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Agonista

9 de marzo, 2019

9/3/19

Tú, quién me lee,

Querid-amig-,

Estoy perdido. Mis días han empezado a sangrar uno al otro, como un río fluyendo hacia un océano que no se llena. La simetría es desastrosa, destructiva incluso.

Siento un pesar que no puedo explicar, aborrezco la incesante sensación que tengo que escribir algo... o a alguien. Las palabras están reprimidas, represadas en algún lugar subyacente a mí, pero no las encuentro y no sé que debo hacer. Da igual lo que diga, eso no es lo que debo decir, las palabras siempre son tangenciales al mensaje que discurre en el discurso de mi voz, de mis letras. Estoy jugando adivinanzas conmigo mismo.

Mis pestañas se han vuelto una suerte de prisión. He perdido control sobre mi cuerpo, y mis pensamientos son extraños desconocidos que pasan por la calle viéndome con rareza. Mis vicios deambulan con paciencia por mis venas, y mis arterias cargan más carbón que oxígeno. Temo no saber dónde acabó y dónde empieza la oscuridad.

Últimamente me hallo pensando, con pesar, en el influjo de la biología sobre nuestras acciones. El debate de la libertad y el determinismo me ha interesado y, en momentos, me ha ahogado, ¿Que están libres somos si nuestros cerebros toman decisiones sin nuestro consentimiento? A pesar de eso, existe, incluso si es tan sólo una ilusión, algún tipo de libre albedrío; pienso, siento o quiero creer. En ocasiones me hallaba mí mismo al borde del abismo, la tentación del placer y la autodestrucción corre por la sangre de mi familia, y me temo que la muerte y la melancolía han acosado a algunos otros.

Estoy divagando. Esroy perdido entre ideas que no consigo discernir. He estado pensando hasta el cansancio, mi cordura se me escapa. Me he estado restringiendo, no quiero abrir la boca, no sé qué palabras podría pronunciar, no sé que acabaría diciendo.

Los últimos días he estado insomne hasta el tercer whisky. En estupor hasta después de fumar. Siento que el tiempo se mueve demasiado lento. Siempre he apreciado la soledad pero en ocasiones se convierte en un calvario. He estado escuchando susurros cuya fuente elude mis intentos de aprehensión.

No estoy seguro de si la pomposidad de mis palabras es natural o forzada. Las oraciones me llegan como un tren que pasa, yo estoy en la plataforma tratando de calcar las cosas escritas en el costado, tengo segundos para escribir aquello que llevo toda la vida construyendo. 

Usualmente al escribir la sangre mana hasta el lapicero con naturalidad, pero, creo que, en esta cuestión, he vuelto a apuñalarme repetidas veces sólo para tener una gota de sangre aquí y allá.

No sé cuál es el fin de esta carta, no sé si tuvo un inicio un cuerpo pero hubo un intento. 

 

Tu humilde sirviente,

 

 

P. D. Pienso en Platón o Aristóteles, he olvidado los Clásicos, pues veo una mala copia de las ideas de mi mente. 

 

Le rogué a Dios que destruyese mi alma y llegaste tú.

Publicado la semana 44. 01/11/2020
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