguiendo con su historia Don Carmelo.

---¡Sebastiana! ---. Voceo el jefe revolucionario.

---Aquí estoy--- contesto ella con voz de mando sin despegarse el arma de su mano. Tirando con una patada la puerta de madera de la estación.

---Ahí estaban los dos sigilosamente viéndose uno con el otro, estaban esperando a que uno disparara y cometiera un error para que el otro lo matase. Transcurrió un minuto, cuando se escuchó el sonido de un proyectil saliendo del orificio del cañón de la San Sebastiana. La bala impacto en la frente de Calleja. Quien inmediatamente cayó de espaldas muerto hacia al piso de madera con la boca escurriéndole de sangre.  

   Horas más adelante el ejército revolucionario tomó como rehenes a la bola de pasajeros que se encontraban a bordo de los vagones, un montón de aristócratas con dinero. A quienes despojaron de sus pertenencias. Haciéndoles lo mismo como lo habían hecho con ellos con su libertad. En cuanto a los federales y su general Anaximandro fueron a presados y posteriormente fusilados vivos en el cerro del nahual.         

   Pero lo que no sabía es que la San Sebastiana pudo anticiparse a las malas intenciones que se proponía hacer el malévolo general y los federales.

---¿Cómo es que se enteró de lo que pretendía hacer el general Calleja? ---preguntó Rómulo inquieto.

---¡Por un sueño que ella tuvo ¡---. Replico Don Carmelo con voz portentosa. Haciendo que su historia sea más interesante.

   Su tata tuvo un sueño que para muchos de ellos fue por así decirlo fue una especie de señal divina. Antes de que ella partiera hacia la otra vida, ella me lo platico.

---¡Vamos abuelo que te dijo ¡---. Murmuro Ángel.

---sus palabras las recuerdo muy bien ---. Dijo Don Carmelo.

   Su tata dijo haber soñado con el mismísimo San José quien le contó lo que Bernardo Calleja estaba planeando hacerle a ella y a sus otros compañeros. San José le pidió además prestado su treinta treinta, el cual tomo de sus manos. Como si él de alguna manera… la bendijera.     

---Que…historia abuelo ---. manifestó contento el más pequeño de los dos nietos. 

---¿Qué ocurrió con mi bisabuela?!abuelito ¡---preguntó Ángel.

---Después del derrocamiento del general Díaz, su tata se fue a vivir para Inglaterra, donde posteriormente se uniría para ayudar a los tres imperios de que conformaban la triple entente (Francia, Rusia y Gran Bretaña) a vencer al grupo alemán nazi. Pero eso ya es otra historia.

--- ¡Pero si nos lo vas a contar verdad! ¡abuelo! ---. Preguntó Rómulo insistente.

---¡Si hijo!… pero será para otra ocasión---. Respondió Don Carmelo. Dándole un sorbo de agua a su tecomate.      

Publicado la semana 14. 03/04/2020
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