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Agonista

Jamais vu

La vida me dio retazos
y retamientos de andar en harapos;
Acabé convertido en el guardián del faro.

He refunfuñado y he hecho pucheros,
Me quedé en el bosque de mi sed
Perdido en el barro,
Viviendo del frío y temiendo a la brisa.
He llorado y he dormido mis sueños,
 Y viviendo mis pesadillas
Aprendí a entretenerme con el cielo nocturno,
Me bañe desnudo con la luna como compañía,
Dibuje mis propias constelaciones,
Me tracé mi propio Norte
Salté de polo a polo sin Polaris.
Recorrí el mundo con vendas en mis ojos y en mis manos
Con una brújula que no marcaba rumbo
Llegué a la cima de alguna montaña,
En algún lugar de este mundo o del otro,
Me destapé los ojos para ver un último atardecer;
La sangre cubría mis manos y mi cuerpo se rindió.

El crepitar de un fuego lento me despertó,
Una figura cubierta en una túnica límpida y cansina
Estaba moviendo las ascuas,
Su rostro era bello y joven
Pero sus ojos contaban eones para conciliar el sueño,
Su sonrisa era taimada:
“Esa no es la pregunta”, musitó.
Su voz resonó en mi cabeza familiar
Pero la pregunta se deshizo en mi migraña.
La sangre en mí se había secado,
“El río está colina abajo” me indicó
“El fuego es joven y tú también”.
El dolor que recorrió mi cuerpo se hizo polvo,
Caminé sintiendo el peso de mis pasos,
El césped acariciaba mis pies descalzos
Hasta que el agua fría lanzó una corriente por todo mi cuerpo,
Me sumergí desbaratado;
Remendado con hilos y agujas oxidadas,
Con grapas desfiguradas y cintas desgajadas

El polvo se volvió lodo ante mis ojos,
y la corriente no descansaba
y lo limpió todo y siguió cristalina.
La sangre se descascaró pieza a pieza,
y mis pecados se llevaron mis enmendaduras
El agua cristalina, y mis manos aún carmesíes.
Mi piel dejó mi cuerpo, y mis músculos,
y mis nervios, y mis huesos;
Dejé de ser y luego desperté.

La colina se levantaba ante mí, expectante;
Me esperaban.
Subí contando los pasos instintivamente,
Una supernova alumbraba el espacio...
El fuego seguía igual,
La figura me servía una taza,
"Un brebaje para el alma", me ofreció...
La noche se hizo larga,
Conversamos hasta la desexistencia;
Hasta que Morfeo me susurró.

"¿Cuál es el costo de un sueño?"
"Depende del valor de soñar,
en el Infierno es la cárcel de aquellos allí atrapados,
en el Paraíso es la liberación de la simetría,
para los que divagan por el mundo,
es la condensación de sus días, de sus momentos.
Son las historias de otro universo,
el despertar en otro mundo, mientras se duerme en este."
"¿Qué es soñar?"
"A veces, creo que no sé la respuesta a esa pregunta"
"Entonces duerme, o despierta,
quizá cuando nos volvamos a ver lo sepas"
"Volvamos... ¿Cuántas veces nos hemos encontrado?"
"Esa no es la pregunta".
La pesadez me acunó y cerré mis ojos,
Para despertar bajo el cielo oscuro;
No quedaba fuego, ni ascuas, ni cenizas,
Los fantasmas del cielo se habían ido.

La túnica de aquella figura
ahora estaba habitada por polvo de huesos,
Deshecha.
El desconcierto hizo fiesta en mis oídos,
Mientras el firmamento no tenía audiencia,
Pasé un eón recorriendo aquella isla que ahora moraba,
Viví una vida sin visitas de Morfeo,
Construí una torre y luego un faro,
Me encargué de ver al mar
mientras construía un barco,
Pretendía zarpar en cualquier dirección.
En una ola de aquelarre llegó una brújula a la costa,
rota.
Trece fogatas más tarde estaba listo para lanzarme
al mar que arreciaba, 
Cuando los restos de otro navío
se dibujaron en la vasta arena,
Recorrí la costa buscando algo más.
Encontré a alguien inconsciente,
Al otro lado de la isla.
Sus ropas,
harapos,
En su mano una brújula
Indicando una dirección familiar,
y entonces entendí,
No era mi lugar despertarle.
Me fui y le dejé la brújula rota,
Instintivamente supe cuantos pasos para llegar,
Mi barco sería bautizado antes de perderse en el horizonte;
"Déjà vu" susurró la brisa del mar.

Publicado la semana 14. 03/04/2020
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