08
Akira

Tres flipados.

—Häinz, ¿estás segura de que es por aquí? –preguntó Wright, con desconfianza, caminando detrás de mí. 

—Por supuesto. Hazme caso, sé dónde voy... –respondí, como si fuese algo de lo más evidente, sin dejar de caminar. Acabábamos de atravesar un bosque lleno de obstáculos para llegar hasta aquella cueva. Una vieja bruja nos había dado las indicaciones necesarias: “está a unos cincuenta minutos, si seguís recto y después rodeáis la plaza del fondo podréis verlo. Pero no sé si podréis pasar, está...”. No pudo decir nada más, ya que salimos corriendo tras darle las gracias, y después de un largo camino, llegamos al lugar. 

Ante nosotros teníamos una enorme y mágica estancia en cuyo centro había un gran lago. El agua danzaba con elegancia creando figuras de luz en su superficie. Un resplandor azulado que provenía del fondo y que se reflejaba en el techo de la sala con la forma del agua me hipnotizó por un momento, pero logré recomponerme rápidamente. “Espíritus…” pensé, y aún más atenta a mi alrededor, alcé la antorcha y el agua reflejó la luz, indicándonos el camino que debíamos seguir y a dónde debíamos llegar: al otro lado del lago.  

    —Cuidado, podría haber alg… –no le dio tiempo a terminar la frase. Schorder dio un par de pasos para acercarse al borde del lago y cayó al agua. Por suerte, aterrizó en una zona poco profunda y pudo ponerse en pie. Solo le llegaba hasta la cintura. 

El chapoteo y la luz de mi antorcha hicieron agitarse el agua de forma que las sombras del fondo comenzaron a moverse, y aquello nos hizo decidirnos a cruzar lo más rápido posible.

    —Vámonos, vámonos... –susurré para mí misma y, sin pensármelo dos veces, salté del borde, con cuidado de que la antorcha no cayera al agua. Después comencé a avanzar detrás de Schorder. Wright, resignado y sin mucho ánimo, nos siguió. 

Dejamos atrás la mitad de la distancia que nos separaba de nuestro destino cuando oímos un ruido a nuestra derecha, que provenía de la parte profunda del lago. Nos giramos para verlo y oímos unos gruñidos. Una luz cegadora apareció de pronto en el centro de una enorme roca junto al lago, y de él salieron dos figuras: una era una silueta alta y de forma humanoide, y la otra la de un pequeño caballo blanquecino, que parecía hecho de agua. 

—¡Un kelpie! –exclamó Schorder señalando al caballo, el cual comenzó a trotar hacia nosotros. La figura humanoide no se quedó atrás, mientras pronunciaba algo en un idioma que no comprendimos, seco y violento. 

Terminamos de cruzar el lago cuando estaban a apenas unos metros de nosotros, saltamos como pudimos al borde y comenzamos a correr como posesos.

 

Al salir de la cueva, tuvimos que saltar de nuevo una pequeña barrera que rodeaba el monte en el cual se encontraba la cueva. Al otro lado, el bosque nos esperaba, oscuro y misterioso, con a saber cuántos peligros en su interior. Pero eso nos importaba poco. Avanzamos a ciegas, corriendo, cayéndonos y levantándonos varias veces por el camino, chocando con enredaderas y ramas que parecían moverse por propia voluntad, y llegamos hasta una pequeña cabaña que, por las luces encendidas en su interior, supuse que estaría ocupada. Nos acercamos para escondernos y recuperar el aliento, pero quien abrió la puerta fue un ser oscuro, con un traje negro y una daga en su cinturón. Unos gruñidos salieron de uno de sus hombros, y escuchamos más pasos. Retrocedimos al unísono cuando otros dos como él aparecieron a su espalda, y salimos corriendo. Ellos nos imitaron, y tras apenas cinco segundos de carrera, alcanzaron a Wright y lo derribaron. 

     —¡Seguid sin mí! ¡Salvaos vosotros! –No hizo falta que lo repitiera. Seguimos corriendo sin parar, hasta que oí algo caer a mi espalda. Schorder estaba tirado en el suelo, agarrándose una pierna. Casi me paré para ayudarle, pero vi que aún nos seguían dos, así que decidí seguir corriendo y huir de ahí. Sin embargo, no llegué muy lejos. Sentí un fuerte golpe en mi cabeza, y todo se volvió negro.

 

    —Que no me acuerdo de nada más, de verdad... –Aunque lejana, oí la voz de Wright. Otra voz que no reconocí dijeron algo más. 

—Bueno. En resumen… Alcohol, setas y tres frikis jugando a ser exploradores. Os habéis colado en un polideportivo cerrado a las tres de la madrugada y le habéis partido un par de costillas a uno de los seguratas de la urbanización…  

—Despierta, subnormal. –Schorder me dio una colleja al notar que me había despertado, con su característica y peculiar amabilidad. Del golpe, abrí los ojos y fui a responder, pero no logré pronunciar palabra al ver dónde estaba. Una comisaría. Dos policías. Un segurata. Un perro blanco. Nosotros tres con aspecto de zombie recién salido de la tumba. 

 

Después de una larga charla con los municipales del pueblo, una buena multa y tras contarme que me había chocado con un árbol por correr mirando hacia atrás, los tres flipados volvimos cada uno a nuestra casa y reflexionamos sobre lo que había pasado. 

Y recordad, niños. Las drogas son malas. 

 

Publicado la semana 8. 17/02/2020
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rocky, Dos tontos muy tontos , Los compis del cole tienen que cambiar de camello , Si lo lees, muchas gracias..., En cualquier segundo, Hoy, para higiene mental, Cuando estes colmando la paciencia de un prestador de servicios, aburrido , yonki, aburrimiento, random, no sé qué es esto
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