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SK

EL DÍA DE LAS MADRES

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   Todos los primos nos encontrábamos reunidos alrededor de una fogata, disfrutando de una hermosa velada, bajo las estrellas mirándonos hacia lo más alto del cielo. El frío nos empezaba a calar todos los huesos y los suéteres no parecían cubrirnos del frío invierno. Era como una tradición para todos nosotros crear una hoguera y contemplar aquellas enormes llamas, las cuales alimentábamos arrojándole toda clase de basura. Nayeli la prima mayor de todos los siete primos que estábamos ahí, sugirió que contáramos historias de terror. Uniéndose a nosotros mi abuelo Darío, quien al escucharla decidió acompañarnos haciendo a un lado su celebración de noche buena.

   La intensidad de las llamas del fuego fueron lo suficiente para calentarnos y soportar el fuerte frío del viento. Todos estábamos emocionados por iniciar con las macabras historias y de que nos acompañara nuestro abuelo. Pero en ese momento no sabíamos quién iba empezar, durando un largo silencio, hasta que habló nuestro abuelo.

  --- Yo conozco una historia que ocurrió aquí en San Javier—. dijo, con voz entre cortada y con la mirada distraída observando las incandescentes llamas. ---le ocurrió a un compadre mío que conocí cuando trabajábamos en el maderero abandonado, mucho antes de que la vendieran y mucho antes de que se modernizara el pueblo.

 ---Corría el año mil novecientos noventa y cinco y yo apenas tenía veinte años, mi compadre Genaro me llevaba la delantera con tan solo treinta años. Mas grande que yo.

 --- Se casó a los diecisiete años con la que alguna vez fue su esposa, con mi comadre Rosa María a la que todo el mundo le llamaba Rosma. Sus padres y los padres de mi comadre los obligaron a casarse tras enterarse de que ella tenía un mes de embarazo. La noticia fue como un duro golpe en el pecho para ellos dos. Y no había vuelta hacía atrás. Se casaron a los tres meses después de que Genaro entrara a trabajar en el maderero. Juntó su dinero y compró su casa que está a unos veinte kilómetros de ahí.

  ---Antes de que cumpliera el noveno mes, mi comadre Rosma ya estaba dando luz a su primer hijo al que llamaron Eíner. El cual fue educado de la misma manera que fue educado mi compadre. Con mano dura. Desde temprana edad Genaro lo ponía a trabajar en diferentes oficios, su mamá en ciertas ocasiones tenía que intervenir, argumentándole a mi compadre de que Eíner debería estar estudiando.

 ---Pobre chiquillo me compadezco de él---. manifestó mi abuelo. ---. el niño tuvo una infancia muy dura.

--- Antes de que Eíner cumpliera los seis años, Rosma quedo embarazada por segunda ocasión. Naciendo mi ahijada Amelia. Uno o dos años antes de que el maderero fuera comprado por un grupo de judíos extranjeros.

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   Los siete que estábamos alrededor de la fogata oíamos con atención lo que nos contaba nuestro abuelo, para ser bastante jóvenes le pusimos mucha atención. Lo que nos relataría más adelante nos puso la carne de gallina y los pelos de punta. El mismo reconoce el terror que le provocó cuando su compadre Genaro se lo platicó.

 ---Desgraciadamente el joven Eíner cayó víctima de las drogas, que a pesar de que el pueblo en ese tiempo no se urbanizaba, si fue uno de los lugares para el mayor consumo de drogas. Nunca se supo quien se los daba. Lo único que se supo del joven Eíner es que al cumplir la mayoría de edad fue recluido en un centro de rehabilitación contra drogas. El cual se encontraba hasta La Ciudad de México. En ese entonces La Capital.

 ---No me imagino como le hizo mi compadre para sacar tanto dinero para internar a su hijo, tampoco me imagino el dolor que mi comadre Rosma sintió al ver a su hijo siendo internado en un lugar como esos.

 ---Pasaron tres años y Eíner continuaba estando en tratamiento, de vez en cuando mi compadre junto con mi comadre lo iban a visitar.

 ---Faltaban dos días para el día de las madres. Eíner salió antes de concluir con su rehabilitación, esto a petición de su madre, quien no soportaba la angustia de ver encerrado a su hijo como si fuera un animal enjaulado. Mi compadre pensó de la misma manera que su mujer que sería un buen regalo para su esposa ver a su hijo. Especialmente el día de las madres.

  ---Pese a las advertencias del doctor, se llevó a Eíner con él. Lo que sería un regalo para el día de las madres acabó siendo una de las peores tragedias que dejó una huella imborrable en la vida de mi compadre y para su hija Amelia. Y para todo San Javier.      

  ---El verdadero horror empezó después de que Genaro y Eíner llegara a San Javier. Durante su regreso, Eíner había estado callado, algo que le pareció incómodo a mi compadre y sintió un fuerte escalofrío recorrer toda su espalda. Se le erizaron los cabellos. Ya había pasado mucho tiempo que no convivía con Eíner, que le pareció estúpido asustarse de su propio hijo.

  ---Pisó hasta el fondo el acelerador de su camioneta Chevrolet y mantuvo sus manos apretadas hacia el volante. No quería pensar que algo malo fuera a ocurrir durante su regreso. Llegaron a San Javier como a eso de las cinco de la tarde. El viaje había sido largo. Recibiéndolos desde la entrada de su casa mi comadre y su hija.  

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  ---¿Qué más? ---. preguntaron todos mis demás primos a mi abuelo.

  ---Denme un minuto---. contestó nuestro abuelo. Sacando entre los bolsillos de su pantalón una pequeña botella de licor de caña. El cual destapó y se llevó a la boca.

