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Alejo Mayurí

Sobre la Creación de las Estrellas

El mundo era oscuro antes de que Aponea llorara y con su llanto se crearan las primeras estrellas y sobre esa oscuridad se podía ser y también recordar lo que había sido. Los hijos de Aponea y Ualpa eran el tiempo, el espacio y también lo que pasaba entre ellos y del tiempo y el espacio surgieron voluntades que adoptaron nombres en un idioma que ya se ha perdido. Eran Kampo, Enta y Namenta: las primeras voluntades y a estas se les mostró la naturaleza del mundo. En lo más profundo de la oscuridad, Aponea y Ualpa les mostraron entre ellos, les hablaron sobre el espacio y sobre el tiempo y les encomendaron entenderse entre ellos, ya que los tres conocían la naturaleza del mundo, pero este mundo aún era solo oscuridad infinita. Entonces Ualpa, de quien había emergido el espacio y sabía donde seria todo, moldeó el mundo a su alrededor, construyendo un gran salón para que ahí los tres llevaran a cabo sus trabajos, y Aponea, de quien había emergido el tiempo y sabía cuando sería todo, les dijo que de sus trabajos se haría el resto del mundo. Así se dió la creación del mundo y así continúa hasta nuestros días bajo un perpetuo amanecer.

Durante muchas eras las voluntades fueron desarrollando sus virtudes y compartiendolas entre ellas. Pero sucedía que su entendimiento de estas virtudes era distinto para cada una. La gracia de una resultaba absurda para otra y a partir de esas conclusiones moldeaban aparentes soluciones. Con el paso de las edades Enta creo el silencio y Namenta la alegría, que mostró a Enta, quien la entendió y moldeó a su gusto para crear el placer. Pero pasaba que Kampo no comprendía los trabajos de los demás. Se maravillaba de sus propias obras más que de las de sus hermanas y se negaba a mezclar sus trabajos con los de ellas alegando que solo empobrecerían sus logros, pero exigía que Enta y Namenta usaran sus obras solo para despreciar el resultado después. En soledad, Kampo creó la ira, la codicia y la pena y de sus resultados extraía sus conclusiones. Pero su aprendizaje era lento pues Enta y Namenta se complementaban entre ellas para progresar más rápido y cuando sus obras alcanzaron una complejidad mayor, Kampo empezó a envidiarlas. Fue entonces cuando Aponea lo llamó para advertirle que no se desviara de su misión y le contó sobre lo que se estaba preparando. Le dijo que de tiempo y espacio emergerían nuevas voluntades y que estas tendrían las virtudes que ellos tres estaban desarrollando. Entonces Kampo sintió el deseo de que en esas nuevas voluntades primaran sus ideas. Era Ualpa a quien Kampo más admiraba, pues en su naturaleza estaba impresa la sabiduría del espacio y los dones del entendimiento de los lugares y las cuestiones más profundas, Kampo lo pensaba siempre y quería maravillarlo con sus logros y, cuando volvió al gran salón y vió que sus hermanas no se encontraban ahí, en secreto tomó sus trabajos y los estudió con el propósito de desgarrarlos y hacerlos suyos. Así empezó Kampo su obra más importante. En secreto Kampo tomó la ira, la codicia, la pena y les dió formas reales, desgarró la alegría y el placer para unirlos con la desidia y la envidia. La serenidad de Enta y la belleza de Namenta fueron cubiertas con la miseria y la desesperación y de lo heterogéneo nació la forma. La obra de Kampo era blanda, lisa al tacto y sus colores prometían tonos nuevos bajo el manto de oscuridad que aun cubría al mundo entero. Pero era aún inconexo entre sus partes. Kampo no había alcanzado la perfección que buscaba en un principio así que decidió pedir consejo a Ualpa con la intención de encontrar una solución que lo maravillase. Pero cuando llegó donde Ualpa vió que éste estaba reunido con Enta y Namenta y vió también lo que estas le habían llevado. Frente