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Andrea Pereira

La casa del árbol

Guillermina se prepara un café,su teléfono suena, y ella lee un mensaje de su esposo diciéndole que está muy aburrido haciendo guardia, ella le responde que piense que cada minuto que pasa es uno menos para que se termine la jornada.

Lleva su tacita a la mesa de noche, tras beber un sorbo la deja allí y prende la laptop. Ingresa a su Facebook y escribe un estado: “Aquí en la cama, bebiendo un café y esperando a Leo, me siento tranquila”, luego se pone a mirar los muros de otras personas, se ríe de las viñetas chistosas, asiente y le pone algún me gusta a las que dejan mensajes que, según ella, dicen grandes verdades de la vida.

La sorprende cuando ve que se le notifica que alguien le puso “me gusta” a su estado. No recuerda haber agregado a Valentín.

Esta notificación le causa curiosidad, con las cejas arqueadas y tras un largo suspiro entra al perfil de Valentín que tiene publicadas fotos con dos bebitos, y una mujer de cabello castaño. Busca un poco más y encuentra que hace ocho meses publicó un acontecimiento importante, el nacimiento de sus gemelas.

Guillermina sonriente toma otro sorbo de café, y sigue mirando las fotos hasta encontrar una donde sale la madre de Valentín.

Esta foto la hace pensar en cuando ella tenía once años.

Luz, la mamá de Valentín preparaba galletas, mientras Alma, la madre de Guillermina no paraba de hablar de las altas calificaciones de su niña, de los exitosos negocios de su marido, y de lo bien que le iba con la costura, salvo por las notas escolares, el resto eran todas mentiras, pero Guillermina no lo supo hasta que ya habían pasado unos cuantos años.

Luz, bastante más humilde y sincera, hablaba poco, para ese entonces ya era viuda. Valentín entraba a la casa con las rodillas raspadas, los zapatos embarrados, y los rulos alborotados. Luz le daba un sermón, y casi a los gritos lo entraba a la ducha, mientras su mejor amiga se ofrecía a servir las galletas, y preparar café con leche.

Que no te voy a dejar salir más a la calle, que pareces un salvaje, que me da vergüenza que mi amiga y su hija te vean así, que los vecinos van a decir cualquier cosa, y varias otras frases de reproche se escuchaban en la sala donde Guillermina muy peinada y perfumada esperaba la merienda

Al rato aparecían muy calmados. Valentín con los rulos bien cepilladlos y engominados, banditas en las rodillas, y zapatos limpios.

No se qué voy a hacer con esta criatura, susurraba la señora.

Valentín y Guillermina se conocían desde muy pequeños, Alma y Luz eran amigas desde la infancia, sus hijos habían nacido el mismo año, ella en julio y él en diciembre.

Siempre fueron muy unidas, pero esta relación se volvió más fuerte luego de que el esposo de Luz enfermara y muriera cuando Valentín tenía sólo dos años.

Luego de tomar el café con leche, y comerse las galletitas caseras, Valentín le pidió permiso a tía Alma para lleva al parque a Guillermina, esta accedió, pero con la condición de que volvieran antes de que llegara la noche. Luz también aceptó, necesitaba quedarse a solas con su amiga.

Valentín se llevó casi corriendo a Guillermina de la mano para mostrarle su secreto.Llegaron al parque, y debajo de un árbol él le puso una cuerda en la mano diciéndole que tirara de ella, la niña lo hizo, y apareció una escalera

-Me da pena dejarla, me llevó más de un año construirla- dijo el chico, y ayudando a Guillermina, ambos subieron a su precaria casa de árbol.

Guillermina se sobresalta porque se abre un chat y le llega la imagen de un perrito que la saluda con la mano, se ríe en voz baja al ver que es Valentín. Ella le responde con un dibujito de un girasol que sale de su maceta y escribe: “hola”.

Va a tomar otro sorbo de café, pero nota que la taza ya está vacía.

Mira sus manos, sus dedos largos y las uñas esculpidas pintadas de rojo, recuerda sus uñas mordidas y sin esmalte que eran las que lucía cuando llegó a la casa del árbol.

