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SK

LA COMBI

   Era mi primer día en la secundaría apenas tenía quince años, era una tarde hermosa soleada y con un cielo azul limpio despejada de nubes. Yo me encontraba preparándome para irme a la secundaria no quería llegar tarde en mi primer día de clases.

   Me emocionaba por conocer a mis nuevos maestros y de hacerme de nuevos amigos, Introduje en mi mochila mis útiles que ocuparía para al inicio de esta semana y desde luego mi lunch, el cual me había preparado mi mamá con mucho cariño. Mientras acomodaba mis cosas. Mi papá se encontraba sintonizando la radio quería escuchar see you alligator de Bill Haley.

---prepárense que esta noche habrá luna llena ---. Dijo riendo aquel hombre de la radio.  

   De niño siempre me gustaba contemplar la luna llena no sé porque, pero a mí me fascinaba verla, me recordaba las viejas historias que leía en mis libros acerca de personas que se transformaban en hombres lobo o en vampiros espantosas criaturas que salían por la noche a chupar la sangre de dulces e inocentes jóvenes.

   Me despedí de mis padres y por supuesto de mi perro un pastor ingles miniatura de nombre Cuillé.  Le lance su pelota de hule en el jardín que al tirarla corrió tras de ella. Aproveche el momento oportuno para dejarle. No quería que me siguiera hasta la secundaria. No lo podía concebir.

   Durante mi trayecto me percate de algo que sinceramente me dejo inquieto y lleno de intriga había anuncios o avisos sobre gente desaparecida siempre con esas mismas letras “LO HAS VISTO” o “LA HAS VISTO” pegadas en todas las paredes de las casas, en los postes de luz, teléfono. Situación que después ya no le di mucha importancia y reanudé con mi marcha, quería llegar lo más pronto posible quería desde luego conocer a mis nuevos maestros y por supuesto a mis futuros amigos.

   El camino era largo, avance acelerando el paso. Remangue la manga izquierda de mi uniforme para consultar la hora, quedándome diez minutos para llegar.

   Sin remedio alguno, alce mi mano para hacerle la parada a una combi de color blanco marca voslkvagen. La cual la conducía un hombre gordo de edad aproximadamente de treinta y cinco años, moreno con una barba tipo candado y que además traía puesta una cachucha de color azul rey los cuales combinaron con sus gafas oscuras.

   Al abordarla me percate de que era el único pasajero. Me senté en la parte trasera de la combi por la ventanilla izquierda. El chofer cerro la puerta lateral por donde yo había subido. Tirando de una cuerda atada a una polea e intenté abrir la ventanilla que estaba justamente a mi lado. Se había encerrado mucho el calor y quería refrescarme hasta antes de que llegara. Desafortunadamente se encontraba bastante atorada, empuje con todas mis fuerzas, pero esta no quería abrirse.

   El conductor al notar mis vanos esfuerzos por querer abrir aquella ventana se me quedo mirando por aquel espejo retrovisor que se ubicaba en la parte de enfrente del vehículo, llevando siempre puestos esas oscuras gafas empezándose a reír de mí. Lo que me dijo fue el motivo principal para que yo escapara.    

---¡Hay chavo! no sabes ni en lo que te metiste---. dijo aquel siniestro conductor que no paraba de verme en aquel espejo.

---¡Disculpe! ---. exclame desconcertado. Pensando que quizás se hubiera molestado por haber insistido tanto con la ventana.

---¡Tú sabes a lo que me refiero! ---dijo aquel desconocido hombre. Apartando su vista en aquel espejo, pasando su mirada por su ventanilla izquierda.

---¡No se! a ¿qué se refiere señor? ---. pregunte aún sin conocer todavía la situación en la que me iba a enfrentar.

---No te hagas el tonto conmigo… tu lo sabes---contesto. Clavando otra vez su gorda mirada en aquel tonto espejo.

---Será mejor que bajé---. dije algo molesto. Solicitándole al conductor que parara la combi inmediatamente.  

---¿decías algo? ---preguntó con tono sarcástico.

---Si… que quiero bajar, ahora--- conteste molesto.

---Lo siento no se puede---. dijo riéndose de mí. Retomando su atención en aquel maldito espejo. Enseñándome una de sus picadas muelas de su boca.

---¿Por qué no? ---. pregunte en tono molesto. Jalando en vano la manija del auto sin que esta pudiera abrirse.

---¿No te das cuenta de lo que está pasando? --- pregunto el regordete conductor.

---¡No! ---. replique todavía malhumorado. Considerando que no me gustaría saber cuál fuese la razón. Tenía miedo, reconozco que apenas me estaba dando cuenta del peligro en que me acechaba ¡si estaba siendo secuestrado! Por un conductor desconocido que en este momento se ubicaba manejando una combi Volkswagen. ¡oh dios mío! exclame en silencio y lleno de miedo.

---¿Sabes cuanto pagaría la gente que necesitara un riñón, un hígado, un corazón, o quizás un páncreas o tal vez un pulmón? ---. preguntó en tono de burla el secuestrador esta vez sin siquiera verme en aquel espejo. Manteniendo su vista enfrente. 

