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Alejo Mayurí

Sobre la Creación del Arcoiris, parte 2

La sombra absoluta llenaba el gran salón en el que las voluntades del mundo habían pensado por primera vez en los conceptos que daría origen al mundo de los vivos y los restos de los experimentos y los logros realizados antes de la caída de Aponea aún se conservaban ahí. El espacio dentro del salón era extraño debido a la naturaleza que Ualpa le había concedido. Una naturaleza de la que derivarían otras. El tiempo, sin embargo, parecía haber abandonado aquel remoto lugar. 

Kampo se sumergió en esa sombra. Ahí dentro, resguardado del más extenso y virtuoso de los resplandores de la Estrella de Enta, encontró a Persona, roto y humillado, y lo liberó del encierro eterno al que lo condenaron las voluntades del mundo. Entonces Persona contempló la oscuridad y vió en ella los reflejos de la sombría voluntad de su creador. Fué así como después de edades incontables el salón de Ualpa volvía a ser refugio de las invenciones atroces y corruptas de Kampo, quien trabajó en la perfección de sus conceptos más terribles.

Protegido por las sombras, Kampo corrompió la persuasión y refinó la mentira. Mezcló la gracia con el sufrimiento y llegó a resultados que se acercaban incluso a la muerte que había inventado Enta, y una vez terminadas sus correcciones, fundió sus nuevos trabajos con Persona incrustando sus designios en lo más profundo de su mente, y así lo mandó de vuelta al mundo de los vivos.

El mundo era muy distinto de lo que él recordaba. Las gentes habían desarrollado ciencias, habían construido plazas y tenían costumbres. Vió en secreto como las gentes y las voluntades trabajaban juntas por el progreso de su pueblo y como la Estrella cubría con sus colores los campos que antes él había cubierto en la sombra.

Persona pasó largo tiempo recorriendo el mundo de los vivos. Recorrió los mares, las calles e incluso los morados campos que eran el hogar de las Cuspias. Durante mucho tiempo se dedicó a observar con odio como de la desgracia a la que él los había sometido, las gentes habían levantado un pueblo sostenido por los trabajos de Enta, Taémuna y todas aquellas voluntades que se le habían opuesto, pero sobre todo lo demás, Persona sentía especial rencor por el faro que llevaba la luz de la Estrella más allá del horizonte, el faro que era una celebración a su caída, al fracaso de su voluntad.

Hasta que un día Persona se mostró ante la gente del Pueblo de Nimie. Se mostró ante ellos con una forma hermosa y con sabias palabras. Se presentó como un amigo y como una fuente de conocimiento que podría superar incluso a las voluntades que habían gestado al mundo. La gente del pueblo recordaba las antiguas leyendas, pero contrario a la narración de la estas, Persona empezó a dar consejos y a compartir con ellos una sabiduría que los llenó de sueños sobre un futuro magnífico. Les habló sobre cómo la luz de la Estrella podría ser reemplazada por una luz que ellos mismos podrían crear, sobre cómo los caminos y las colinas podrían cubrirse todas con los palacios de la gente, sobre cómo la magia podía llegar a ser algo tan común en sus vidas que dejaría de parecerles una fantacia. Pero la gente del Pueblo de Nimie era reticente ante Persona y decidieron revelarle a las voluntades del mundo su presencia. Pero Persona les advirtió que si su regreso era revelado, las voluntades del mundo lo expulsaron y que entonces nada de lo que él les había revelado sucedería jamás. La gente temió entonces, pues tales visiones les habían fascinado hasta su entendimiento más profundo.

La gente del pueblo se reunió y se decidió que se le permitiría a Persona enseñarles alguna de sus visiones con la intención de saber que no estaban siendo engañados, pues algunos confiaban aún en lo que decían sobre él las viejas leyendas.

Fué así como Persona les mostró las virtudes del rayo. Con una magia que no pudo ser entendido por las gentes, Persona logró embotellar un rayo en un frasco de cristal y se los ofreció como prueba de su buena voluntad y como muestra de que su sabiduría podía alcanzar soluciones que superaban incluso a la propia Enta, pues ahora la gente del Pueblo tendría luz después incluso de que Enta guardara celosamente su Estrella.

Fué así como la gente del Pueblo de Nimie ocultó el regreso de Persona y, a cambio, este les instruía en todo lo que quisieran. 

