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Alejo Mayurí

Sobre el Orimáculo y el Mundo de los Sueños

El tiempo y el espacio habían dado al mundo una forma en evolución. Los colores sobre los valles y los mares pintados por el faro que reflejaba la luz de la estrella de Enta eran el refugio de una vida que empezaba a descubrirse a sí misma. En grandes campos bajo un viento cálido, el Pueblo de Nimie se había convertido en el pilar del conocimiento y sus habitantes veían con gracia y placer las enseñanzas de Nimie y las voluntades del mundo, pero Taémuna no estaba satisfecha. Veía a las gentes, a los campos y a los mares como algo ya establecido, como algo ajeno a su voluntad, así que se alejó del mundo de los vivos y se alejó de la vigilia. Por mucho tiempo exploró en su interior, buscando la solución a su dilema, hasta que finalmente sus reflexiones se hicieron materia en las regiones desamparadas del mundo más allá de la luz de la estrella. La criatura que había emergido de sus reflexiones era pequeña y rastrera, mucho más pequeña que una uña y lenta como un caracol. Era como la idea de un vacío cósmico con un brillo tenue de luz tras un cristal manchado. Taémuna contempló con emoción esa extraña naturaleza nueva y durante mucho tiempo la vio vivir. Con el paso del tiempo vió que la criatura se arrastraba sobre las cosas y vió que se mordisqueaba el polvo. Taémuna mostró la criatura a las demás voluntades del mundo, quienes se maravillaron al ver tan extraña naturaleza, entonces decidieron soltarla en el mundo de los vivos para ver su comportamiento. Apenas la criatura recibió la luz de la estrella, se arrastró con miedo hacia un refugio entre las rocas. Abrazada por las sombras, la criatura reposó mientras las voluntades observaban sorprendidas esa reacción ante la luz y le preguntaban a Taémuna las conclusiones que habían gestado semejante naturaleza sombría. Taémuna dejó existir a la criatura según su propia naturaleza. Vió como se dejaba llevar por las aguas de los ríos y cómo escalaba las laderas de los altos barrancos. Todo durante la noche, pues al divisarse los primeros destellos de la estrella la criatura se dejaba caer al suelo y lentamente se arrastraba a las sombras entre las rocas, donde había empezado una madriguera hecha de ramas secas y los cuerpos muertos de bichos y mamarrachos. La criatura no interactuaba con los demás seres vivos, tanto no interactuaba que Taémuna dedujo que no podían verlo ni sentirlo. Las demás voluntades decidieron probar con la gente y Nimie la llevó ante ellos, pero tampoco pasó nada. Era de una naturaleza que no podía ser percibida por los seres que pisaban el mundo. Durante mucho tiempo la criatura reveló su naturaleza ante quienes estuvieran ahí para verla y tanto la vieron que su actuar se volvió repetitivo. Hasta que finalmente algo distinto ocurrió.