   No quería responder a esa pregunta. Sabia de ante mano la respuesta, pero no me atrevía a contestarle aquel sujeto con cara de malviviente. Quedé mudo de miedo, mi corazón latía con mucha violencia. Volví a sentarme en mi lugar y empujé con todas mis fuerzas la ventanilla. Que por más que la empujaba, la ventana continuaba estando cerrada.   

---Mi jefe va a pagarme muy bien por ti---. exclamó con alegría el secuestrador. ---Será mejor que te pongas cómodo porque nos queda un largo viaje que recorrer y más vale que no vayas a gritar. Los vidrios de esta combi repelan cualquier sonido. Será tan inútil como querer abrir esas ventanas. ¡Quedó claro!  término diciéndome con tono amenazador aquel horrible sujeto.

   Tenía ganas de gritar o romper la ventana con la intención de escapar de aquel medio de transporte, pasamos por algunas calles y avenidas. Viendo como la gente pasaba de un lado para otro sin siquiera voltearme a verme sin percatarse del grave peligro que corría. Pase minutos angustiado, no sabía que destino me deparaba.

   Pensé en mis viejos amigos, en mi familia y en mi perrito Cuille que ya jamás los volvería a ver. Tenía ganas de llorar cada vez que nos acercábamos hacia ese lugar donde seguramente me iban a extraerme mis órganos no quería imaginarme de que forma sería.  Y me puse a orar en silencio.

   De vez en cuando el conductor volteaba a verme por aquel espejo retrovisor cerciorándose de que no pudiera escapar. Haciéndome un ademan con su boca de que guardara silencio. Por miedo simplemente obedecí, no tenía por donde salir.

   Cuando creí que todo había acabado para mí. La otra ventanilla que se encontraba a mi lado derecho por fin pude abrirla. La empuje con todas mis fuerzas hasta mantenerla abierta. Espere a que el conductor redujera un poco la velocidad. Seque mis lagrimas y rogaba a dios de que el chofer no se percatara de mi única salida.  Coloque mi mochila sobre mi hombro derecho y enseguida saque una de mis piernas por esa ventanilla, después fue la otra. Me sentía afortunado de que ese extraño sujeto se encontraba ahora distraído hablando por celular, empezando a desacelerar el auto.

   Al doblar hacia la derecha por una esquina al punto de salir de San Javier, salte sin importarme nada, llegándome a lastimarme únicamente mi tobillo izquierdo. Desafortunadamente mi casa se ubicaba retirado por donde salte. Perdí mi primer día de clases por culpa de aquel conductor con mala higiene, me estremecí al acordarme sobre esos anuncios de gente desaparecida.              

   Daba gracias a dios de que me hallaba envuelto por la oscuridad de la noche, algunos postes de luz y los claros rayos de la luna eran lo único que estaban alumbrándome, permitiéndome que le sea difícil de que volviera atraparme ese desconocido automovilista.

   Llegue con mucha dificultad a mi casa. El camino era bastante largo.  Avance ocultándome de toda combi que se acercara no quería correr ningún riesgo, después de lo acontecido no quería cometer el mismo error.

   Mi mamá al verme entrar a mi cuarto me sonrió y me preguntó ¿Cómo te fue en la escuela? Cariño.   

   No le conteste, solo me eche a llorar no tenía palabras para expresarme y decirles todo lo que me había ocurrido. No quería imaginarme ver a mis padres tristes enterarse de que hallaron mi cuerpo vacío sin ningún órgano, tirado probablemente en algún contenedor de basura o en un canal de aguas sucias, siendo el almuerzo para las ratas.

   No considero que sea muy necesario describirles como me sentía esta noche. No pude pegar un solo ojo en mi almohada. Solo continuaba contemplando la luna llena asomándose por mi ventana la que me recordaba los viejos monstruos de mis libros. Los monstruos existen, pero no son como las historias son muy reales y se dedican a raptar a personas inocentes para extraerles sus órganos y posteriormente venderlos.

   Mis padres desde luego se enteraron de lo que me había sucedido hicieron la denuncia correspondiente a las autoridades, que para mi sorpresa y que realmente al parecer soy el único que hasta ahora lo puede contar. Sobreviví y eso es lo que importa.

   Una semana después en la estación de policía de San Javier.  

---¿Ya te enteraste pareja? ---. preguntó uno de los oficiales. A otro de sus compañeros.

---¿No de qué? ---. preguntó el segundo oficial un poco sorprendido.     

---Secuestraron a otro niño pareja ---. contestó el primer oficial.

---A… otro ---. exclamó impresionando el segundo oficial ---. Que lamentable pareja.

---Eso no es todo pareja—dijo otra vez el primer oficial. 

---También hallamos el cadáver de uno de los presuntos secuestradores y traficantes de órganos a mitad de la carretera que va con dirección a Pueblo Chico a unos cuantos metros hacia la salida de San Javier. Arrollado por otro vehículo. Presentaba marcas de neumáticos en todo su cuerpo, que al observarlas el forense determino de que se trataba de neumáticos de un camión de carga.

Publicado la semana 13. 29/03/2020
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