Fue entonces cuando Persona, resguardado por la confianza del Pueblo de Nimie, empezó a hablar en contra de las voluntades del mundo. Empezó cuestionando a la gente sobre el rumbo por el que habían llevado al pueblo, y sobre cómo sus grandes logros estaban hechos sobre las ideas y Nimie y las demás voluntades. Poco a poco hizo pensar a la gente sobre su independencia y sobre sus costumbres sostenidas en ideas que, según las palabras encantadoras de Persona, no eran propias de su naturaleza. Y la gente del Pueblo dudó. Dudaron sobre sus plazas, sobre sus costumbres y sobre su lugar en el mundo. En los concilios entre los jefes de las grandes casas ya no se hablaba sobre la tonalidad de los caminos o sobre las enseñanzas del gran circo, sino sobre estar o no sometidos. Después de un tiempo Persona empezó a participar de las reuniones. Primero, invitado con la intención de justificar sus acciones, luego, invitado por los señores de las casas importantes para convencer a quienes dudaban de que sus palabras eran verdaderas y que el Pueblo debía seguir un camino que no era el que Enta o Kimenta les habían pensado. Entonces Persona, con sus palabras de aparente sabiduría, hablaba en contra de Enta, de Nimie, y argumentaba que estas habían forzado a la gente a seguir un modelo de existencia carente de su propia voluntad. Y las familias respondían. Acusaban a las voluntades de haberle dado formas al pueblo, de haber inventado la muerte, de haberlos llevado a orillas del mar. Entonces Persona reía en silencio y su mirada se agudizaba mientras se posaba sobre quienes aún no estaban convencidos por sus palabras. 

Entre esa gente se encontraba Taérmin, quien contestaba en defensa del criterio de Nimie y se oponía abiertamente a Persona. Muchas veces había Taérmin escuchado a Persona y había visto cómo las gentes habían dado refugio a sus mentiras en la mente, pero su voz había podido alzarce como dirección de los pensamientos en contra de persona.

Las mentes que no habían sido convencidas por las palabras de falsa virtud contra las voluntades de Persona se habían congregado a su alrededor, y el transcribía con palabras la voluntad de un pueblo que aún se sentía libre e independiente. Y Persona lo odió, pues sabía cómo desenredar sus ilusiones.

En las calles del Pueblo, Taérmin juntaba a las gentes y clamaba en contra de Persona volviendo gente contra sus planteamientos. Entonces un día, tras un largo concilio entre Taérmin y las gentes enemigas de Persona, decidieron que era necesaria la intervención de las voluntades en el conflicto, pues eran conscientes de que Persona buscaba la corrupción de las virtudes que juntos habían logrado.

Decididos, marcharon hacia las tierras de Nimie y Enta, pero fueron alcanzados por los fieles de Persona, quienes les advirtieron detenerse. La gente Taérmin manifestó su deseo y las necesidades de cumplirlo y se pusieron nuevamente en marcha, pero los traidores habían sido advertidos por Persona de que si él era expulsado, las voluntades desaparecerían los inventos de Persona y, además, castigaron al pueblo por haberse puesto en su contra.

Entonces, ofuscados por las advertencias de Persona, los traidores atacaron a Taérmin y a la gente que con él marchaba. Así se dió la primera batalla entre las gentes del Pueblo de Nimie, y las calles se cubrieron de la tragedia, y el aire que se respiraba transmitía la pena y la desesperación de las personas que luchaban por un propósito que olvidaban instantes antes de caer muertos por sus amigos y familiares, rodeados por las calles y plazas en las que antiguamente habían visto manifestarse sus ideales y su voluntad. 

Las mismas calles y plazas que recorría la mente dormida de Ataemo la noche de la batalla. En su sueño vió la tragedia manifestarse en forma de sombras y lamentos que traía un viento helado que venía del mar. Ataemo recorría las calles mientras veía como detrás de la niebla color rojo penumbra que cubría el pueblo, los vapores tóxicos de malicia tomaban la forma de un negro castillo. Entonces se puso a andar en dirección del castillo, pero no con el impulso que sintiera hace tantos años, si no de modo mecánico, absorto en sus propias cavilaciones, hasta que llegó a una plaza y se detuvo. La plaza estaba completamente despoblada, con la excepción de una Cuspia que se rascaba el cuello sobre la fuente, entonces, como una nota que se alza en un crescendo hasta dominarlas a todas las demás, Ataemo escucho un sonido de paz y bienestar al mismo tiempo que notaba como los humos corrompidos despejaban la plaza y, sobre esta, la Estrella de Enta empezaba a brillar. Entonces los vio, de pie junto a la fuente partiendo la luz como lo hicieran hace tanto tiempo ya.

En ese sueño, ajeno a una vigilia en la que se desmoronaba el mundo conocido, Ataemo veía de nuevo a los seres de cristal.

Publicado la semana 7. 16/02/2020
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En cualquier momento , Cristal, estrella, arcoiris, persona
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