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Agonista

13 de marzo, 2019

13/3/19

Querid- amig-,

A veces siento que estoy solo. Como si fuese la última persona sobre la faz de la Tierra. Como si todas las personas con las que me cruzo fuesen figmentos de mi imaginación; un reflejo de mí, como yo soy reflejo de ellos. Estoy atrapado en el cartucho de tinta del lapicero.

Hay momentos en los que no estoy seguro si desperté en el piso de aquel baño o, si sigo allí esfumándome. Siento una migraña oprimiendo mi cabeza, no sé qué tomar para reducir el dolor, no sé qué hacer para reducir el cansancio; necesito fuerza existencial para lidiar conmigo mismo y con mis días. Me siento como un prisionero y mi condena se extiende cada vez que parece estar a punto de acabar; extraño vivir, extraño mi vida.

Quisiera decir que tan sólo es pereza existencial, pero, no es como antes. Antes cada una de mis acciones pesaban con la carga de quién podía ser, era como si cada movimiento acarrease el potencial de todas las otras cosas que podría hacer y no tenía ganas de soportar ese peso, no sentía que tuviese la fuerza. Era más fácil dejar que mi propio peso me enterrase, mi tumba se cavaría sola. Pero, ahora siento que ese peso es soportable creo que porque ahora tengo algo a lo que esperar; deseando que llegue el día.

Supongo que eso es vivir con significado o con esencia. No sé si se consideraría Mala Fe, no niego que soy yo el que le ha concedido importancia pero últimamente se siente como el único motivo de mi existencia, y ¿cómo una existencia absurda afecta la realidad? Si yo he creado este mundo, como tantos otros, mis acciones son el resultado de mí mismo. Cada persona es una parte de mí. Si fuese Sísifo la piedra sería yo y estaría empujándome a mí mismo colina arriba, sólo para rodar una y otra vez hasta volver al inicio. ¿Bastaría con aceptar que Sísifo es feliz en esta tarea absurda ante la proposición que él también es la piedra? ¿Acaso no sería descuidar parte de mi ser y dejar que el mundo arda mientras me distraigo en las constelaciones del optimismo?

Necesito ayuda, pero nunca he sabido cómo pedirla. He fallado demasiadas veces y no sé cómo continuar. Las columnas de mi panteón nunca han sido fiables, o por lo menos he tenido mis motivos para dudar de su capacidad estructural; incluso mi columna vertebral me ha fallado en ocaciones.
 
Supongo que siempre he sentido que me falta soporte. A cada ladrillo que pongo tengo que probar su estabilidad, y a cada ladrillo que ponen tengo que repetir las pruebas; no puedo confiar ni en mí mismo: ya hubiese muerto. Creo que busco lealtad, alguien que me ayude a mantener el rumbo cuando hasta yo olvide mi nombre. Mientras tanto seguiré siendo la nota al pie en la vida de los que me cruzo.

 

Sinceramente tuyo,

Publicado la semana 46. 14/11/2020
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Género
No ficción
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I
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