10
Alejo Mayurí

Sobre la Creación de Arcoiris, Parte 4

El mundo de la gente había vuelto a cambiar durante esa mañana soplada desde el oeste. Los campos de seda y terrones toscos de piedra dura aguantaron el peso de una batalla que cambiaría el nombre de calles e hijos. Los aliados de cristal había contenido a la gente corrompida por Persona en su intento salvaje por impedir que Ataémo pidiera ayuda a Enta y a las demás voluntades que sobre el mundo proponían sus invenciones, pero el ataque era intenso y desenfrenado y los golpes que las gentes arremetían contra las criaturas las quebraban y fracturaban. Pero mientras los autómatas de cristal resistían los golpes y pedradas, Ataémo se acercaba cada vez más a Naerindil. A través de los yermos que helaban durante la temporada, Ataémo corría ya sin voltear a confirmar la suerte de la batalla. Suerte  que él podía suponer por los destellos azul o verde o violeta que veía de vez en cuando deslizarse sobre el páramo. 

Así corrió durante mucho tiempo mientras el clima, el cansancio y la sensación de persecución le recordaban su condición de mortal, hasta que finalmente cayó. Sus piernas se habían dado por vencidas, pero no los brazos con los que se arrastraba hacia la ya visible Naerindil mientras gritaba el nombre de Nimie y pensaba en los antiguos relatos y en tiempos mejores, tiempos en los que las voluntades del mundo velaban de forma directa por la gente, tiempos en los que Enta y Nimie y las demás no los habían dejado a su suerte, tiempos en los que la corrupción en las gentes era curada por las visiones que en la mente producían las siempre conciliadoras palabras de Kimenta. Estos recuerdos fortalecían sus brazos y alzaban su grito, pero mientras más se esforzaba, menos respondía su cuerpo a su coraje.

Pero fue entonces que, a través de un ventanal que exponía una gran salón abovedado color amanecer, Enta logró distinguir los colores partidos de su estrella danzando en el cielo. Este fenómeno la sorprendió y llamó entonces a las voluntades que con ella se encontraban para que fueran testigo de tan extraño suceso. Entonces, desde el ventanal, las voluntades distinguieron la opaca silueta inserte de Ataémo, lejos sobre el yermo, y más lejos aún divisaron los vapores de una ciudad en ruinas y de unos ideales en decadencia. Juntas fueron al encuentro del caído. Sobre el pasto frío las voluntades se aglomeraron alrededor de Ataémo quien Plácida débil y magullado pero no muerto, mientras un grupo impulsado por Nimie se encaminó al pueblo cubierto por la miseria. Entonces, entre la inconsciencia y el delirio, Ataémo reconoció que había cumplido su misión y contó a Enta y a las demás sobre la venida de Persona y sobre cómo había corrompido a la gente con promesas y virtudes tergiversadas. Mientras Ataémo hablaba, Nimie iba disponiendo a las voluntades en la causa del pueblo y pronto formó una tropa de esperanza y olores frutales y cuando la compañía de Enta volvió, se encargaron de narrar la suerte de la batalla que le había concedido al Pueblo una última oportunidad. Nimie les dijo que la gente se había retirado apenas los divisaron a la distancia y que al llegar notaron que el suelo estaba cubierto de un material que no conocían, según dijo Nimie, era como la arena de las playas, pero de infinitos colores, pues esta arena hacía bailar según sus designios a los colores más inmaculados de la Estrella. Así supo Ataémo el destino último de su máxima creación y les explicó a Enta y a las demás todo acerca de aquellas criaturas, les contó sobre su creación en la colina, sobre las visitas en sus sueños y el castillo negro. Entonces Enta llamó a las voluntades del mundo a recuperar el pueblo de la gente y sanarlo de la perversión de Persona. Y sobre los yermos morados y las madrigueras de las Cuspias, las voluntades del mundo marcharon hacia el pueblo caído, pero cuando por fin llegaron al pueblo encontraron la devastación y la ruina. Entonces, llenas de pena, se apresuraron a encontrar a Persona para confrontar sus actos. Persona había acabado con la guarnición de Taérmin y reía en silencio mientras con su invento de destrucción se encaminaba al Faro de la luz de la Estrella. Reía mientras pensaba en ver caer el símbolo de su fracaso anterior. Fue entonces cuando Nimie saltó frente a él y lo tomó por el cuello, pero Persona era más poderoso ahora y rápidamente se deshizo del ataque de Nimie, quien impactó contra el Faro creando una grieta que lo recorría de arriba a abajo. Persona se precipitó sobre Nimie, pero no llegó a asestar ningun golpe, pues por la espalda fue capturado por Enta, a quien Persona más temía. Entonces todas las voluntades se precipitaron a la lucha, pero he aquí que el ataque de Enta fué contestado con gritos y piedras de protesta, pues la gente se había arremolinado alrededor de ellos y ahora luchan para liberar a su salvador. Nimie y Enta miraron perplejas como la gente de su pueblo se había vuelto en su contra y ahora defendían a quien antiguamente había jurado exterminarlos. La gente finalmente logró apartar a Enta de Persona, quien se escudó detrás de quienes gritaban en contra de las voluntades y rápidamente se encaminaron hacia la salida oriental del pueblo, mientras eran seguidos por Enta, Nimie y las demás, quienes los veían con pena y confusión. La gente nunca dejó de rodear a Persona y nunca dejó de clamar en contra de Enta o de Nimie. Hasta que salieron del pueblo y se alejaron en grupo mientras las voluntades les mundo los veían perderse en un horizonte opaco y rojizo que corrompía las sombras detrás de las colinas. 

Las voluntades del mundo recorrieron el pueblo en ruinas lamentándose por la desolación que veían, hasta que de entre escombros y casas en ruinas salieron las gentes que en ellas aún confiaban. Nimien y las demás fueron bienvenidas nuevamente por la gente que aún confiaba en su criterio, pero eran pocos y se hizo evidente que si no fuera por el esfuerzo y el sacrificio de Ataémo, el pueblo habría alcanzado la ruina total ese mismo día. Los pocos sobrevivientes les contaron sobre el desarrollo de los hechos. Sobre como Persona los corrompió con inventos y sabiduría tergiversada, sobre cómo empezó a influir en las decisiones de la gente en lo que al destino del pueblo se refería y sobre cómo puso a la gente en contra de Enta y las demás. La gente le habló a Nimie sobre Taérmin y sobre cómo había luchado en favor de la gente y de ellas pero que, tras la lucha final, había muerto en defensa de la gente y de las plazas y de los símbolos que se habían construido en memoria de triunfos pasados. Entonces Enta y Nimie bendijeron la memoria de Taérmin y el sacrificio de la creación de Ataémo y elevaron al cielo los restos de las criaturas de cristal que le dieron al mundo de la gente la posibilidad de seguir existiendo, y sobre el pueblo los cristales partieron la luz de la Estrella y cubrieron con ella la ruina que ya había terminado como recordando el día en que el fin tan próximo no llegó y el amanecer sería visto una vez más. Esa fue la primera vez que el arcoíris brilló en el cielo.

Publicado la semana 10. 07/03/2020
Etiquetas
En cualquier momento , pueblo, arcoiris, persona
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
10
Ranking
0 316 1