Durante el fín de un día, mientras esperaba a que la criatura saliera de su madriguera, Taémuna caminaba bajo el cielo oscuro y vientos ligeros, cuando vió que su criatura vagabundeaba cerca de un arroyo. Intrigada fue a ver en que se encontraba, cuando de pronto vió que la criatura no estaba sola. Otras como ella bebían del agua fresca e interactuaban entre sí. Taémuna se sorprendió sobremanera y en su mente trataba de concebir aquel extraño suceso. Confundida, llamó a las demás voluntades quienes, fascinadas por el extraño evento, fueron todas a contemplar que más tenía para ofrecer aquel ser tan misterioso. Su comportamiento era algo errático, no actuaban en sociedad, pues eran muy pocas para que aplicara el concepto, pero sí se podía apreciar un mínimo de conducta grupal, y cuando llegó el amanecer y la estrella de Enta cubrió el cielo con sus colores, las criaturas entraron todas a la madriguera. Taémuna esperó con ansias la llegada de la noche y su sorpresa fue inmensa cuando vio que de la madriguera no salían solo las pocas criaturas que se habían escondido de la luz, sino que ahora eran cientas de ellas las que salían para disfrutar de la noche. Entonces sí se pudo apreciar cómo se comportaban en comunidad. Se agrupaban en bultos formados por sus propios cuerpos, siempre lejos del suelo, sobre rocas o barrancos, y se deslizaban en pequeñas manadas hasta que alcanzaban los terrenos de algún ser vivo, entonces se daban la vuelta y se deslizaban hasta encontrar algún arroyo o pendiente que escalar. Taémuna veía fascinada cómo se comportaba aquello que había emergido de sus pensamientos y se preguntaba sobre aquella extraña naturaleza, pregunta que se volvió urgencia cuando la noche siguiente no fueron cientos, sino miles y luego millones las criaturas que salían de las madrigueras. Salían a cubrir campos enteros, los arroyos ya no las satisfacían así que se mudaron a los grandes ríos, los muros enormes de los barrancos se plagaban de estos seres que formaban sus bultos siempre en lo alto, lejos del suelo, y ya no le temían a los seres vivos. Entonces ocurrió que una noche, mientras observaba ese comportamiento de manada, Taémuna fue llamada por Tarnimie, quien le dijo que algo extraño estaba pasando en el pueblo de la gente. Cuando llegaron, Taémuna vio a Nimie parada en lo alto de una saliente en la montaña. Se acercó y Nimie le pidió que viera a la gente. Entonces los vio. La gente del Pueblo de Nimie yacía tirada sobre el suelo. Estaban vivos pero tenían los ojos cerrados y su respiración era lenta y profunda. Algunos se movían de vez en cuando pero no respondían a estímulos exteriores y, sobre los cuerpos tumbados, yacían las criaturas de Taémuna. Taémuna y Nimie recorrieron los caminos y vieron que aquel extraño suceso no estaba ocurriendo solo con la gente. Las criaturas del bosque o los ríos también yacías tumbadas, inertes, como muertas mientras que las criaturas de Taémuna revoloteaban encima de ellas. Hasta que la estrella brilló sobre los valles y las criaturas volvieron a sus huecos en la tierra. Entonces Nimie vió como las Cuspias se levantaban de nuevo. Mamarrachos, bichos y personas se incorporaban conforme nacía la mañana. La gente del Pueblo de Nimie respondió sobre lo ocurrido y lo que dijeron desconcertó aún más a quienes fueron testigos del extraño evento. Nadie recordó haber visto a la extraña criatura, sin importar su número, seguía siendo invisible ante los ojos de la gente. Lo que sí recordaron fue sentir una pesadez sobre los cuerpos y las facciones. Una sensación que los llevó al adormecimiento y finalmente a un estado de relajación que no contemplaba sus sentidos exteriores. El cuerpo, lentamente, había dejado de responder a su conciencia, hasta que finalmente cayeron sobre el suelo que pisaban. Pero no se sentían mal, al contrario, cuando les preguntaron sobre la vuelta a la vigilia respondieron que fue lenta y acogedora. Sus cuerpos estaban algo magullados por la presión sobre la tierra o las rocas, pero su mente estaba despejada y tranquila. Durante las noches siguientes los seres vivos continuaron cayendo en ese estado de inconsciencia que terminaba apenas la estrella de Enta brillaba sobre el mar y los valles. Las voluntades del mundo se reunieron a sacar conclusiones y hablaron de la evidente relación entre este estado nuevo y misterioso y la criatura que Taémuna había traído al mundo. Taémuna abogó por su invención, a quien después del suceso había decidido llamar Orimáculo, alegando que el fenómeno hacía más bien que mal en los seres vivos. Finalmente las voluntades del mundo decidieron que el Orimáculo podía permanecer en el mundo de los vivos, pero decidieron continuar estudiando su extraña naturaleza que era sin duda distinta a la de todas las demás criaturas, incluyendo a las extrañas Cuspias, además de que algunos de los testimonios de la gente dejaban mucho en que pensar. Algunas personas habían comentado que durante el periodo de adormecimiento, se sumieron en un trance misterioso en el que pudieron contemplar tierras que no existían y naturalezas imposibles. Veían en ese trance a la estrella de Enta brillando con colores nuevos, y escuchaban a los animales hablar su lengua. Algunos dijeron ver paisajes nuevos y grandes palacios de paredes fantasmales que recordaban a un tiempo que no había existido. Sobre ese mundo extraño las voluntades del mundo no dijeron nada a la gente, pero se entendió que en aquel momento, durante aquel suceso extraño de desvanecimiento de la vigilia, los seres vivos experimentaron por primera vez el fenómeno del sueño.

Publicado la semana 3. 16/01/2020
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En cualquier momento , sueños, pueblo, Orimáculo, Gente
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