a Ualpa había un espacio de mundo distinto, aquello no era un concepto, aquello era una verdad en el mundo. Un pedazo de mundo no ocupado por la oscuridad, protegido de lo ajeno, restringido para poder estudiarlo. Aquello tenía una naturaleza que Kampo nunca había concebido. Ese espacio donde no había oscuridad manifestaba colores, manifestaba movimiento. Enta y Namenta habían creado la luz sobre la oscuridad del mundo y Kampo sintió envidia pues aquel invento recibió la bendición de Ualpa, quien llamó a Aponea para maravillarse ambos de esa creación. En ese momento Kampo sintió la necesidad de hacer suya esa luz y de mezclarla con su propia creación. Mientras todos se maravillaban de la nueva luz, Kampo volvió al salón, tomó su creación y se la llevó lejos de los rincones conocidos del mundo. Allí la escondió. Cuando volvió notó que solo estaba Aponea en el salon. Ella sostenía la luz con una mano. Su mirada estaba fija en la luz y solo esa vez se pudieron ver los colores de su rostro. Kampo vio en sus ojos la comprensión de sus propios deseos, entonces se abalanzó sobre Aponea. Con una mano luchaba por arrebatarle la luz y con la otra la ahorcaba hasta que finalmente Aponea dejó de luchar y cayó. Kampo alzó la luz robada e iluminó el rostro de Aponea y vió que sus ojos lo miraban con su propia pena, entonces de los ojos de Aponea nacieron dos lágrimas y una de ellas se deslizó por el salón y salió a la oscuridad del mundo, recorrió el espacio vacío y se deslizó por las colinas intemporales hasta llegar a los pies de Enta, quien supo entonces lo que había pasado. Kampo huyó con la luz pero en el camino le ardieron las manos produciendo un dolor que nunca desapareció. Cuando finalmente llegó donde estaba su creación, la luz ardía tanto que la dejó caer y por un minusculo momento pudo iluminar su obra, mostrando los colores pardos y las texturas corrompidas. Kampo preparó sus artilugios para finalmente terminar con su obra máxima, pero no pudo torcer ni corromper la luz así que la forzó para que encaje con su invento, pero la luz reaccionaba mal a los designios de Kampo. Desesperado, maldijo a sus hermanas y maldijo a Aponea y comenzó a gritar de agonía mientras forzaba cada vez más la luz, hasta que finalmente empezó a resquebrajar el espacio que la contenía. En ese momento sintió miedo y se alejó, pero el espacio que contenía la luz era ahora débil y poco a poco la luz empezaba a difuminarse en la oscuridad. Entonces Kampo tomó la luz y el dolor fue superior a todo otro mal anterior. Presionó la luz contra su creación con tanta fuerza que el espacio se partió y la luz fue libre de restricciones. Kampo pudo ver entonces de qué estaba hecha. Vió que en esa luz estaban presentes las obras de Enta y Namenta y también sus obras, pero acomodadas de una manera sutil, con maestría y absoluto entendimiento. Era lo que él quería haber hecho, pero no habia sido capaz de conseguirlo. Entonces Kampo tomó los trozos de luz que se correspondían con sus propios inventos y dejó que el resto se fuera, así pudo finalmente terminar su obra y la llamó Persona.

Cuando Enta volvió al salón vio a Aponea inerte en el suelo y se arrodillo junto a ella para contemplarla. De aquella visión crearía la añoranza, pero antes vio que al lado del rostro de Aponea estaba la otra lágrima. Ésta brillaba con colores intensos, con rojos de fuego y azules crepusculares y blancos que crean leyendas. Enta la tomó y vio que parte de la luz que habia huido de Kampo se había fusionado con la lágrima brillante. Enta tomó lágrima y en ella fundió sus dones, dándole forma y tamaño y la usó para apartar la oscuridad del mundo. En ese momento Enta creó la primera de las estrellas.

Publicado la semana 1. 02/01/2020
Etiquetas
Shore , sueños , En cualquier momento , luz
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