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Alejo Mayurí

Sobre el Pueblo de Nimie

Amanecía en la única tierra de un mundo que antaño había sido todo oscuridad, y quienes ahí vivían se daban nombres entre ellos. En esa tierra estaba Kylla, la tejedora de nubes, que se deleitaba moldeando alianzas entre las voluntades del mundo; también estaba Taémuna, hija de Namenta y la primera en pensar al Orimáculo; Nimie, creadora de los espíritus y los átomos, y Tarnimie, quien había sido bendecida por Ualpa después de la creación de la primavera.

El tiempo había sido puesto a funcionar en la tierra y los patrones se entendían en términos de la estrella de Enta. Los días eran de creación y las noches de entendimiento. Así se fueron despejando las tinieblas que cubrían la tierra, ahora llamada Mulualpa, que significa la visión (o el sueño) de Ualpa, y sobre ella las voluntades crearon plantas y criaturas que se arrastraban. Usando los descubrimientos que en el pasado alumbraran el mundo dieron conciencia y autonomía a la vida y la mandaron a poblar los rincones del mundo que habitaban. Con la gracia del tiempo y del espacio la vida cambió de forma. Las criaturas dejaron de arrastrarse para empezar a gatear y luego a correr o volar, algunas se alimentaban de bichos o mamarrachos, otras se devoraban a ellas mismas, cosa que fue prohibida para las Cuspias pues generaban paradojas temporales debido a su extraña relación con el tiempo.

Era Nimie quien más disfrutaba el viajar por la tierra. Vestida de viento o de agua o luz del reflejo del mar recorría todos los caminos, desde las altas montañas coronadas por la luz de la estrella de Enta, hasta los lejanos valles morados habitados por Cuspias y bichos que les cantaban, pero más allá de los valles y lejos del mar había una región donde las voluntades no iban, pues a espaldas de las voluntades de Mulualpa, Kampo había llevado a su Persona a la tierra de los vivos. Fue Taémuna, mientras trabajaba en el morado de los valles, quien se dió cuenta de que Persona estaba entre ellos, pero era Nimie quien más temía a esa presencia que corrompía los campos y los cielos.

Los anhelos de Persona eran un reflejo turbio de los anhelos de Kampo antes de la creación de las estrellas, pero Persona era más inteligente al llevar a cabo sus propósitos. Sus métodos no rechazaban los logros de sus congéneres y gracias a eso logró expandir su influencia por los lugares más ajenos a la mirada de las voluntades del mundo y, poco a poco, esta influencia se expandió hasta llegar a las tierras de los demás. Persona creó piedras y gemas que maravillaban a los seres vivos, creó alimentos corrompidos para que las criaturas se ciñeran a su voluntad y vistió los cielos con cataclismos que duraban desde el fin del día hasta el nacimiento de la estrella. 

