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Andrea Pereira

Quince dias en Miami

Mirando el mar, sintiendo su aroma salado, y la brisa que me acaricia la piel no puedo dejar de pensar en lo que fue tener dieciocho años.

Yo había terminado la secundaria, y como regalo mis padres me dieron un viaje de quince días a Miami.

Estaba muy entusiasmada, y por esos años pensaba volver y comenzar a estudiar psicología.

Al llegar me sentí más libre que nunca, fui con un grupo de amigas, egresadas al igual que yo, del mismo colegio. Éramos cuatro pero allá nos dividimos en dos grupos.

Hoy sonrío bebiendo un jugo de ananá, este sabor que me hace recordar el primer regalo que tuve en aquel suelo caliente, y lleno de vida.

Cuando mi amiga Tania y yo llegamos a la playa, las otras dos chicas se habían ido a ver otro lugar, allí lo vi por primera vez. Jugaba a la pelota en la arena con otros chicos, el cabello largo y negro, los pies descalzos y los ojos color café Me quede observándolo. Y él lo supo.

Al terminar su partido caminó hacia nosotras y me habló, no lo entendía mucho en un principio porque yo no sabía una palabra en inglés, pero al decirle que nosotras veníamos de Montevideo comenzó a hablar en español, con un tono muy caribeño, pero clarísimo.

Tania estaba un poco desconfiada y asustada, pero para mi era un momento perfecto. Nos invitó a beber algo y elegí piña colada.

A la noche yo tenía entre mis manos un papelito con el nombre y el teléfono, Tania, que hablaba rapidísimo le contó a las otras chicas sobre aquel encuentro, y todas menos ella, estaban bastante entusiasmadas con respecto a conocer a José Luis.

Me siento en la arena, mis hijas juegan en la playa, y aún no termino de tomar mi jugo. Sacudo la cabeza sonriendo y suena mi celular, es mi amiga Tania invitándome al baby shower de su primer sobrino. Le escribo que estaré ahí como siempre, y recuerdo su carita inocente y asustada hace tantos años en las calles de Miami.

Fuimos a bailar, a comer, a la playa, paseábamos todo el tiempo con nuestro nuevo amigo cubano, y sus compañeros. Fueron unos días muy divertidos. La tercer noche en Miami llegué por la mañana al hotel y Tania parecía mi madre, me esperaba aterrorizada mientras mis otras dos amigas dormían tranquilamente.

Esa noche había sido increíble. Luego de ir a bailar con el grupo, y de varios besos con sabor a Miami Sunshine, me aparté lentamente con José Luis del lugar sin que las chicas lo notaran. Una de ellas, Virginia, estaba ya muy borracha para darse cuenta, Laura bailaba como loca, y era el centro de atención para los otros muchachos, como lo fue toda la vida, y Tania se sentó con su bebida sin alcohol y dormitaba en un sofá, así que no se dieron cuenta que me fui yendo de a poco.

José Luis me llevó de la disco y entre besos y risas llegamos a su apartamento Me pidió que hablara bajo porque sus padres dormían allí mismo.

Al entrar a la habitación yo apretaba los labios para no hacer ruido, y miraba cada rincón mientras él cerraba lo más silenciosamente que podía la puerta.

No era la primera vez que iba a hacer el amor. Desde los catorce hasta hacía solo unas dos semanas, había estado de novia y tenía cierta experiencia, pero de todos modos esto era diferente.

Me tomó en sus brazos con fuerza, lo enrede en mis piernas, y si hoy no recuerdo muy bien su rostro, no olvido la textura de su piel, su olor a sal, su boca recorriendo cada rinconcito de mi cuerpo, y esa respiración, profunda, su voz algo ronca, y su piel bronceada llena de pasión.

Me porte muy mal con él. Si bien él sabía que mi viaje era solamente de egresados y temporal, nunca le aclaré que serían quince días nada más, ni tampoco le dije que no pensaba llamarlo al volver a mí país, y mucho menos que tenia novio.

Fueron doce días muy intensos, siempre que podíamos nos escapábamos, yo adoraba saltar y abrazarlo con mis piernas y él me buscaba cada día. No le avisé nada. Llegado el día simplemente volví a Montevideo con mis amigas.

No sé qué fue de él. Si me buscó, si me olvidó, si no lo hizo. Al regresar, Matías, mi novio del colegio me esperaba con rosas y carteles de bienvenida.

Entré a la facultad, me casé con Matías, nacieron mis dos niñas, me recibí de psicóloga y luego nació la tercera.

Vuelve a sonar el teléfono, debe ser Tania, pienso yo. Al mirarlo encuentro una solicitud de amistad en Facebook, veo su nombre, José Luis, y la foto de su rostro a pesar de los años, sé bien quien es, miro a los lados, no sé que decidir, aceptar, rechazar…finalmente me decido: rechazo y bloqueo y sigo bebiendo mi jugo de ananá.

Publicado la semana 47. 17/11/2020
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