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Agonista

Quisiera

Paso a paso nos descongojamos,
dispersamos las penumbras conociendo la lucha en nuestras lunas,
pasamos tiempo frente a un papel,
viendo a otra pared,
misma perspectiva, diferente cuadro.

Ofrecemos palabras que nunca recibimos,
esperábamos recibir algo... sin pedir...
vivimos en silencio, por hábito, por supervivencia,
nuestras palabras fueron desestimadas,
quemadas con el ácido escupían en nuestros ojos,
las lágrimas se tornaron cal,
la saliva cáustica defensa en la lluvia del alma,
metamorfosis de víctima a victimario...

Quise dormir y no despertar,
quise despintar mis ojos y besar el fuego,
quise dejar de sentir y ahogarme con el peso de ser,
quise sentir que ser no era algo ligero, pasajero,
quise ser inmortal y morir, 
quise no querer, quise desconectar
quise negar la sangre que mi corazón bombea,
quise buscar razones para el odio que me besaba buenas noches...

Vivir se convirtió en un tapiz, puntada a puntada,
cada hilo se volvió en una vivencia, un día,
un momento, una hora, un segundo...
poco a poco las figuras de ángeles y demonios
se convirtieron en hilachas;
sacrifiqué tiempo para estudiar los detalles del tapiz,
me ahorré saliva y, lupa en mano, hice nuevas cáusticas,
quemando sobrantes de mí,
corrigiendo mis suturas,
aceptando los hilos mal puestos,
progresando en mi técnica,
sin buscar la perfección exigida en tanta ocasión,
viendo lo peculiar en los brochazos mal dados,
valiéndome más en mi caligrafía que en mis pesares...

Quisiera saber quién soy, dónde estoy,
visitaciones de conversaciones rotas,
una imposición constante de ideas exógenas,
crianza de cuervos, relaciones inconectables;
una invasión sempiterna de ideas endógenas,
demonios de medianoches, sadismo desenfrenado.
Quisiera saber quién he sido,
he llevado una máscara en tantos momentos,
¿Qué pasa si no reconozco el rostro en el espejo?
¿Qué cuentan las arrugas, las ojeras, las cicatrices?
Mi cuerpo que me ha traído hasta aquí,
¿Acaso podría sentirlo en la oscuridad de mi espíritu?
¿Acaso puedo cuidarlo?
Lo he llenado de tantas cosas, los excesos me han desbordado,
me he descontenido a mí mismo llenándome de basura,
he hecho espacio en mí tirando mi corazón al incinerador.
He buscado amistad en amores fallidos,
he amado en amistades desiguales,
he fallado como amigo, como hermano, como hijo,
he sido incompetente, desahuciado, desalmado...
 

Quisiera, saber qué debo hacer...
recuerdo esperar una repuesta de todo el mundo...
aún me pregunto si le estaba gritando a un cielo vacío...
recuerdo la desesperación de desconocer las respuestas a tantas preguntas,
y recuerdo parar, verme a mí mismo,
yo en todos mis tiempos,
frente a un bosque perdido, ahogado por los incendios de mis pulmones,
recuerdo sentarme a hablar conmigo mismo;
recuerdo perdonarme por tanto, y por tan poco...
recuerdo sentarme a ver las estrellas,
al borde de la brisa,
recuerdo... intentar responder las preguntas mías
con la sinceridad que nunca me permití,
esa honestidad que me era castigada con martillos,
recuerdo salir a buscar truenos con el sabor de un café negro en mi paladar,
Me recuerdo aprendiendo a amar los relámpagos que iluminaban mis noches.

Publicado la semana 22. 31/05/2020
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