   Todos nos moríamos de las ganas de que mi abuelo continuara con su historia. Algunos aprovecharon el momento para ir a orinar detrás de los arbustos que estaban en el parque. Otros estábamos atentos esperando con impaciencia de que nuestro abuelo prosiguiera con su historia.

  ---Muy bien en ¿dónde me quede? ----. nos preguntó nuestro abuelo a todos nosotros.

 Sin que se lo dijéramos. Su memoria empezó a recordar.

  ---¡Ah…! ya! ---. exclamó.

  ---Mi comadre y su hija los habían recibido en la entrada de su casa. Sobre todo, mi comadre que, al ver a su hijo, su cara empezó a escurrirle unas cuantas lágrimas por la emoción de ver a su niño. Lo que parecía una conmovedora escena, para mi compadre fue algo más. Algo que le estremecía, el mismo me lo confesó. El mismo escalofrío de antes recorrió su espalda otra vez. No podía quitarse aquella escena de la cabeza.

  ---Amelia siendo una adolescente también le provocó escalofríos ver a su hermano abrazar a su mamá. Algo no andaba bien era lo que le decía a su padre. Tenía la impresión de que Eíner y su mamá se estuviera despidiéndose uno con el otro. Mi comadre en ese momento iba vestida de blanco. Usando uno de esos vestidos largos de seda de las que le gusta a la gente colocar a sus difuntos. Nadie de los presentes que se encontraba allí, sabía lo que iba a sucederle. Era como si el universo o el mismísimo Dios hubiere querido que así fuera.

  ---A la mañana del siguiente día mi compadre Genaro se había levantado temprano para irse a trabajar, dejando a mi comadre con sus dos hijos solos. Antes de que él se marchara, volvió a tener aquel raro sentimiento. Él sabía también que algo no andaba bien. Lo pudo presentir durante su regreso a San Javier.  Sin darle tantas vueltas al asunto, arrancó su camioneta y se fue a dirección hacia el otro pueblo, sin conocer lo que pronto le depararía a su regreso.

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 ---El terror se apoderó de Amelia después de que regresara a su casa, como a eso del medio día. No le pareció muy extraño que no viera a su mamá por ninguna parte, había recordado antes de que se fuera a la casa de una de sus amigas. Su mamá le había avisado que iría a visitar a una vecina.

  ---Pasado de la una. Fue cuando los temores de su padre junto con las de ella se hicieron realidad. 

  ---Subió a su recamara y lo que encontró fue motivo para que saliera corriendo de ahí y abordara un taxi dirigiéndose a la estación de policía más cercana.

  ---Los agentes policiacos al llegar a la casa, uno de ellos no soportó la grotesca escena que se encontraba delante de sus ojos y término vomitando el suelo de la habitación. A mi comadre le habían cortado la cabeza, había mucha sangre regada por todos lados. Amelia se desmayó al ver el cuerpo sin vida de su madre con la cabeza tirada hacia a un lado, con un gran charco de sangre juntándose debajo de esta.

  ---Una de las oficiales con la ayuda de otro compañero sacaron a la pobre de Amelia, trasladándola hasta la clínica de San Javier. Otro oficial se encargó de avisarle a mi compadre Genaro que por razones que desconozco; el dueño del lugar donde se encontraba trabajando lo regresó, hecho que desconcertó muchísimo a mi compadre.

  ---Mi compadre llegó acabó de un rato y observó como una multitud de gente se hallaba reunida fuera de su casa. Se espantó al mirar a través del cristal de su camioneta como un grupo de paramédicos salía de su interior con un cuerpo envuelto de una sábana blanca machada de color rojo en una camilla. Se estacionó como pudo y salió corriendo, olvidándose por completo de cerrar la puerta de su Chevrolet. Comenzaba a hacérsele un nudo en la garganta ---¡oh, santo cielo!--- Fue lo único que exclamó tras enterarse de lo acontecido.

  ---En cuanto a Eíner lo atraparon merodeando a unas cuantas cuadras de su casa, con la ropa salpicada de sangre y con una cegueta en su mano, la misma que utilizó para decapitar a su mamá.

  ---La gente se aterró al verlo caminar y sin decir nada, escurriendo de sangre las polvorosas calles de San Javier. La policía tras recibir la noticia acudió hacia donde se ubicaba Eíner. Se demostró que él había sido el homicida de su propia madre.

  ---A mi compadre se le erizaron los cabellos al contemplar que la cegueta continuaba emanando restos de sangre de la que una vez fue su esposa. Y término llorando cuando su propio hijo acabo por preguntarle. Oye papá ¿Dónde está mi mamá?

  ---Meses después mi compadre se mudaría junto con mi ahijada a Pueblo Chico. Por su parte Eíner fue recluido en un sanatorio mental que esta por la Ciudad de México, se comprobó que padecía de algo llamado ausencia de conducta, las drogas causaron un daño irreparable en su cerebro, haciendo que su realidad se alterara. Para ser honesto no sé qué significa eso---dijo mi abuelo.

   Dió un último trago a su botella. Y todos nosotros nos habíamos quedado petrificados al escucharle lo último. Retuve mis ganas de ir a orinar detrás de los arbustos, el fuego estaba a punto de apagarse y un fuerte viento sacudió las ramas de los árboles creando una atmosfera espeluznante al parque. La historia sobre Eíner nos dejó espantados.

  ---¿Es solo una historia? ¡verdad abuelo! ---. preguntó Karen otra de mis primas quien se había asustado con el relato.  

   ---Eso crees ---. contestó mi abuelo.  

    

  

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

  

Publicado la semana 1. 02/01/2020
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