Taémuna y Tarnimie se adentraron en las regiones de Persona y confirmaron su naturaleza artificial, pues conocían las historias sobre las lágrimas de Aponea y los inventos de Kampo en las tinieblas del mundo antes de ser nombrado. Así lo juzgaron como enemigo del mundo y se dedicaron a oponerse a su voluntad. Pero por mucho tiempo Persona había obrado en secreto y muy arraigado en el mundo estaba su pensamiento y, cuando Taémuna y Tarnimie decidieron expulsarlo de sus tierras, se dieron enfrentamientos que durante mucho tiempo fueron cambiando la forma del mundo. De un plano inabarcable, el mundo se curvó sobre un centro que orbitaba la estrella, los mares se separaron y las tierras se partieron, el valle sangró fuego y cuando la sangre se secó, pudo ser habitado de nuevo. Con el paso del tiempo, la influencia de Persona mermó en las regiones sumergidas de la tierra y su voluntad retrocedió en los cielos, pero en los seres este deseo de grandeza compuesto por las obras corrompidas de las voluntades que vieron el principio del mundo perduró y creció. La nueva vida ya no se arrastraba. Ahora, impulsada por las virtudes de Persona, la vida misma podía moldear el mundo que le rodeaba. Persona utilizó a estas criaturas para desnaturalizar los logros de Taémuna y Tarnimie, y lentamente la ruina cubrió el mundo. Con el tiempo este mundo en ruinas dejó de interesar a las voluntades que lo habitaban, quienes empezaron a dedicarse solo a los cielos y los mares, pero abandonaron el mundo que pisan los vivos, ahora cubierto de lo hediondo y lo perverso. Pero Nimie añoraba la gracia perdida del campo y las montañas, y pensaba siempre en los viejos caminos y en las criaturas que antes por ahí caminaban. Así que en concilio con las voluntades del mundo, habló en favor de las tierras de los vivos con ayuda de Kylla la tejedora. Solo algunas de las voluntades respondieron a su llamado, insuficientes para expulsar a Persona. Entonces resolvieron no enfrentarlo a él, sino a los vástagos de sus pensamientos. Así que fueron al encuentro de quienes fueron llamados los Mulnimie, las primeras gentes, y les ofrecieron su sabiduría. De ellas aprendieron la naturaleza del mundo, de los cielos, de los mares y de sus tierras. Les hablaron de los átomos y de los espíritus y les enseñaron la vida más allá de la propia. Con su ayuda, las gentes inventaron un idioma para entenderse, creando palabras para conocerse, quererse y agruparse, y el concepto los llevó a reconocerse a sí mismos como el Pueblo de Nimie, a quien ahora adoraban más que a todo lo demás. El pueblo de Nimie se volvió grande y hermoso, y su belleza llamó la atención de las voluntades que sólo trabajaban por el cielo y los mares. Persona los odió, pues los veía como una transgresión de su visión del mundo, entonces mandó a sus bestias corruptas a corregir su voluntad. El pueblo de Nimie fue asediado, invadido y dispersado. Las gentes se repartieron por los campos, los bosques y las montañas, siendo presa de los males con los que Persona los había condenado. Al ver que la belleza y el conocimiento de esa maravillosa creación era pervertido y destruido, las voluntades del mundo se reunieron bajo las palabras de la tejedora y reunieron a las gentes dispersas nuevamente en comunidad y las organizaron sobre los valles, el recuerdo de la estrella sobre el azul crepúsculo y las montañas.

Fue sobre los campos de las Cuspias, quienes hacía poco que habían empezado a comer tiempo, que el Pueblo de Nimie se opuso a la voluntad de Persona. Ayudados por las voluntades del mundo, las primeras gentes relegaron a las criaturas pútridas de Persona, y esta voluntad vió sus planes torcidos. Entonces Persona miró de nuevo hacia las regiones sombrías del mundo y se encaminó, pero Taémuna y Tarnimie no se lo permitieron. Tomaron a Persona como prisionero y lo llevaron al viejo salón de Ualpa y ahí lo apresaron con la intención de estudiar su naturaleza y entender sus virtudes. Así la voluntad se redujo a poco más que un pensamiento pesadillesco en la memoria de la tierra entre el cielo y el mar. Nimia recuperó los campos y las cumbres montañosas, y pintó con los colores de la estrella los reflejos de los horizontes. El pueblo de Nimia recuperó sus antiguos prados y se refundó su alianza con las voluntades del mundo y en conmemoración a su propia historia construyeron un puerto que unía la tierra con el cielo y el mar, desde donde podían llegar al horizonte, y en el puerto, alto y firme como la voluntad que los encaminaba hacia ese horizonte, construyeron un gran faro color verde estelar que no alumbraba con luz propia, sino que guardaba la luz de la estrella de Enta para reflejarla hacia la noche sobre la blanca orilla abrazada por el mar. El día en el que el faro reflejó por primera vez la luz de la estrella se estableció como el primer día del primer año del mundo de la gente.

Publicado la semana 2. 10/01/2020
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