Se sentó sobre un incómodo y rustico banco de madera, Valentín a su lado miraba por la ventana y respiraba hondo

-¿Sabes porque mi mamá quería quedarse sola con tía Alma?- preguntó el jovencito, Guillermina respondió negando con la cabeza -Nos vamos a la capital, allá está el hermano de mi madre, su familia y hay más oportunidades que acá, bueno, eso dice mi vieja

-¿Cuándo se van?

-La semana que viene

-Qué triste- opinó Guillermina

-Te traje a mi casa porque quería mostrarte lo más importante que hice en toda mi vida

-Yo nunca hice una casa

-Aprendí a usar las maderas y esas cosas con el papá de un amigo de la escuela, me ayudó al principio, pero casi todo la hice solo, mamá no sabe, solo el padre de mi amigo, mi amigo y yo sabemos, y ahora te lo dije a vos.

Guillermina se levanta, lleva su taza vacía a la cocina, la lava y la guarda. Vuelve a la cama y lee que Valentín le pregunta si aun lo recuerda, le aclara que es el hijo de Luz, ella le responde que por supuesto que lo recuerda, y él le dice que ve que no cumplió su promesa, ella le responde que él tampoco, y él agrega que si cumplió, ella toma una captura de la foto de su familia, se la manda y él tras enviar la imagen de un monito riéndose agrega: “pero yo no me casé”.

Guillermina tiene el impulso de cerrar la laptop, pero cuando está a punto de hacerlo se detiene, y le envía una cara amarilla que mira hacia arriba, luego toma el celular y le escribe a Leo si le queda mucho tiempo de guardia, él le responde: “unas dos horas”, ella mira el anillo en su dedo, sonríe y se muerde los labios, la laptop suena, lee que Valentín le pregunta si sigue ahí.

Sentada sobre aquel banco de madera miró la carita triste Valentín que veía hacia lo que él denominaba ventana.

-Voy a extrañar tanto al parque- se paró y fue hacia una esquina de la casa donde había una mochila sucia, vieja y algo rota.

-Vas a ver cosas lindas en la capital también- intentó consolarlo Guillermina. Valentín sacó un aro azul de plástico de dentro de su mochila, y se sentó junto a ella

-Quiero decirte que me gustas mucho, y que te prometo que cuando tenga veinte años voy a buscarte, y me voy a casar contigo ¿Me vas a esperar?- Guillermina con los ojos muy abiertos tomó el aro azul, y se lo quedó mirando sin decir nada -¿Me lo prometes?-Insistió Valentín

-Si- contestó ella con un hilo de voz, Valentín sopló, tragó saliva, y con un movimiento brusco se acercó a ella y le besó los labios, Guillermina se hizo para atrás, y abrió la boca y los ojos tomando aire con fuerza, Valentín le puso el anillo, ella sonrió levemente con la respiración entre cortada, Él volvió a besarla, pero de un modo más suave, mientras ella no podía cerrar los ojos.

Luego bajaron, ella le explicó que no podía decirle a su mamá lo del compromiso, él le respondió que lo entendía mientras intentaba tomar su manito temblorosa, ella primero se quito el anillo y lo apretó dentro de su otro puño cerrado para luego aceptar ir con Valentín cruzando el parque tomados de la mano.

Suena el celular, Leo envía un mensaje diciendo que ya va para la casa, Guillermina se levanta y comienza a preparar la cena, la laptop vuelve a sonar es Valentín que le escribe: “Es verdad que dije a los veinte y recién te vengo a encontrar a los veintiocho, pero solo quiero saber si sos feliz”.Guillermina no le responde, y cierra la laptop.

Leo llega cenan, hablan del trabajo, de la comida, y se van a la cama. Cuando Leo se duerme ella se levanta en silencio y abre el ropero, dentro de este guarda una caja de madera, la abre, y allí hay fotos de sus padres, una muñeca, un paquete de hojitas perfumadas, un cuaderno de escuela y el anillo de plástico azul, se lo prueba pero ya no le entra más allá de la mitad del dedo, se ríe, y lo vuelve a guardar.

Enciende la laptop, la abre y vuelve a leer la pregunta de Valentín, apoya ambas manos sobre el teclado, observa a Leo dormir, y suspira.

Publicado la semana 13. 23/03/2020
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