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Ángel Acosta

Vaticinium (I)

En unas horas el Mundo estará inmerso en La Navidad y por estos días es normal desearle a los amigos y seres queridos… ¡Qué tengas un feliz fin de año y una larga vida!... Así exclama la gran mayoría aunque; a decir verdad, no tienen plena conciencia de lo que dicen, digamos… sentido común… Por cierto… sentido y común… ¿Son  sinónimos… o antónimos? Recuerdo que una vez escribí sobre la longevidad y… antes de abordar el tema… tuve la precaución de conversar con varios seres humanos que sobrepasaban los cien años. Para mí, escribir sobre la longevidad humana fue una categórica experiencia. Recibí uno de esos impactantes y torcidos mensajes de Dios. Frescas en mi cerebro… y en tiempo presente… están las imágenes de esos longevos ancianos. La piel derretida en surcos cuelga de sus brazos… Las manos torpes, encharcadas en traslucidas venas… Los desvaídos ojos sin cejas sobre vencidos, descoloridos pómulos... retocados por enormes y peludas orejas… La nariz son dos huecos repletos de reseca secreción…Y en la cabeza… lo poco que resta del pelo… es algodón… brizna de maíz… hebras suspendidas al antojo de cualquier antojo…Los flácidos labios, enrollados y resecos son trocitos de carne hundidos en una mellada boca sin arrebatadoras blancas sonrisas… Las personas con más de cien años susurran torpes pensamientos… Narran incomprensibles eventos que… alguna vez en sus vidas… tuvieron el necesario sentido del orden y la coherencia. (Continuará)

Publicado la semana 50. 07/12/2020
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